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Drogas y diferencias de género


Hoy, 26 de junio, es el día internacional de la lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas; ocasión oportuna para hacer algunas reflexiones sobre este grave problema mundial. Y es que en ese llamado “mundo oscuro de la droga”, hay un punto de oscuridad en el que casi nadie repara: el de las mujeres adictas.
La droga está definida como una sustancia con efectos sobre el sistema nervioso central que crea adicción. La adicción es una forma grave de dependencia, la necesidad imperiosa de consumir droga regularmente, no teniendo capacidad de moderar el consumo o suprimirlo, la que viene determinada por fenómenos psíquicos y físicos.
Diversos estudios realizados en el mundo, han demostrado el aumento del uso de sustancias adictivas (cocaína, anfetaminas y éxtasis) en las mujeres, en especial entre las adolescentes y jóvenes.
Sugieren además los estudios que aún después del uso experimental de drogas, la mujer presenta una disposición mayor que el hombre a desarrollar adicción, al plantearse que los niveles más altos de estrógeno en la mujer, pueden tener como resultado, una conducta que se caracteriza por la búsqueda más intensa de cocaína, haciendo más fácil el desarrollo de su adicción y más difícil el abandono de la misma.
También revelan los análisis que la cocaína limita los vasos sanguíneos en los hombres, pero no en las mujeres durante la primera parte del ciclo menstrual, cuando los niveles de estrógeno son más elevados. Esto sugiere que el estrógeno protege a la mujer contra los efectos vasoconstrictores de la cocaína, pero la estimulan a usar dosis mayores que los hombres en el caso de la autoadministración intranasal, o que pasen a rutas más adictivas y agresivas como la intravenosa.
Otras de las diferencias de género encontradas, en adictos/as a cocaína, se hace notable en el caso de las mujeres, mayor condicionamiento a estímulos asociados a consumo, mayor sintomatología depresiva y una mayor severidad en problemas sociofamiliares.
Es frecuente encontrar a mujeres no consumidoras que permanecen al lado de su pareja toxicómana durante años, soportando malos tratos, doble jornada, haciendo de enfermeras, además de un largo etcétera. Si la mujer decide poner una fecha para una separación que le permita una vida mejor, no encuentra apoyo familiar y se la acusa de ser cruel con un enfermo. La presión social sobre la mujer es tan fuerte que la hace quedarse a seguir soportando. No sucede lo mismo en el caso inverso: un hombre no consumidor no permanece junto a su pareja adicta, la abandona inmediatamente y su decisión es respaldada por el entorno familiar.
Las causas de acceso a las drogas pueden ser parecidas, pero no son las mismas. En general, los problemas de los hombres son diferentes a los de las mujeres, como son diferentes sus formas de acceso a la droga y las consecuencias físicas, psíquicas y sociales del consumo. Ellas pasan por situaciones más duras: maltratos y abuso sexual, prostitución, violaciones, engaños, embarazos con posible pérdida de hijos y abandono familiar. Por otra parte, ellas tienen mayor precariedad económica, menos oportunidades de trabajo y la sociedad las culpabiliza. La realidad se resume en que las mujeres, están más estigmatizadas, sufren mayor rechazo familiar, su visión de sí mismas es más negativa, su vulnerabilidad hacia enfermedades asociadas al consumo es más alta y su perfil, a la hora de establecer terapias y tratamientos, necesita un abordaje específico; es decir, de género.
Estas diferencias encontradas de la dependencia en las mujeres con respecto a los hombres, justifican sin lugar a dudas, la necesidad de diseñar programas específicos en los que se tengan en cuenta estos factores, ya que los actuales programas han sido diseñados con un perfil tradicionalmente masculino. Se plantea la necesidad de que los programas para mujeres adictas, para que tengan éxito deben tener unas características específicas, dado que el mecanismo adictivo en las mujeres difiere con respecto a los hombres tanto en los procesos de inicio como en el mantenimiento y en el abandono de las drogas.
Otro aspecto fundamental que revelan las diferentes investigaciones hechas sobre la adicción a cocaína, es que las mujeres cuando logran acceder a tratamiento, están más motivadas para cambiar que los hombres y se comprometen más firmemente con los tratamientos, especialmente si los programas de tratamiento ofrecen servicios integrales para satisfacer sus necesidades fundamentales.
Hace falta que el Estado promueva una política preventiva desde una perspectiva de género.
La historia de las personas adictas no es dorada, la mayoría de ellas deambulan por una realidad oscura y opaca, pero es triste comprobar que en el centro de esa realidad, como personajes de segundo orden, están las mujeres; en el rincón más oscuro, componiendo las páginas rugosas de las historias más desdichadas.

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