Drogas y sobornos
Los tentáculos del narcotráfico son como los del pulpo. Penetran todas las capas sociales y, por regla general, cuando se trata de grandes embarques, difícilmente logran salida, y más difícilmente aún su entrada al lugar de su destino si no tienen el apoyo de altas autoridades.
Hace algunos años en el Senado estadounidense se hizo comparecer a un individuo que purgaba 46 años de condena, y quien fue sorprendido antes del despegue de un avión en Miami al que había logrado introducir como pasajero, cinco millones de dólares producto del tráfico de cocaína. En el interrogatorio reveló lo que mencionamos: que los grandes cargamentos son difíciles de introducir si no se cuenta con la colaboración de las autoridades. Preguntado sobre cuánto se pagaba en sobornos, contestó que dependía de cuán eficaz pudiera ser la ayuda del funcionario y su rango.
Desde hace mucho se ha considerado que el rango debe ser estimado para la aplicación del castigo al delincuente. Compartimos la idea. Cuando una autoridad en el país resulta envuelta en un delito grave como el del narcotráfico, merece ser sancionada con especial rigor. No es un delincuente cualquiera, sino alguien que, conforme a la Constitución, debía proteger la vida, honra y bienes de los demás, pero, a pesar de ello, delinquió contra la salud pública.