Duelo en Marruecos
Para valorizar la significación histórica de la muerte del rey Hassan II de Marruecos es menester que nos apoyemos en hechos geopolíticos puntuales. Jaqueado por regímenes extremistas como el de Libia, ejecutor de abominables actos de terrorismo internacional y de gobiernos marxistas- leninistas como el de la Argelia de la época de Boumedienne; Hassan II soportó con mano firme la ola sediciosa que hervía en el Magreb, impidiendo que la doble peste de la subversión xenofóbica y el fanatismo islámico infestara la atmósfera política de Marruecos .
Hassan II jugó un rol protagónico como mediador entre musulmanes y judíos en momentos en que el Medio Oriente era un polvorín al rojo vivo. Pero no fue un simple mediador oficioso. Predicó con el ejemplo, construyendo paulatinamente una monarquía constitucional en la que los partidos políticos tuvieron espacio parlamentario. Lo demuestra elocuentemente el hecho de que el actual primer ministro marroquí y su brazo derecho político sea un prominente dirigente socialista. Así logró combinar en dosis equilibradas monarquía y república, tradición y modernidad, defensa del legado ancestral árabe y apertura a los países desarrollados de Occidente.
Ese rol de difícil equilibrio caracterizó los 38 años de su reinado, desde que tomó el poder a la muerte de su padre Mohammed V y convirtió a Marruecos , una colonia francesa hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, en un país soberano respetado en el mundo.
El nuevo rey Mohammed VI recibe un legado político para el cual su padre le preparó minuciosa y severamente, con el estoicismo de los reyes alauitas. La presencia de Arafat y Barak, Clinton y Chirac , Juan Carlos de España y dirigentes del Frente Polisario marcan cuánto se espera de Mohammed VI y cuánto aprecio generó su llorado padre, aún entre recalcitrantes enemigos.
Hassan II jugó un rol protagónico como mediador entre musulmanes y judíos en momentos en que el Medio Oriente era un polvorín al rojo vivo. Pero no fue un simple mediador oficioso. Predicó con el ejemplo, construyendo paulatinamente una monarquía constitucional en la que los partidos políticos tuvieron espacio parlamentario. Lo demuestra elocuentemente el hecho de que el actual primer ministro marroquí y su brazo derecho político sea un prominente dirigente socialista. Así logró combinar en dosis equilibradas monarquía y república, tradición y modernidad, defensa del legado ancestral árabe y apertura a los países desarrollados de Occidente.
Ese rol de difícil equilibrio caracterizó los 38 años de su reinado, desde que tomó el poder a la muerte de su padre Mohammed V y convirtió a Marruecos , una colonia francesa hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, en un país soberano respetado en el mundo.
El nuevo rey Mohammed VI recibe un legado político para el cual su padre le preparó minuciosa y severamente, con el estoicismo de los reyes alauitas. La presencia de Arafat y Barak, Clinton y Chirac , Juan Carlos de España y dirigentes del Frente Polisario marcan cuánto se espera de Mohammed VI y cuánto aprecio generó su llorado padre, aún entre recalcitrantes enemigos.