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Dúo problemático: Canal y Caja de Seguro Social


Después de la problemática relativa a la reversión del Canal y de la zona circundante, opinamos que la referente a la Caja de Seguro Social le sigue en importancia, si pensamos en el orden de prioridad que merecen los problemas panameños. Ningún país del mundo, exceptuando a Panamá, ha recibido, como un maná del cielo, un patrimonio económico semejante al complejo de tierras, bienes inmuebles y vía interoceánica, que vino a manos panameñas a partir del último día de 1999: El Canal y su Zona. Estimaciones muy aproximadas, procedentes de expertos en la valorización respectiva, calcularon la parte de tierras y edificaciones en cerca de 60 mil millones de dólares, y en nueve mil millones el precio del Canal. ¿Qué decidimos los panameños hacer con ese inmenso emporio económico, sin precedentes en la historia económica mundial? Partirlo en dos tajadas: las tierras y edificios por un lado, y por el otro, el Canal. A nadie se le ocurrió detenerse a pensar con sensatez en que ese patrimonio podía y debía servirnos de base para que planificáramos una utilización del mismo que lo convierte en fuente de posibles abultados ingresos, para que los pusiéramos al servicio de la solución también planificada, de los problemas nacionales.
Pero lo que se nos ocurrió fue crear la ARI para que esas tierras y edificios fueran vendidos al mejor postor (sin duda que sería el capital internacional), con el fin de que su explotación produjera riquezas que emigrarían al extranjero, dejándonos, comparativamente, una reducida cuota de coimas y derechos de uso, ya que caímos en el gran hallazgo de concebir la ARI como una especie de compañía vendedora de bienes raíces, hasta cuando los vendiéramos todos, y nada más.
Con el Canal sucedió otro tanto: Aprobamos un título constitucional de lo más disparatado que pudo darse, que creó una Institución Autónoma, muy igual a las acostumbradas y falsas "instituciones autónomas nacionales" (la Autoridad del Canal, ACP), dejando en manos de la sabia politiquería criolla (léase Organos Ejecutivo y Legislativo), el nombramiento de su flamante Junta Directiva, que se integraría con gente muy experta en comercio internacional y alta administración de una posible empresa, que por disponer del estratégico paso mundial canalero, bien podría estructurar uno o varios organismos que no se limitaran a "manejar" el Canal, sino a ello y a formar un gran centro de producción de numerosas mercancías para el resto del mundo. La tesis fue la de que el Canal panameño debía ser una especie de continuación del Canal norteamericano, creado como asiento estratégico - militar, que al mismo tiempo le sirviera de tránsito a muy bajos peajes a la industria norteamericana y avanzada del control militar en benficio de los intereses imperiales de USA.
Hoy día, los puertos que controlan el Canal (Balboa y Cristóbal) fueron subastados al capital extranjero, como si estas instalaciones portuarias tenían el único destino de emplearse en beneficio de grandes empresas multinacionales, para que exploten tal riqueza panameña, remitan sus fabulosas ganancias al extranjero; y nosotros, el país propietario y ribereño, nos quedamos con los réditos de desechos y contaminaciones que dejan las señaladas empresas foráneas. Y ahora que comienzan las decisiones sobre la expansión del Canal, surge la tesis "jurídica" de que no se debe ni se puede reformar ese bárbaro título constitucional, porque el mismo ha plasmado un régimen "supranacional" intocable. ¿Y cómo pudimos aprobar sin participación de nadie, nuestro título? Ahora ya no es nuestro, sino "supranacional" y, por tanto, ajeno.
Mientras tanto, no sabemos qué hacer con el medio millón de panameños que es víctima de la pobreza física y del hambre diaria física, ni con la superior cifra de casi un millón de nacionales que vive en mediana pobreza, porque sólo come una o dos veces al día. Como citábamos hace poco en anterior artículo el refrán del Quijote: "Cosas veredes, Sancho, que hará fablar a las piedras", y que apareció con el "error" tipográfico de poner "verdes" en lugar de "veredes", que es el giro verbal de la época del gran Cervantes.
Punto y aparte. Ya nadie recuerda la moda problemática de la Caja de Seguro Social, que nos visitó meses atrás. Hay muy cerca del millón de panameños que recibe los beneficios de salud de la Caja, y algo más de cien mil jubilados que sólo tienen el ingreso de su jubilación, amenazada como toda la Caja, por grave déficit acumulativo.
Ni los asegurados, ni los jubilados, ni nadie, se preocupa hoy por el desastre financiero que sigue viviendo la Caja. Tampoco se preocuparon mucho en el pasado inmediato. Y el oficialismo cierra el capítulo en razón de los "diálogos" fracasados; y como se están viviendo los últimos días de Pompeya, "que empuje el que viene atrás" (próximo gobierno). La única preocupación actual de algunos es buscar una partida para que los jubilados perciban la seguridad de un aguinaldo de cuarenta balboas, aunque sea por última vez (Cejupen, o cosa parecida). Lo que más alarma es que ni siquiera los afectados por esa próxima debacle están organizados o dispuestos para que se arbitre la solución que debe ser la más cónsona con sus propios intereses de asegurados y jubilados, y no sólo los cuarenta balboas.
No somos, ni hemos sido, ni seremos pesimistas. Siempre hemos creído que llegará el día en que nuestro pueblo, organizadamente, vea y siga el camino de su propio bienestar y se aparte de los senderos que lo llevaron paulatinamente al desastre hoy vigente en Panamá, y que se vino preparando, lentamente al principio y rápida e inconteniblemente desde 1968 en adelante. Lo que deseamos en primer término es una vida colectiva siquiera medianamente aceptable, para comenzar. Y ahora nos parece que nos acercamos a los diez últimos años de la etapa que le señalara Bolívar al Neruda que escribía España en el Corazón cuando el Liberador le contestó: "Despierto cada cien años, cuando despierta el pueblo". Ya "tenemos" el Canal, y conforme a nuestro optimismo deberíamos soñar con que no está muy lejana la fecha mágica en que ya despertará nuestro pueblo. Pero sin organización apropiada, seguirá lejana.
En una carta que respondió Alvarado al ministro del MOP, Eduardo Quirós, y fechada el 12 de mayo, advertía que en el área de la tragedia había que canalizar las aguas y estabilizar la parte superior del talud afectado, sembrar grama o algún tipo de hierba apropiada para estabilizarlo y que no afectara a las residencias.
Las mallas geotextiles son utilizadas entre capas para reforzar, evitar el deslizamiento de tierra, por medio de filtración del agua, pero dependiendo de la cantidad de filtración así mismo se debe especificar el espesor de la capa.
Mientras que la memoria del calculo geométrico, hidráulico y estructural, reveló que los constructores no presentaron el diseño específico, recomendaron una nueva revisión del diseño geométrico, asimismo de la vía y en cuanto a los geotextiles utilizados solicitaron la presentación de fichas técnicas del producto.
Sin embargo, a pesar de todas las recomendaciones expuestas por el MOP y el SINAPROC, en una carta firmada por la viceministra Grettel Villalaz, en respuesta a la solicitud del defensor del Pueblo, Juan Antonio Tejada, aseguró que el diseño satisface los requerimientos geotécnicos del Ministerio y ratificó que los muros son estructuras seguras.

101 años de Panamá América

 
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