¿Echamos por la borda el Estado de Derecho?
La impaciencia y la crispación son reacciones muy humanas que pueden ser entendidas como una respuesta rica en emociones y baja en conceptos. Es normal que si el acusado de un delito alega en su favor el respeto al Estado de derecho, la víctima o el afectado sienta disgusto por el hecho de que un concepto tan abstracto y tan frío pueda dejar el delito impune. Es normal que en estos días, en esta área del mundo, haya quien desespere ante la imposibilidad de hacer justicia y pida acción inmediata.
¡Qué Estado de derecho ni qué ocho cuartos! ¡Queremos al culpable tras las rejas y punto!, así dicen. Es también muy normal que este tipo de expresiones desaparezca de la escena en cuanto se toma conciencia de su contenido, pues no es posible hacer justicia fuera del Estado de derecho, ni del respetuoso cumplimiento de la ley.
Como la ley no opera místicamente, sino que lo hace a través de hombres y mujeres que día a día deben poner su mejor esfuerzo para que se cumplan sus mandatos, es más importante exigir a las autoridades la más celosa obediencia a sus normas, lo que incluye, claro está, que se sancionen los delitos que sean comprobados en juicio.
No importa qué tan grave sea el delito; la respuesta debe ser siempre el fiel cumplimiento de la ley, aunque se trate de un crimen horrendo, aunque se trate del más descarado fraude a la fe pública. Toca a los medios de comunicación y a los formadores de opinión ejercer un liderazgo responsable en la búsqueda de la justicia y contrarrestar cualquier intento de linchamiento, que no es justicia, sino otra forma más de violencia, por la que nadie en su sano juicio puede abogar.
¡Qué Estado de derecho ni qué ocho cuartos! ¡Queremos al culpable tras las rejas y punto!, así dicen. Es también muy normal que este tipo de expresiones desaparezca de la escena en cuanto se toma conciencia de su contenido, pues no es posible hacer justicia fuera del Estado de derecho, ni del respetuoso cumplimiento de la ley.
Como la ley no opera místicamente, sino que lo hace a través de hombres y mujeres que día a día deben poner su mejor esfuerzo para que se cumplan sus mandatos, es más importante exigir a las autoridades la más celosa obediencia a sus normas, lo que incluye, claro está, que se sancionen los delitos que sean comprobados en juicio.
No importa qué tan grave sea el delito; la respuesta debe ser siempre el fiel cumplimiento de la ley, aunque se trate de un crimen horrendo, aunque se trate del más descarado fraude a la fe pública. Toca a los medios de comunicación y a los formadores de opinión ejercer un liderazgo responsable en la búsqueda de la justicia y contrarrestar cualquier intento de linchamiento, que no es justicia, sino otra forma más de violencia, por la que nadie en su sano juicio puede abogar.