Eclipse
Suenan los tambores de la guerra declarada por los EU y muchos otros países del mundo contra el enemigo difuso del terrorismo. En la lista negra también se encuentran los grupos armados que operan en Colombia, y si a esta situación se suma el astillamiento de los procesos de paz a lo interno de esa nación, hace más volátil la situación interna de ese país.
Colombia posee cinco fronteras terrestres, una de la cuales- de 233 kilómetros- es la panameña. Evidentemente, nuestra frontera es la más vulnerable de todas a pesar de ser la más pequeña, por el hecho de ser el país con menor habitantes, pequeña dimensión geográfica, más desarmado y vulnerable socioeconómicamente de los que son limítrofes con Colombia.
Es decir Panamá, el más pequeño y frágil de los vecinos territoriales de Colombia, está justo próximo al volcán colombiano que parece abocarse a la agudización de la crisis y la guerra por la cual atraviesa desde hace cuatro décadas.
Todo esto -desafortunadamente- puede repercutir con el aumento de diversos impactos en la frontera e incluso en otras áreas del país, en forma de incursiones armadas, desplazados y otras formas de violencia, producto de un desbordamiento de la crisis y conflicto colombiano. Es bueno recordar que en situación de esta nación confluyen factores como:
El desarrollo de las capacidades estratégicas, económicas y político militares de las guerrillas y su tendencia a la afirmación territorial. El auge del proyecto paramilitar contrainsurgente y la consiguiente consolidación de zonas estratégicas para el desarrollo del conflicto y la disputa de nuevos territorios.
El incremento de los recursos estatales destinados a la guerra, en abierto contraste con la política económica de ajuste, que profundiza los desequilibrios sociales y no ofrece alternativas estructurales a la profunda recesión que vive el país.
La creciente intervención norteamericana en el plano contrainsurgente y antinarcóticos, desde una perspectiva que privilegia soluciones militares a soluciones sociales y que, por consiguiente, será un factor de escalamiento de la guerra antes que una solución a los problemas de la guerra, el narcotráfico y la crisis social.
Las dificultades de la sociedad civil colombiana para construir expresiones sociales y democráticas capaces de cuestionar integralmente la guerra, y exigir en consecuencia la solución política negociada y la creación de escenarios de participación social que contribuyan a resolver los problemas generadores de la guerra. (Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento).
La paz en Colombia no parece estar cerca, ni aproximarse a corto plazo, pero tampoco parece posible que ninguna de las fuerzas en pugna puedan triunfar y derrotar a sus adversarios, pero cada sector tampoco parece quedar convencidos del todo de las ventajas de la paz, con relación a su posicionamiento actual.
Para ello, pensamos, Panamá debe afirmar una estrategia sobre la base de estos principios:
Neutralidad frente al conflicto en función del respeto al derecho de autodeterminación de Colombia, y de no intervención en sus asuntos internos. No aceptación de ayuda internacional que condiciones el apoyo o participación en el desarrollo del Plan Colombia.
Afirmar los principios de civilidad democrática y soberanía, en función de impedir reediciones del militarismo o militarización argumentando el enfrentar el conflicto colombiano.
Mantener la neutralidad del canal. Salvaguardar y defender nuestra soberanía. Apoyo a los procesos de paz en Colombia, a través de la mediación u otra forma útil para el logro de este objetivo. Promoción de los derechos humanos de las víctimas de las guerras, mediante la asistencia humanitaria.
Priorización de la región de la Frontera Este como área fundamental para el desarrollo nacional, fortaleciendo el poder local y la participación ciudadana.
Desarrollar una política exterior y de seguridad democrática, transparente y de permanente consulta con todos los sectores nacionales.
En el planeta azul, vivimos hoy esta especie de eclipse, moviéndonos entre las sombras del terrorismo y la guerra, en el marco de economías desfallecientes y pobreza creciente, que se cierne sobre nuestros países en forma atemorizante.
Colombia cruje con la presión de mil y una tensiones en una realidad tormentosa. Frente a esto, es importante construir y aportar a la paz y a la justicia, y las posibilidades de erigir nuevas formas de convivencia entre naciones, pueblos y personas. No es ni será fácil, pero los eclipses pasan, y sol o luna vuelven a iluminar la vida sobre una tierra que clama por transformaciones.
Colombia posee cinco fronteras terrestres, una de la cuales- de 233 kilómetros- es la panameña. Evidentemente, nuestra frontera es la más vulnerable de todas a pesar de ser la más pequeña, por el hecho de ser el país con menor habitantes, pequeña dimensión geográfica, más desarmado y vulnerable socioeconómicamente de los que son limítrofes con Colombia.
Es decir Panamá, el más pequeño y frágil de los vecinos territoriales de Colombia, está justo próximo al volcán colombiano que parece abocarse a la agudización de la crisis y la guerra por la cual atraviesa desde hace cuatro décadas.
Todo esto -desafortunadamente- puede repercutir con el aumento de diversos impactos en la frontera e incluso en otras áreas del país, en forma de incursiones armadas, desplazados y otras formas de violencia, producto de un desbordamiento de la crisis y conflicto colombiano. Es bueno recordar que en situación de esta nación confluyen factores como:
El desarrollo de las capacidades estratégicas, económicas y político militares de las guerrillas y su tendencia a la afirmación territorial. El auge del proyecto paramilitar contrainsurgente y la consiguiente consolidación de zonas estratégicas para el desarrollo del conflicto y la disputa de nuevos territorios.
El incremento de los recursos estatales destinados a la guerra, en abierto contraste con la política económica de ajuste, que profundiza los desequilibrios sociales y no ofrece alternativas estructurales a la profunda recesión que vive el país.
La creciente intervención norteamericana en el plano contrainsurgente y antinarcóticos, desde una perspectiva que privilegia soluciones militares a soluciones sociales y que, por consiguiente, será un factor de escalamiento de la guerra antes que una solución a los problemas de la guerra, el narcotráfico y la crisis social.
Las dificultades de la sociedad civil colombiana para construir expresiones sociales y democráticas capaces de cuestionar integralmente la guerra, y exigir en consecuencia la solución política negociada y la creación de escenarios de participación social que contribuyan a resolver los problemas generadores de la guerra. (Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento).
La paz en Colombia no parece estar cerca, ni aproximarse a corto plazo, pero tampoco parece posible que ninguna de las fuerzas en pugna puedan triunfar y derrotar a sus adversarios, pero cada sector tampoco parece quedar convencidos del todo de las ventajas de la paz, con relación a su posicionamiento actual.
Para ello, pensamos, Panamá debe afirmar una estrategia sobre la base de estos principios:
Neutralidad frente al conflicto en función del respeto al derecho de autodeterminación de Colombia, y de no intervención en sus asuntos internos. No aceptación de ayuda internacional que condiciones el apoyo o participación en el desarrollo del Plan Colombia.
Afirmar los principios de civilidad democrática y soberanía, en función de impedir reediciones del militarismo o militarización argumentando el enfrentar el conflicto colombiano.
Mantener la neutralidad del canal. Salvaguardar y defender nuestra soberanía. Apoyo a los procesos de paz en Colombia, a través de la mediación u otra forma útil para el logro de este objetivo. Promoción de los derechos humanos de las víctimas de las guerras, mediante la asistencia humanitaria.
Priorización de la región de la Frontera Este como área fundamental para el desarrollo nacional, fortaleciendo el poder local y la participación ciudadana.
Desarrollar una política exterior y de seguridad democrática, transparente y de permanente consulta con todos los sectores nacionales.
En el planeta azul, vivimos hoy esta especie de eclipse, moviéndonos entre las sombras del terrorismo y la guerra, en el marco de economías desfallecientes y pobreza creciente, que se cierne sobre nuestros países en forma atemorizante.
Colombia cruje con la presión de mil y una tensiones en una realidad tormentosa. Frente a esto, es importante construir y aportar a la paz y a la justicia, y las posibilidades de erigir nuevas formas de convivencia entre naciones, pueblos y personas. No es ni será fácil, pero los eclipses pasan, y sol o luna vuelven a iluminar la vida sobre una tierra que clama por transformaciones.