Economía de la Salud
La Universidad de York en Inglaterra es la sede de una de las más prestigiosas Escuelas de Economía de la Salud del Primer Mundo. Tuve el honor de asistir a su curso de Postgrado durante cuatro años, en sesiones divididas entre este claustro y el del Centro de Estudios de la Seguridad Social, con sede en el D.F. de México, entre los años 1995 y 1999.
Quiero aclarar que para ser considerado como economista de la salud por nuestros distinguidos profesores, no era necesario tener un título obtenido por correo aéreo, Internet o de manera semi o presencial, sino tan solo poseer como objetivo y metas fundamentales, el de proveer servicios de salud a nuestras respectivas comunidades con eficiencia, eficacia y equidad.
Estoy convencido que los dirigentes del sector salud panameño han de estar escuchando con suma precaución a los representantes y voceros nacionales y extranjeros de los nuevos sistemas sanitarios, que han llegado a nuestras playas para proponerlos como panaceas sanitarias, aduciendo que han obtenido exitosas experiencias en otros países. La razón fundamental es que estas estadísticas, no resisten una evaluación exhaustiva de la pertinencia de las necesidades satisfechas, la adecuación integral de sus ofertas, la óptima eficiencia de sus procesos, la eficacia real de sus productos y la efectividad universal de sus impactos.
Decían nuestros maestros de York que ser economista de la salud no es sinónimo de mercader de la salud. No creo que exista un profesional de esta rama de la Medicina que se afane por crear patronatos, ONGs, fundaciones o empresas privadas para intentar lucrar de la provisión de servicios de salud a nuestro pueblo.
No es posible que los insumos críticos en infraestructura, equipos, drogas y reactivos se sigan vendiendo de 5 a 10 veces su valor en el sitio de producción, por decir lo mínimo.
El pueblo necesita respuestas concretas. Si es necesario corregir rumbos debemos tener el valor de hacerlo, más allá de la retórica electorera.
Permítanme recordarles que el agotamiento del modelo neoliberal de reforma del sector salud es cada vez más evidente y su fracaso se ha producido porque el modelo está fundamentado en premisas que no han podido demostrarse a lo largo y ancho del planeta, y en cuyo desarrollo se han encontrado, sólo para mencionar dos ejemplos tangibles, que: la tasas de prevalencia e incidencia de las principales enfermedades de origen infectocontagioso, crónicas, productos de la convivencia social y del deterioro del medio ambiente, no han sido reducidas significativamente y en algunos casos se mantienen o se han incrementado y que las coberturas de vacunación permanecen en niveles de alto riesgo y son menores para la población postergada, en relación con las principales enfermedades prevenibles por inmunización.