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Economía de servicio o ruralidad


Una gran montaña de deudas externa sumerge a los países de América Latina. Más de un cuarto del su presupuesto anual es destinado a pagar sólo los intereses de los préstamos y se deja descuidado a los sectores socialmente marginados que viven muy por debajo de la línea de la pobreza.
La recién detonada crisis en Argentina pone de manifiesto, que las economías del área son bombas de tiempo, que una a una irá explotando, dejando heridas a cientos de miles de ciudadanos que ni siquiera logran comprender estas fluctuaciones; ellos sólo conocen la miseria.
En búsqueda del por qué nos ocurre esta tragedia, sale a flote, sin lugar a dudas, un modelo económico errado que no llenó las expectativas y trajo como consecuencias el colapso definitivo.
Teniendo como marco de referencia esto último, entramos en serio dilema y nos trasladamos inmediatamente a nuestro Panamá, donde los expertos económicos nos dicen, llenos de sapiencias y teorías, que el rumbo del país debe estar dirigido hacia el servicio como modelo económico, y analizando los aspectos globales del área la situación es contraria.
El mundo globalizado, en efecto, su naturaleza es buscar este tipo de economía; pero ¿quiénes han engendrado la globalización? Los mismos que nos ahogan hoy día en intereses. ¿Quiénes están en capacidad de prestar servicio? Los que tienen recursos para elaborar los componentes e infraestructuras necesarias.
Este modelo excluyente, sólo toma en cuenta a un reducido porcentaje de ciudadanos de nuestro país. Los que luchan por este modelo son miembros de las elites poderosas que viven el status quo a plenitud y luchan incansablemente por mantenerlo.
La riqueza en nuestro país sufre la peor de las distribuciones y el 80% de los panameños desconoce su existencia. Esto da como resultado inmediato, sólo con mirar los datos, que el modelo económico de servicio no se ajusta a nuestra realidad y creo, sin equivocarme, que igual sucede en otros países.
El mejorar el estado financiero de unos pocos no debe ser el objetivo de ningún Estado. Entonces, la contraparte debe ser la vuelta al campo y el fortalecimiento de los sectores primarios de la economía. Estoy de acuerdo que no hay que acabar con la riqueza, que la que se tiene que exterminar es la pobreza y para ello la ruralidad tiene que ser elevada a un nivel preponderante. Mejorar la situación de vida de la gran mayoría sí es un compromiso de Estado. Los panameños, donde estemos, tenemos derecho a una condición de vida decorosa y a que se nos tome en cuenta dentro de los planes de desarrollo del país.
Por ello cuando escucho hablar a los burócratas de cuello y corbata de sus teorías, lamento profundamente que haya gente que piense con tanto egoísmo hacia nosotros y lo peor es que le hacen recomendaciones a nuestros gobernantes para que hagan propias sus conclusiones; pero hasta el momento sus opiniones no han logrado incidir al gobierno, que está dispuesto a todas luces a llevar un avance económico equilibrado donde la ruralidad es primordial y para ello se ha destinado 700 millones en un plan denominado Panamá Rural, y que aglutina a proyectos macros como Pro Darién, Triple C, Pobreza Rural y Ngobe Buglé por señalar algunos que llevan respuesta a los sectores donde la pobreza reina en su máximo esplendor.
Para los neoliberales globalizantes concentrarse en el campo y sus pobres es una política estancada, que no dará resultado y prefieren economías esplendorosas como la argentina. (ariquelme_14Hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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