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Economía, moral y política


América Latina se caracteriza por tener gobiernos inestables, grandes diferencias sociales y alto grado de corrupción. El decaimiento de la confianza en la democracia y los partidos tiene muy preocupados a los líderes políticos del continente. Estos llegaron a la conclusión que los ciudadanos tenían la expectativa de que la democracia les solucionaría los problemas económicos y, al no ser así, se sienten defraudados.
La grave crisis por la que está atravesando la región, de la cual se sienten "víctimas" inocentes y no gestores, habría esfumado la credibilidad. Pero ¿es realmente así? ¿O será que la percepción popular acerca de la responsabilidad es la correcta, a la vez que los remedios que se exigen para solucionar los problemas, erróneos?
La cultura es un sistema de creencias y valores. La creación de valores es un proceso social, pero también histórico. Los valores surgen por decisiones humanas, cuya naturaleza difiere de la que es propia de aquellas actividades por las cuales es posible interpretar lo real y hallar la verdad.
La racionalización de la vida comunitaria no tiene como consecuencia la universalización del conocimiento sobre los engranajes que mueven a la acción humana, sino más bien todo lo contrario. Max Weber señala, que "el "salvaje" sabe infinitamente más de las condiciones económicas y sociales de su propia existencia que el "civilizado"..."
La moral de la convicción -en el sentido weberiano del término - impregna toda la actividad política en nuestras sociedades. Nos incita a actuar de acuerdo a nuestros sentimientos, sin detenernos demasiado a analizar las secuelas de tal proceder. Pero la moral de la convicción, no debe ser la moral de Estado. Ni siquiera puede ser la moral de aquel que pretenda dedicarse a formar ideas (docentes, periodistas, intelectuales, políticos). A ella nadie debe aproximarse demasiado, si desea mantenerse dentro de los límites de la conducta razonable. Sin embargo, impulsados por esa "ética", concedemos a nuestros gobernantes y legisladores el poder de favorecer a determinados grupos, si éstos gritan con suficiente fuerza, como para persuadir a la opinión pública que sus reclamos son "justos".
Los resortes del gobierno mayoritario los conducen a utilizar tal poder, con el objeto de obtener el respaldo de la mayoría. La tentación constante de solucionar la insatisfacción sectorial de aquellos que piden ayuda los lleva a trastornar el correcto funcionamiento de los mercados. Cada vez que se cede, la máquina se retroalimenta hasta convertirse en un fenómeno frecuente e irresistible.
En el Uruguay, la relación del estatal Banco República (BROU) con los cabilderos es paradigmática al respecto. El BROU nació como "banco de fomento" en 1896. Su presidente y directores son designados por cuota política. Su planilla de funcionarios es reconocidamente excesiva y son inamovibles. Un portero gana allí hasta cuatro veces más que un maestro, un policía o un médico de Salud Pública.
El gremio agropecuario, junto con los bancarios y los funcionarios públicos, es de los más poderosos del país. A través de presiones, el sector logró mediante leyes refinanciar indiscriminadamente sus deudas con el BROU, muchas veces con quitas de capital, en 1985, 1988 y 1992. Desde 1999 hasta la fecha, cada vez que les tocaría pagar, consiguen una "solución" política.
En enero, el parlamento estudiaba un nuevo proyecto de ley de refinanciación, con tasas de interés subvencionadas a cargo de "rentas generales" y suspensión de ejecuciones. Los técnicos del banco se opusieron por considerar que la medida tendría un impacto negativo para una institución debilitada. El informe dice que "...si la supervisión bancaria estableciera requisitos de capital por línea de negocios la ecuación patrimonial sería inviable y el cumplimiento de requisitos patrimoniales se logra porque otros negocios retornan la pérdida de capital asignado al agro".
El dinero prestado ha salido de los depósitos de los ahorristas. Esos "beneficios" otorgados, los "compensan" las actividades minoristas y el crédito social que pagan exorbitantes tasas de interés. Además los contribuyentes, que sufren una presión impositiva que tiene asfixiada a la economía en su conjunto. Al finalizar esa sesión, los productores esperaron a los legisladores a la salida del Parlamento, abucheando a unos y aplaudiendo a quienes los habían apoyado.
*Analista uruguaya.
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