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Ecuador, justicia indígena desbocada


Nueva Orleans (AIPE) - Un ortigazo es un golpe que se da con ortigas: plantas con unas pequeñísimas ampollas repletas de ácido fórmico. Un ligero roce con la piel provocan quemaduras que pueden causar hasta la muerte si la persona tiene una reacción alérgica. En La Cocha, un pueblo de mayoría indígena en Ecuador, hace unos pocos días, un sospechoso de asesinato fue castigado por “la justicia” indígena, a saber: sufrir una serie de castigos que incluía baños de agua helada, permanecer colgado de las muñecas por varias horas (al aire libre en el frío páramo andino) y recibir una tanda de casi veinte latigazos con ortigas. La televisión transmitió el castigo en toda su brutalidad y humillación. Fue castigo de esos que la Corte de Justicia de los Estados Unidos denominó “cruel e inusual” y que no es aceptable ni tolerable.

Marlon Santi, presidente de la CONAIE (Confederación de Indígenas del Ecuador), tiene la desfachatez de afirmar que el castigo que la comunidad de La Cocha infligiera al sospechoso fue “leve”, frente a la sanción que otras comunas aplican, como colocar ají (chile) en el ojo. En la comunidad 25 de Agosto, cantón Loreto (provincia aledaña al Perú), 2 jóvenes acusados de agresión a un profesor quichua fueron incinerados. En una población cercana a Pujilí (provincia de Cotopaxi) la policía rescató a un supuesto cuatrero cuando iba a ser sometido a castigos físicos, según la justicia indígena.

Estos no son casos aislados, son sólo los últimos en un macabro desfile de incontrolables violaciones a la dignidad humana. Antropólogos a sueldo de las ONG convencieron a los izquierdistas que los indios un día tuvieron justicia “propia”. Nunca se dijo que en el mundo precolombino dominaba la voluntad omnímoda del cacique o emperador de turno. Y lo más tenebroso del caso es el silencio de los “defensores de los derechos humanos”. De pronto se han vuelto ciegos y no ven las imágenes aterradoras de la televisión. Y mudos porque tampoco se escucha su voz.

Es que la justicia indígena se “consagró” en la Constitución de Montecristi. Los revolucionarios socialistas del siglo XXI se juntaron con los comunistas tradicionales y los de nuevo cuño aliaron fuerzas con representantes de los indígenas para sacar adelante una constitución repleta de derechos colectivos, de la naturaleza, por aquí, por allá y acullá. El Ecuador dejó de ser estado de derecho y pasó a ser estado de derechos (así en plural) y entre ellos se suscribió a la idea de que era un país plurinacional, sin caer en cuenta que la plurinacionalidad no es una declaración patriótica ni una utopía a la que se llega sin costos, sino que conlleva una carga ideológica profunda. Es parte del proyecto político que llevó a Rafael Correa al poder y tiene aunados a defensores de los derechos humanos con torturadores ancestrales, socialistas y sociolistos, utópicos y corruptos, patrones de ojos claros y cholos piel canela, mezcolanza con un solo destino: el desastre.

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