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Educación de adultos, un recurso vital


Son pocos los acontecimientos que en nuestro país tienen una trascendencia e importancia, que posean una fuerza propulsora en el proceso de la formación humana y de gran repercusión en el desarrollo, como lo es el programa de alfabetización y educación de adultos.
El 12 de octubre de 1959 se inició esta gran obra revindicadora. Sería una ingratitud no recordar esa memorable fecha, pues los responsables de hoy deben agradecer las acciones de los ejecutores de ayer, ya que esta obra no tiene límites por sus proyecciones, igual que su acción progresista en cadena que ella produce.
Indudablemente que esta educación tiene vigencia notoria; son miles los que se benefician. Igualmente, todos los años se habilita y se inicia el proceso de mejoramiento profesional en las escuelas primarias y secundarias, como en las de pequeñas industrias de talabartería, alfarería, confección de trajes típicos y de sombreros especiales.
Para hablar de alfabetización y educación de adultos, hay que mencionar al Prof. Nicasio A. Vargas Melo, quien que proyectó con "luces largas" la necesidad impostergable de incorporar a los programas de educación nacional, un nuevo paradigma que coadyuvara en la formación integral del ciudadano panameño, de tal manera que diera a cada cual la oportunidad de poder escalar las gradas de la cultura, sin importar en qué etapa humana se encontrara.
Se crea, pues, un nuevo paradigma educativo. Es decir, de postulado de educar para la vida a educar durante toda la vida. Ello es lo que se conoce como educación continua.
En la ejecución de esta obra tuvo que revertirse de fortaleza, por los múltiples obstáculos que como idea nueva produjo incomprensión y duda.
Por eso fue ardua la labor para dar al hombre los conocimientos en pro de la cultura. Allí está la hazaña de la esperanza; miles de panameños logran la liberación y alcanzan su felicidad.

101 años de Panamá América

 
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