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Educación descentralizada


De nuestro ministro de Educación escuchamos algunos avances y resultados de un proyecto que implica mayor número de horas presenciales de los educando en los centros. Los resultados son positivos; ciertamente por ahí ha venido el problema educativo en Panamá, de aquella desconexión de nuestros jóvenes por esa pasión colegiada, educativa, constructivista; de aquella mística perdida de la pertenencia a un grupo donde trabajamos, progresamos y nos proyectamos. Todos esto tiene que ver con el aprendizaje fundamentalmente social; lo contrario son, precisamente, las conductas antisociales que hace décadas vienen ganándole terreno a la decencia. ¿Cuál es el trabajo integral que hemos venido perdiendo en nuestros centros educativos? Precisamente ése, el más sencillo y principal, la buena convivencia que implica aprendizaje y requiere trabajo moral.

Durante décadas en este país se ha despreciado la valiosa energía de nuestra juventud sin ocupaciones, y por ello la alta delincuencia y desmoralización que venimos afrontando. Mientras los políticos se debaten el poder entre millonarios subsidios estatales y bochornosas donaciones secretas, nuestra sociedad se enrumba hacia el caos social que aquellos afirman poder rescatar oportunamente. Una sociedad malvada sólo cosecha consecuencias similares.

Nuestra juventud no nació mala, muy al contrario, sencillamente reacciona frente al entorno que enfrenta. Si creemos en ello, la tarea exige coherencia; así tenemos que la estructura centralizada de poder, la dirección inconsulta, la desidia y otros esquemas no son compatibles para resolver un problema tan delicado como la personalidad y decisiones de nuestros hijos. Veo en estos estudios algunas cosas que tanto mi experiencia de niño a hombre, como el sentido común apuntan junto a situaciones comparadas, que llevamos un rumbo absolutamente equivocado. ¡Suelten a la juventud!

Seleccionemos a docentes innovadores, entusiastas, virtuosos y desprendidos; inserten a los muchachos en actividades deportivas diversas, con recursos verdaderos y estímulos apropiados, enfóquese y desarróllese la competencia permanente entre planteles y supervísese la participación absoluta y relevada de los estudiantes en actividades deportivas de diversa índole. Logren que los muchachos se aprecien así mismos y al prójimo con quien comparten; que amen su escuela y defiendan a su patria; sólo así estaremos luchando y venciendo a la criminalidad y vagancia.

Los recursos del Canal reclaman ser invertidos en esto y las comunidades deben exigir participación absoluta para retroalimentar el proceso desde su planeación hasta su administración. Fuera los políticos, fuera la administración central que propicia cada mal. Nuestra gente debe ser atendida con responsabilidad, no política. El Canal ofrece más de mil millones al año, y en vez de atender lo prioritario, derrochamos millones en una policía ineficiente cuanto más irresponsable o desvinculada social, mientras perdemos a nuestra juventud en la vagancia y el pandillerismo.

jcpastor1622@hotmail.com

101 años de Panamá América

 
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