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Educación: el cambio


Un viejo adagio dice: “educa al niño y no castigarás al hombre”. Humanista y sencillo, encarna suficientes razones como para entender la responsabilidad que tiene esta disciplina a largo plazo y de la que dependen, entre otras responsabilidades, la seguridad social futura, el bienestar de las nuevas generaciones, la transformación cualitativa de la sociedad misma, y la posibilidad de dar continuidad a la herencia transformadora de otras generaciones. Es un reto formidable en cuya deliberación y propuestas debe participar toda la sociedad a través de sus organismos cívicos, y mediante debates enriquecedores, abiertos, francos y libres de prejuicios. Que la educación de hoy es un desastre, es una verdad conocida que nadie refuta, y cualquiera que asuma la directriz de la misma, además de tener pedagogía debe estar actualizado y no empezar a aprender o descubrir viejas realidades; conocer suficientes elementos para establecer comparaciones válidas, cualidades de consenso y nada de sectarismo, y manifestar su sabiduría en una amplia capacidad de discernimiento, tolerancia y conocimiento de la historia de la educación en Panamá. Si no lo sabe, debe buscar entre los panameños sabios el asesoramiento debido. No basta gritar cambio, hay que saber hacia dónde nos dirigimos, con qué contamos y sobre todo descubrir a aquellos profesionales de la educación que sin egoísmos están dispuestos a aportar para buscar una salida inteligente a este problema. Los funcionarios pasan, los problemas quedan.

101 años de Panamá América

 
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