Educación: El tema esencial
Aunque temas como la seguridad, el transporte o la canasta básica marquen entre las primeras preocupaciones de nuestros compatriotas, ninguno es más importante que la educación; y el hecho de que no ocupe el primer lugar es, en mi opinión, la prueba más contundente de la necesidad de abordarlo, mediante una “política de Estado”, consensuada, después de un serio examen y debate, entre todos los sectores de la sociedad panameña.
Así como estoy convencido de que la educación es la base fundamental para sustentar nuestras posibilidades de ser parte del mundo de las naciones desarrolladas; también estoy convencido de que ninguna otra obra contribuiría más a que un gobierno sea recordado por las generaciones futuras como por haber dado al país un sistema educativo capaz de formar, de manera integral, a los nuevos hombres y mujeres panameños.
El error, repetido por todos gobiernos precedentes, pero especialmente por el actual que, en buena hora, tiene sus días contados, ha sido erigirse en árbitros omnímodos del rumbo de la educación panameña, motivados por actitudes sectarias, alejadas del interés nacional.
Tres componentes son básicos para reencauzar la educación panameña: dónde se enseña; el papel que deben desempeñar profesores y maestros, los padres de familia, los educandos y el conjunto de la sociedad; y qué y cómo se enseña.
El primero de ellos, es el más sencillo de resolver. Sólo requiere de una acción rápida y decidida del gobierno para construir y mantener centros idóneos para impartir y recibir educación y nombrar oportunamente a los docentes que sean necesarios. Para eso no es necesario descubrir el agua tibia; basta con inventariar las carencias, emular prácticas ya comprobadas en países otros países en el diseño de centros escolares y darles el adecuado mantenimiento.
El segundo, comprende un espectro más amplio. La formación de los docentes, el involucramiento de los padres y de los educandos, para interactuar conjuntamente, asumiendo cada uno la responsabilidad que les corresponde: a los docentes, de impartir enseñanza de calidad; a los padres de asistir y orientar a sus hijos y éstos de aprovechar los beneficios de recibir una buena educación. La comunidad debe, igualmente, involucrarse para apoyar y proteger sus centros escolares.
El contenido de lo que se enseña contribuirá o no a la formación de las nuevas generaciones, solo si es pertinente y está en sintonía con los objetivos del desarrollo nacional.
Para resolver el primero de los componentes enunciados, recalco, la responsabilidad es exclusiva de las autoridades. Para atacar con éxito los otros dos, que comprenden cambios de actitudes y nuevos diseños curriculares, como primer paso, es urgente la convocatoria de un Congreso por la Educación Nacional. En él deben reunirse autoridades, docentes, padres de familia, educandos y los sectores representativos de la sociedad para entre todos, sin sectarismos ni protagonismos, que han comprobado ser contraproducentes e inefectivos, consensuar una “política de Estado para la Educación panameña”, que trascienda gobiernos y contiendas políticas.