Educación: Escuchemos a Clinton
El Presidente de los Estados Unidos, William Clinton, dedicó parte del último discurso a su nación al tema de la educación, abordando detalles que en Panamá deberíamos tener en cuenta y que son válidos para diseñar planes específicos dirigidos a resolver la problemática de ese rubro en nuestro país.
Una de las cosas que dijo fue que las escuelas no deben pasar ni graduar a estudiantes que no dominan las asignaturas en el curriculum, planteando en forma embarazosa que en muchos casos estudiantes graduados ni siquiera pueden leer sus propios diplomas. No obstante, aclaró que tampoco se puede condenar a los estudiantes porque el sistema les ha fallado. En esencia, propuso dotar de mayores medios económicos a los cursos de rehabilitación de verano y a las clases especiales después de horas regulares.
También se comprometió a exigir mayor responsabilidad a las autoridades, profesores y maestros de las diferentes instituciones de educación. En este sentido, manifestó su preocupación sobre el nivel de educación de los educadores quienes, en muchos casos, carecen de preparación suficiente en las materias que enseñan. Para mejorar este aspecto, se comprometió a suministrar fondos especiales para facilitar a los educadores mejorar su preparación académica.
En Panamá, nuestros estudiantes, escuelas y educadores sufren las mismas limitaciones y problemas que sus homólogos norteños. Por ende, las iniciativas del Presidente Clinton son perfectamente aplicables a Panamá.
En este país, el Ministerio de Educación absorbe casi un cuarto del total de los gastos corrientes del Gobierno Central; pero a él se destina tan sólo un 6% de las inversiones de capital. Esto significa que estamos gastando mucho e invirtiendo poco.
Las autoridades del ramo deben redistribuir mejor y más eficientemente los recursos a su disposición y exigir la asignación de los fondos necesarios en los rubros que mayor efecto multiplicador tenga, si es que queremos realmente mejorar la educación. La riqueza y las oportunidades de hoy y mañana tienen que ser heredadas y aprovechadas por ciudadanos debidamente capacitados.
No podemos permitirnos el lujo de continuar con una burocracia tan frondosa y costosa como improductiva, mientras los docentes y educandos carecen de lo más elemental y no son debidamente incentivados ni remunerados.
Una de las cosas que dijo fue que las escuelas no deben pasar ni graduar a estudiantes que no dominan las asignaturas en el curriculum, planteando en forma embarazosa que en muchos casos estudiantes graduados ni siquiera pueden leer sus propios diplomas. No obstante, aclaró que tampoco se puede condenar a los estudiantes porque el sistema les ha fallado. En esencia, propuso dotar de mayores medios económicos a los cursos de rehabilitación de verano y a las clases especiales después de horas regulares.
También se comprometió a exigir mayor responsabilidad a las autoridades, profesores y maestros de las diferentes instituciones de educación. En este sentido, manifestó su preocupación sobre el nivel de educación de los educadores quienes, en muchos casos, carecen de preparación suficiente en las materias que enseñan. Para mejorar este aspecto, se comprometió a suministrar fondos especiales para facilitar a los educadores mejorar su preparación académica.
En Panamá, nuestros estudiantes, escuelas y educadores sufren las mismas limitaciones y problemas que sus homólogos norteños. Por ende, las iniciativas del Presidente Clinton son perfectamente aplicables a Panamá.
En este país, el Ministerio de Educación absorbe casi un cuarto del total de los gastos corrientes del Gobierno Central; pero a él se destina tan sólo un 6% de las inversiones de capital. Esto significa que estamos gastando mucho e invirtiendo poco.
Las autoridades del ramo deben redistribuir mejor y más eficientemente los recursos a su disposición y exigir la asignación de los fondos necesarios en los rubros que mayor efecto multiplicador tenga, si es que queremos realmente mejorar la educación. La riqueza y las oportunidades de hoy y mañana tienen que ser heredadas y aprovechadas por ciudadanos debidamente capacitados.
No podemos permitirnos el lujo de continuar con una burocracia tan frondosa y costosa como improductiva, mientras los docentes y educandos carecen de lo más elemental y no son debidamente incentivados ni remunerados.