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Educación magisterial


La reciente noticia de que aspirantes a una magistratura en el Órgano Judicial no lograron pasar una prueba de ortografía, no puede ser más alarmante y deprimente. No obstante, no hay razón alguna para ensañarse contra ellos. Sencillamente, desde la escuela primaria no fueron educados con eficacia.

Aparte de eso, muchas personas que escriben para la prensa, cometen equivocaciones garrafales, y por desventura, los propios correctores de prueba en los diarios respectivos las dejan pasar inadvertidamente. A más de ello, otras tantas escriben tan mal, que no saben diferenciar, cuando lo hacen, cuándo una palabra lleva tilde y cuándo no.

A más de aquello, hay todo una muchedumbre de escribidores que usan palabras inventadas y disparatadas, tales como décimo primero y décimo segundo en vez de las correctas undécimo y duodécimo, u ofertar en vez de ofrecer.

Otros le dan su propia interpretación a una palabra y hacen mal uso de ella alterando su significado. Tal es el caso de empleomanía. La usan como creación de fuente de trabajo, pero su significado es el de la búsqueda constante de entrar a la burocracia. La palabra etcétera significa “ y todo lo demás.” No hay entonces por qué decirla o escribirla más de una vez.

101 años de Panamá América

 
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