Educación nacional, un tema muy serio
Con las expectativas de siempre acaba de iniciarse un nuevo año escolar, lo que no implica, sin embargo, nuevas preocupaciones. Ha sido una obsesión en los últimos años la asimetría entre la educación y el desarrollo nacional. Que si los bajos promedios o la deserción escolar; o la política por encima de lo académico.
Esas preocupaciones de contenido son mayores que las escuelas rancho, o la hoja de zinc que le falta al techo de la escuela, por lo que siempre resulta curiosa la respuesta que se le da a aquello de si están listas las escuelas para el nuevo calendario escolar. Predominan respuestas sobre problemas de forma, en lo que parece más una evasión premeditada de los temas de fondo: la preponderancia política por encima de las urgencias del sistema y el rendimiento docente.
Es una suerte de indiferencia lesiva mantener en su cargo a un funcionario cuya preocupación fundamental en la actual coyuntura es su destino político, y luego ese asunto de la educación. La opinión pública no termina de preguntarse, ¿cuándo la evaluación del rendimiento docente y de sus figuras directivas será una medida aplicada en serio, con saldos de conocimiento público? Los estudiantes son el resultado de la labor docente. Los educadores tienen la responsabilidad de formar el principal recurso con que cuenta el país. Pero, claro, algunos gobiernos omiten estos pasos temerosos de los resultados políticos, y ninguna administración auto chantajeada garantiza mejores índices que los actuales.