default

Educación para los más pobres


Luis Sánchez es un niño de 8 años, que cursa por segundo año consecutivo el primer grado de la Educación Primario, en una escuela que tiene piso de tierra y techo de pencas, con escaso mobiliario. Su maestra atiende 28 niñas y niños en los seis grados del nivel. Luis junto a sus 9 compañeros y compañeras de grado, dedican cerca de tres horas diarias, durante unos 140 días por año, al aprendizaje de la lectura, la escritura, la suma y la resta. Ellos nunca tuvieron acceso a una educación preescolar, ni la posibilidad de contar con estimulación temprana de sus destrezas y capacidades intelectuales, que les facilitara su vida escolar.
Este estudiante carece de oportunidades de participar directamente en sus actividades de aprendizaje (leyendo, contando y escribiendo sus propias historias; midiendo y calculando con base en situaciones reales.). Y más aún, los materiales básicos de aprendizaje son insuficientes, para ejercitar todos sus sentidos y su capacidades.
Luis parece tener pocos incentivos en su hogar para aprender. Sus padres son campesinos, que han alcanzado un tercer grado de educación primaria, tienen otros cuatro hijos pequeños, y viven con alrededor de un balboa por día (pobreza extrema).
Luis, como hijo mayor, tiene él deber de ayudar a sus padres en el sostenimiento de la familia, lo cual le deja poco tiempo para dedicarlo a la escuela.
Nuestro personaje, es parte del grupo de población que se ubica dentro del Quintil 1 (20% de los que están más bajo en una escala socioeconómico de uno a cien) y que viven en las condiciones más precarias del país. Estas personas son las que menos educación reciben. Mientras que solo el 2% de los que están en el Q1 cursan el Pre - Kinder (3-4 años), aquellos que se ubican en el Q5 alcanzan el 31% en este nivel. Sólo accede a la educación media (12-17 años) el 17% de los más pobres; en tanto que los de mayores ingresos alcanzan el 92%. Esta situación se torna mayormente crítica en la Educación Superior, donde la diferencia es considerablemente grande. (1% y 53% respectivamente).
Aún cuando constitucionalmente la niñez tiene derecho a recibir una Educación Básica gratuita y obligatoria, y que nuestro país ha hecho avances notorios en la escolarización de la población, muchos de los niños y niñas pobres de la áreas indígenas y rurales ingresan al primer grado, con pocas oportunidades de mantenerse y continuar en el sistema educativo. El fracaso y deserción escolar en estos casos, está asociado generalmente al estado de pobreza que invade la salud, la nutrición, las relaciones y valores familiares, que condicionan el desarrollo cognitivo y la motivación para aprender.
Igualmente, se relaciona con la desigualdad de los recursos educativos (cuadernos, lápices, libros, juegos didácticos, uniformes, etc.), que reciben estos estudiantes en relación con los apoyos que perciben los grupos urbanos, de ingresos medios y altos en el país. A estos factores se suma la existencia de docentes con poca experiencia y competencia en la atención de la niñez pobre y en el funcionamiento de aulas multigrado. Asimismo, se explica por la falta de oportunidades de Educación Preescolar y de procesos de adaptación "amigable" a la escuela y a la cultura escolar, de estos niños y niñas que provienen de hogares y contextos con percepciones, valores y, no pocas veces, lenguajes muy diferentes a las del aula de clases.
Durante los años 1997, 1998 y 1999 el Ministerio de Educación, fundamentalmente mediante los Proyectos de Educación Básica General (Financiado en parte por el Banco Mundial) y el Proyecto de Desarrollo Educativo (con apoyo financiero del BID), impulsó una política destinada a focalizar el esfuerzo y recursos del Estado en atención a la equidad y la calidad educativa, para cubrir las carencias descritas en los sectores más pobres. Los resultados previstos podrían lograrse, siempre que exista voluntad y continuidad en las políticas y los proyectos, y estos grupos humanos se inserten en una estrategia global de desarrollo humano.
Actualmente se reconoce que existe una fuerte correlación entre nivel educativo y condición de ingreso y de pobreza de la población. Las personas más pobres son generalmente analfabetas o poseen baja escolaridad. A medida que las sociedades se tornan más complejas y competitivas, los mayores réditos le pertenecen a la mano de obra calificada y a los grupos de mayor nivel educativo. Bien lo dice Reimer "la economía basada en el conocimiento genera más oportunidades para quienes tienen más acceso al conocimiento". Esto significa, que no siempre un mayor crecimiento económico es sinónimo de desarrollo. Una de los factores claves de la reducción de la pobreza es ofrecer crecientes niveles de oportunidades educativas, en las que se satisfagan no solo lo requerimos de equidad, sino, sobre todo, los de calidad (conocimientos, destrezas y actitudes que tengan relevancia social para quienes aprenden).
Acceso de los grupos más pobres a una educación sin calidad, puede entenderse como dar más de lo mismo. Una estrategia de esta naturaleza puede contribuir a ampliar cada vez más la brecha social entre los diversos sectores de población, en razón de las marcadas desigualdades en el acceso al conocimiento, la tecnología y la innovación.
Este hecho parece contrario al discursos político de trabajar por una democracia robusta y un desarrollo humano para todos.
En la Cumbre Hemisférica de Santiago realizada en 1998, los Presidentes, jefes de Estado y de Delegaciones, en presencia de los rectores de los organismos financieros internacionales, se comprometieron a trabajar por una estrategia educativa para reducir la pobreza, que consulte los aspectos siguientes: focalizar los programas en las poblaciones vulnerable, con énfasis en educación para el trabajo; currículos multiculturales y políticas de lenguaje; educación en valores; utilización de la informática y de las tecnologías de información.
El futuro de muchos niños y niñas como Luis será más promisorio, si desde este momento y a partir de nuestra responsabilidades, nos comprometemos todos a ofrecerles las oportunidades educativas y sociales que potencien sus inteligencias y desarrollen armoniosamente su personalidad. La educación es la llave que abre las puertas al progreso; atrevámonos a dar el paso.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América