Educación y comunicación: claves del progreso nacional
LA RELACIÓN ENTRE educación y medios de comunicación social es determinan-te en la Era de la información. Su influencia es decisiva cuando se habla de poderes mediáticos ejercidos, específicamente, por la televisión, la radio, la prensa escrita y las redes informáticas; de mundialización de la economía, de mercados internacionales, y del valor del conocimiento en la producción, la competitividad y el desarrollo humano.
Su valor llama la atención, igualmente, ante el surgimiento de los fundamentalismos en un mundo dominado por la ciencia. Y, de igual modo, cómo el individualismo cobra fuerza frente a las ofertas de vida colectivas y las cuotas de poder adquiridas por la llamada sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales frente a los partidos políticos. Esta multiplicidad de opciones -cuyo sustrato es la complejidad social- genera incertidumbre e incapacidad para prever cómo será el rostro del mundo al día siguiente.
Ninguna herramienta es mala por sí misma. Es buena o mala según el uso que se le dé. Un martillo lo mismo sirve para romper una cabeza que para apuntalar con clavos una casa. La energía atómica puede destruir una ciudad o iluminarla. Y eso debemos tenerlo claro los educadores.
Todo ello nos lleva entender a la educación como un sistema de oportunidades a disposición de las personas y de la colectividad para desarrollar plena-mente su humanidad. Eso significa pensar la educación como proceso, y como tal, abierta a la diversidad y a todas las posibilidades, de manera que la persona no sólo aprenda de lo que el docente sea capaz de enseñar, sino que pueda estar en condiciones de aprender lo que ignora, de buscar por cuenta propia en forma permanente explicaciones a los fenómenos de su entorno sociopolítico, de ver en la incertidumbre un espacio para construir sus propias alternativas y res-puestas.
Jacques Delors, solía decir que la "educación encierra un tesoro". Estaba en lo cierto, porque el proceso de educación empieza con una buena formación de base, dado que allí se encuentra la llave que abre, a futuro, las puertas del éxito, es decir, el logro del desarrollo humano y el crecimiento económico armonioso de las naciones. Visto de esta manera, educar es, formar la persona inmersa en el sujeto co-lectivo, una afirmación de lo individual en lo social, un mecanismo de integra-ción al entorno que nos rodea, capaz de discernir -sobre todo en coyunturas como ésta- entre la necesidad de seguir siendo persona y la lógica del mundo material.
En este nueva era, la comunicación debe entenderse como proceso, medio y producto social. Como proceso favorece la interacción entre docentes y estudiantes, propicia las condiciones, psicológicas y pedagógicas adecuadas para el éxito de las tareas de enseñar y aprender. Como medio, facilita la adquisición de conocimientos e información y refuerza el mensaje educativo. Y como producto social, aporta elementos para que los estudiantes pongan en práctica sus habilidades y destrezas comunicativas.
Al respecto, a los medios de comunicación se las denomina escuelas paralelas. Es una realidad inocultable. Los aprendizajes hoy se alcanzan en escenarios que no son precisamente las escuelas. Y esto nos lleva a repensar la educación desde la perspectiva de la comunicación.
Los medios de comunicación regulan de diversas maneras -y generalmente no para su bien- la conducta de los panameños. Según el Informe de desarrollo humano de Panamá, los jóvenes confían mucho más en los medios de comunicación que en otro tipo de organización, ya sea política, religiosa, o cultural.
Toca a la escuela entender el papel de los medios de comunicación en la sociedad y los poderosos aliados que pueden ser en la labor educativa, dada sus potencialidades pedagógicas, pero también como verdaderos instrumentos de movilización y sensibilización social.
Los esfuerzos institucionales generalmente son ignorados por la opinión pública y, por esa razón, prosperan la indiferencia, la falta de colaboración y compromisos, y las campañas de descrédito del sistema educativo. Por eso, la educación como hecho noticioso tiene que ir más allá de la simple información y divulgación de datos. El comunicador, vinculado a la actividad educativa y cultural, o simplemente consciente de su rol protagónico en la construcción de un modelo de sociedad culto y saludable, debe orientar, motivar, sensibilizar y liderar los cambios propugnados por el sistema educativo.
Hoy por hoy, el auge alcanzado los medios de comunicación debe estar a la disposición de la educación y no sólo al servicio de las industrias culturales de la información y del mercado del entretenimiento. Hoy más que nunca consideramos que la participación de los medios de comunicación sea indispensable para conseguir los cambios de conocimientos, valores, actitudes y comportamientos que la sociedad demanda. Por eso, es cada vez más urgente establecer una alianza entre esos medios y el sistema educativo, formal e informal, con el objeto de alcanzar los objetivos planteados en el Plan Estratégico de Educación 2005-2009, dirigido hacia la construcción de un mejor país para todos.
Su valor llama la atención, igualmente, ante el surgimiento de los fundamentalismos en un mundo dominado por la ciencia. Y, de igual modo, cómo el individualismo cobra fuerza frente a las ofertas de vida colectivas y las cuotas de poder adquiridas por la llamada sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales frente a los partidos políticos. Esta multiplicidad de opciones -cuyo sustrato es la complejidad social- genera incertidumbre e incapacidad para prever cómo será el rostro del mundo al día siguiente.
Ninguna herramienta es mala por sí misma. Es buena o mala según el uso que se le dé. Un martillo lo mismo sirve para romper una cabeza que para apuntalar con clavos una casa. La energía atómica puede destruir una ciudad o iluminarla. Y eso debemos tenerlo claro los educadores.
Todo ello nos lleva entender a la educación como un sistema de oportunidades a disposición de las personas y de la colectividad para desarrollar plena-mente su humanidad. Eso significa pensar la educación como proceso, y como tal, abierta a la diversidad y a todas las posibilidades, de manera que la persona no sólo aprenda de lo que el docente sea capaz de enseñar, sino que pueda estar en condiciones de aprender lo que ignora, de buscar por cuenta propia en forma permanente explicaciones a los fenómenos de su entorno sociopolítico, de ver en la incertidumbre un espacio para construir sus propias alternativas y res-puestas.
Jacques Delors, solía decir que la "educación encierra un tesoro". Estaba en lo cierto, porque el proceso de educación empieza con una buena formación de base, dado que allí se encuentra la llave que abre, a futuro, las puertas del éxito, es decir, el logro del desarrollo humano y el crecimiento económico armonioso de las naciones. Visto de esta manera, educar es, formar la persona inmersa en el sujeto co-lectivo, una afirmación de lo individual en lo social, un mecanismo de integra-ción al entorno que nos rodea, capaz de discernir -sobre todo en coyunturas como ésta- entre la necesidad de seguir siendo persona y la lógica del mundo material.
En este nueva era, la comunicación debe entenderse como proceso, medio y producto social. Como proceso favorece la interacción entre docentes y estudiantes, propicia las condiciones, psicológicas y pedagógicas adecuadas para el éxito de las tareas de enseñar y aprender. Como medio, facilita la adquisición de conocimientos e información y refuerza el mensaje educativo. Y como producto social, aporta elementos para que los estudiantes pongan en práctica sus habilidades y destrezas comunicativas.
Al respecto, a los medios de comunicación se las denomina escuelas paralelas. Es una realidad inocultable. Los aprendizajes hoy se alcanzan en escenarios que no son precisamente las escuelas. Y esto nos lleva a repensar la educación desde la perspectiva de la comunicación.
Los medios de comunicación regulan de diversas maneras -y generalmente no para su bien- la conducta de los panameños. Según el Informe de desarrollo humano de Panamá, los jóvenes confían mucho más en los medios de comunicación que en otro tipo de organización, ya sea política, religiosa, o cultural.
Toca a la escuela entender el papel de los medios de comunicación en la sociedad y los poderosos aliados que pueden ser en la labor educativa, dada sus potencialidades pedagógicas, pero también como verdaderos instrumentos de movilización y sensibilización social.
Los esfuerzos institucionales generalmente son ignorados por la opinión pública y, por esa razón, prosperan la indiferencia, la falta de colaboración y compromisos, y las campañas de descrédito del sistema educativo. Por eso, la educación como hecho noticioso tiene que ir más allá de la simple información y divulgación de datos. El comunicador, vinculado a la actividad educativa y cultural, o simplemente consciente de su rol protagónico en la construcción de un modelo de sociedad culto y saludable, debe orientar, motivar, sensibilizar y liderar los cambios propugnados por el sistema educativo.
Hoy por hoy, el auge alcanzado los medios de comunicación debe estar a la disposición de la educación y no sólo al servicio de las industrias culturales de la información y del mercado del entretenimiento. Hoy más que nunca consideramos que la participación de los medios de comunicación sea indispensable para conseguir los cambios de conocimientos, valores, actitudes y comportamientos que la sociedad demanda. Por eso, es cada vez más urgente establecer una alianza entre esos medios y el sistema educativo, formal e informal, con el objeto de alcanzar los objetivos planteados en el Plan Estratégico de Educación 2005-2009, dirigido hacia la construcción de un mejor país para todos.