Educación y currículo
¿Es la transformación curricular la llave que abre la puerta del mejoramiento de la educación en Panamá? Si se demostrase que lo es, todos deberíamos apoyarla y declarar malos panameños a los que se oponen. Resulta, sin embargo, que la llamada transformación curricular no es más que una pieza en un engranaje más complejo. La implementación de un nuevo conjunto de asignaturas, con denominaciones diferentes y enfoques que se apartan del uso tradicional no puede hacerse en ausencia de la capacitación de los actores principales de ese proceso.
No es posible hacer “transformación curricular” si los materiales con que se cuenta en la escuela son los mismos de siempre, o se carece de ellos, como siempre. No es posible creer que la variación del diseño de los nombres de las materias y los títulos de los diplomas es una garantía de éxito en esta delicada tarea de elevar la calidad del sistema educativo. ¿No deberíamos exigir los ciudadanos que se aumente el número de días de clase al año? ¿No debería ser parte de la apuesta por la transformación el aumento del número de horas diarias que los chicos y las chicas pasan en la escuela? ¿No debería la Ministra de Educación priorizar proyectos de retención de los adolescentes en las escuelas –que por las tendencias conocidas sabemos que desaparecerán en varios miles este año- y de regreso a la escuela de los que ya se fueron pero podrían volver? Importante como es la transformación curricular, la soledad en la que se le agita anuncia un nuevo fracaso del sistema por reformarse.