Educación y Dios vs. Analfabetismo
Una cara muda. Una mente sólo con el conocimiento para sobrevivir y subsistir. Poca cosa para vivir. Las estadísticas no son el oprobio, las marcas inflingidas a la patria son las vidas oscuras y sin conocimiento que quizás apenas escriben su nombre. ¿Cuántos hombres y mujeres ilustres se han extraviado en la oscuridad del analfabetismo en nuestro país? No, no sabemos a estas alturas, 100 años y más no podemos saber cuánto ha perdido el país, pero ahora que celebramos nuestra República, nuestra cultura, política, logros, etc., debería ser tarea nacional rescatar los dones y virtudes que yacen en las conciencias apagadas de estas panameñas y panameños de nuestra campiña, comarcas indígenas, barriadas marginales y marañas sociales. Educación y Dios, una combinación esencial para esta labor de conciencia y motivación hacia aquel que piensa que es pérdida de tiempo aprender a leer y escribir porque hay que vivir.
La educación de jóvenes y adultos iletrados (analfabetas) es quizás la tarea educacional más difícil de esta misma noble profesión, a tal punto que hoy en día se necesita ser un maestro comprometido con este apostolado, dispuesto al sacrificio para llegar a los necesitados que en su inconciencia dificultan el logro de los objetivos más generales: desmotivados, necesitados, integralmente cansados y faltos de tiempo en su rutina, hacen que metodologías, técnicas, proyectos y programas se queden cortos ante la complejidad de sus psiquis. Una psiquis extraviada en la desconfianza, en su timidez escondida y la aparente apatía o indiferencia ante su condición es la que hace que en muchas ocasiones, claudiquen los esfuerzos.
Pero es necesario comprender las diferencias que implica esta clase de educación, donde los esquemas de las ciencias fallan.
Con más jóvenes y adultos mejor preparados, tendremos mejores niños adolescentes jóvenes y personas. Educación y Dios: Compromiso y métodos, fe, esperanza y amor serían los ingredientes para una revolución que necesita la República para erradicar a un enemigo que destruye al pueblo.
Así es, la falta de conocimiento destruye al pueblo; y en la conciencia del pueblo y en la de aquellos a los que le sonríe la vida, se debe mover la imagen de rostros hoscos, serios e impenetrables y las manos callosas que quisieran emocionarse al leer y escribir.
El Ministerio de Educación (MEDUC), nuestro ente estatal de la educación, urge de preparación y recursos para esta labor, pero sobre todo de la inspiración de Dios. No podemos enseñar a esta gente como niños ni tratarlos como tales. La falta de centros, métodos y materiales adecuados, y lo más importante, el recurso humano comprometido para este trabajo (muchos llamados, pocos escogidos) son algunas debilidades que mantienen todavía sin letras a muchos. Esta labor no es igual a la de los niños, esta educación es diferente en todos los aspectos. Requiere tomar en cuenta las necesidades de la etapa de la vida en que encontramos a aquel que queremos alcanzar.
Es difícil pensar con el estómago vacío, cuánto más debe ser aprender. Entre necesidad y necesidad no ayuda sólo la intención, la situación nos declara la necesidad de motivar la inteligencia emocional de estos panameños y panameñas disminuidos.
Hoy, a pocos días de alcanzar el siglo de la República, debemos ser sacudidos y despertar ante tal necesidad que tienen miles de vidas en Panamá. Probemos la educación con Dios. Saludos facilitadores comprometidos.
*El autor es Coordinador Nacional de Alfabetización, Asociación Pan-Alfalit./
La educación de jóvenes y adultos iletrados (analfabetas) es quizás la tarea educacional más difícil de esta misma noble profesión, a tal punto que hoy en día se necesita ser un maestro comprometido con este apostolado, dispuesto al sacrificio para llegar a los necesitados que en su inconciencia dificultan el logro de los objetivos más generales: desmotivados, necesitados, integralmente cansados y faltos de tiempo en su rutina, hacen que metodologías, técnicas, proyectos y programas se queden cortos ante la complejidad de sus psiquis. Una psiquis extraviada en la desconfianza, en su timidez escondida y la aparente apatía o indiferencia ante su condición es la que hace que en muchas ocasiones, claudiquen los esfuerzos.
Pero es necesario comprender las diferencias que implica esta clase de educación, donde los esquemas de las ciencias fallan.
Con más jóvenes y adultos mejor preparados, tendremos mejores niños adolescentes jóvenes y personas. Educación y Dios: Compromiso y métodos, fe, esperanza y amor serían los ingredientes para una revolución que necesita la República para erradicar a un enemigo que destruye al pueblo.
Así es, la falta de conocimiento destruye al pueblo; y en la conciencia del pueblo y en la de aquellos a los que le sonríe la vida, se debe mover la imagen de rostros hoscos, serios e impenetrables y las manos callosas que quisieran emocionarse al leer y escribir.
El Ministerio de Educación (MEDUC), nuestro ente estatal de la educación, urge de preparación y recursos para esta labor, pero sobre todo de la inspiración de Dios. No podemos enseñar a esta gente como niños ni tratarlos como tales. La falta de centros, métodos y materiales adecuados, y lo más importante, el recurso humano comprometido para este trabajo (muchos llamados, pocos escogidos) son algunas debilidades que mantienen todavía sin letras a muchos. Esta labor no es igual a la de los niños, esta educación es diferente en todos los aspectos. Requiere tomar en cuenta las necesidades de la etapa de la vida en que encontramos a aquel que queremos alcanzar.
Es difícil pensar con el estómago vacío, cuánto más debe ser aprender. Entre necesidad y necesidad no ayuda sólo la intención, la situación nos declara la necesidad de motivar la inteligencia emocional de estos panameños y panameñas disminuidos.
Hoy, a pocos días de alcanzar el siglo de la República, debemos ser sacudidos y despertar ante tal necesidad que tienen miles de vidas en Panamá. Probemos la educación con Dios. Saludos facilitadores comprometidos.
*El autor es Coordinador Nacional de Alfabetización, Asociación Pan-Alfalit./