Educación y finanzas públicas
Como tenemos un gobierno de empresarios, deberíamos gozar de la ventaja de lograr un Presupuesto del Estado que refleje las prioridades de los dueños de la empresa, que en este caso somos los ciudadanos. Por ejemplo, deberíamos saber, con cierto detalle, cuánto se va a invertir en educación, porque allí es donde, todos estamos de acuerdo, se cimenta el desarrollo y el progreso del país.
Deberíamos saber con certeza cuánto invierte el Estado en la educación básica general, en la preescolar, y en la educación media. Tampoco estaría de más comparar estas cifras y el costo por estudiante por nivel, con las relativas a la educación superior. También deberíamos estar en condiciones de conocer cuánto representa todo esto de la riqueza que se produce en el país, sabiendo que la cifra oficial llamada Producto Interno Bruto refleja de pálido modo el volumen de transacciones que se producen en una economía como la panameña.
Luego de conocer cuánto dinero espera mover el Estado en beneficio de la educación, deberíamos saber sin ambigüedades cuáles son las metas que tiene el presente gobierno. En cuánto se espera disminuir los fracasos, la repitencia, la deserción escolar. Así, año tras año, sabremos si estamos alcanzando los resultados propuestos. De lo contrario, el bla bla bla de la burocracia seguirá y los empresarios, de locos por cambiar el país, pasarán a ser los tontos que creyeron que podían cambiar el país. El gobierno debe explicar cómo el Presupuesto, que ahora se discute, logrará “el cambio”.