Educación y la nueva sociedad
Hoy hablaremos del tema fundamental de la educación. No es necesario enarbolar en este espacio las bondades deella. Basta saber que la falta de la misma condena al ciudadano a un futuro incierto; un hombre movido por los intereses de grupos, de otros individuos más mezquinos, sujetos a los poderes de la economía, de la política y de otra suerte de hechos en un mundo en donde el pez más grande se traga al más chico, y en donde las aves de rapiña siempre están al acecho. Ya hemos dicho antes: "Educación es el arte de saber comportarse y conducirse, acompañado del gesto". Te reto a que busques en el diccionario esta última acepción, "gesto". Y si de ahí en adelante comprendes su significado inmediato, estarás entre los que gustan de escudriñar los avatares de la conducta y el comportamiento humano.
El costo por alumno de la educación en Panamá se ha ido incrementando en los últimos años, aunque declinó en el año de 1997. Desde 1994 hasta 1998 tuvimos el siguiente costo por alumno: B/.557.5, B/.568.4, B/.601.0, B/.584.00 y B/.637.25 para 1998; cifras oficiales, incluyendo la educación superior.
De por sí sabemos que un aumento en la inversión en la educación no garantiza su mejoramiento. Hablemos mejor de programas adecuados a las necesidades y dificultades del educando en su comunidad, hablemos de docentes conscientes y responsables en su rol o papel; de instancias administrativas con un compromiso de trabajo con la educación y la sociedad.
Personas comprometidas con el proceso de desarrollo económico, social y político en el Continente Americano señalan que unos de los principales problemas para lograr el mejoramiento de las condiciones de vida de la gente, está precisamente en los altos niveles de corrupción presente en todos los estratos de la pirámide social. Por ejemplo, Luis Moreno Ocampo, el Presidente de Transparencia Internacional (TI) para América Latina, señala que el problema de la corrupción está alojado hasta en la mente de los niños. A estos fenómenos hay que agregar problemas como la irresponsabilidad paterna; el abandono de niños a su suerte, la falta de oportunidades de trabajo, el bombardeo de mercancía barata vendida a niños, jóvenes y adultos en algunas televisoras locales, que de suerte sería mejor cerrar dichos programas.
¿En Panamá no hay Junta de Censura? ¿Qué dice la Iglesia sobre esto? ¿Hay acaso un problema de omisión o no intervención? ¿Corre el billete al mismo ritmo que corre el audio y video en estos programas que le deforman la mente a quienes están conformando su carácter y a quienes luchamos por conservar nuestra sanidad mental?.
Hombre preocupados por la educación en Panamá han dicho que el mundo que vivimos ha sido construido por los adultos y para los adultos. Cualquiera tiene cierto nivel de responsabilidad en esto. Por ejemplo. Desde que salimos de Juan Díaz, pasando por Río Abajo, hasta el cuartel de Bomberos de Carrasquilla, a izquierda y derecha nos encontramos con anuncios de cerveza. No es que no tomemos cerveza, pero ¡por favor!, no estamos promoviendo sopa vegetal, ni el último CD de Dorindo, Sandra o Ulpiano, que en un nivel de selección sería mucho mejor. Tenemos otro ejemplo: en San Miguelito, las cantinas y bodegas se cuentan por docenas, pero sólo hay una biblioteca pública que la mayoría de la población no sabe dónde está.
Conclusión: con estos elementos, si el niño, joven o adolescente sólo ve cosas negativas en su comunidad, no esperes que en el futuro sea un individuo sano y responsable. Por ello, el adulto es el responsable inmediato de lo que hoy acontece en la sociedad: sea bueno o malo. La mejor definición de un adulto la dio cierto cientista social que pasó por Panamá, hace varios años. Adulto, equivale a adulterado. Puedo interpretar esta acepción como aquel hombre generalmente alejado de la rectitud. No soy moralista ni aficionado. Mi sentido común y mis 24 años trabajando con la Educación en diversas actividades técnico-administrativas, más 8 años en la docencia, incluyendo el nivel superior, me permiten hacer tales observaciones.
En resumen, como ya muchos adultos no cambiarán su comportamiento por uno ejemplar que sirva de fermento para la nueva sociedad, es dable pensar que sí podemos trabajar en los que hoy están naciendo; los niños; desde su alumbramiento en los hospitales, hasta su inserción en los programas educativos de Inicial o Preescolar, Primaria, Secundaria y Educación Superior. De esta manera, se podría construir una nueva sociedad en los próximos años, de lo contrario pecamos de ilusos o ingenuos.
Si nuestros niños toman mucha lecha y no engordan es porque la leche es de pésima calidad o está adulterada. (Del jesuita Carlos E. Valdés, S.J. en su libro, Saber escoger: el arte del discernimiento). Con productos adulterados no podremos nunca construir una nueva sociedad.
El costo por alumno de la educación en Panamá se ha ido incrementando en los últimos años, aunque declinó en el año de 1997. Desde 1994 hasta 1998 tuvimos el siguiente costo por alumno: B/.557.5, B/.568.4, B/.601.0, B/.584.00 y B/.637.25 para 1998; cifras oficiales, incluyendo la educación superior.
De por sí sabemos que un aumento en la inversión en la educación no garantiza su mejoramiento. Hablemos mejor de programas adecuados a las necesidades y dificultades del educando en su comunidad, hablemos de docentes conscientes y responsables en su rol o papel; de instancias administrativas con un compromiso de trabajo con la educación y la sociedad.
Personas comprometidas con el proceso de desarrollo económico, social y político en el Continente Americano señalan que unos de los principales problemas para lograr el mejoramiento de las condiciones de vida de la gente, está precisamente en los altos niveles de corrupción presente en todos los estratos de la pirámide social. Por ejemplo, Luis Moreno Ocampo, el Presidente de Transparencia Internacional (TI) para América Latina, señala que el problema de la corrupción está alojado hasta en la mente de los niños. A estos fenómenos hay que agregar problemas como la irresponsabilidad paterna; el abandono de niños a su suerte, la falta de oportunidades de trabajo, el bombardeo de mercancía barata vendida a niños, jóvenes y adultos en algunas televisoras locales, que de suerte sería mejor cerrar dichos programas.
¿En Panamá no hay Junta de Censura? ¿Qué dice la Iglesia sobre esto? ¿Hay acaso un problema de omisión o no intervención? ¿Corre el billete al mismo ritmo que corre el audio y video en estos programas que le deforman la mente a quienes están conformando su carácter y a quienes luchamos por conservar nuestra sanidad mental?.
Hombre preocupados por la educación en Panamá han dicho que el mundo que vivimos ha sido construido por los adultos y para los adultos. Cualquiera tiene cierto nivel de responsabilidad en esto. Por ejemplo. Desde que salimos de Juan Díaz, pasando por Río Abajo, hasta el cuartel de Bomberos de Carrasquilla, a izquierda y derecha nos encontramos con anuncios de cerveza. No es que no tomemos cerveza, pero ¡por favor!, no estamos promoviendo sopa vegetal, ni el último CD de Dorindo, Sandra o Ulpiano, que en un nivel de selección sería mucho mejor. Tenemos otro ejemplo: en San Miguelito, las cantinas y bodegas se cuentan por docenas, pero sólo hay una biblioteca pública que la mayoría de la población no sabe dónde está.
Conclusión: con estos elementos, si el niño, joven o adolescente sólo ve cosas negativas en su comunidad, no esperes que en el futuro sea un individuo sano y responsable. Por ello, el adulto es el responsable inmediato de lo que hoy acontece en la sociedad: sea bueno o malo. La mejor definición de un adulto la dio cierto cientista social que pasó por Panamá, hace varios años. Adulto, equivale a adulterado. Puedo interpretar esta acepción como aquel hombre generalmente alejado de la rectitud. No soy moralista ni aficionado. Mi sentido común y mis 24 años trabajando con la Educación en diversas actividades técnico-administrativas, más 8 años en la docencia, incluyendo el nivel superior, me permiten hacer tales observaciones.
En resumen, como ya muchos adultos no cambiarán su comportamiento por uno ejemplar que sirva de fermento para la nueva sociedad, es dable pensar que sí podemos trabajar en los que hoy están naciendo; los niños; desde su alumbramiento en los hospitales, hasta su inserción en los programas educativos de Inicial o Preescolar, Primaria, Secundaria y Educación Superior. De esta manera, se podría construir una nueva sociedad en los próximos años, de lo contrario pecamos de ilusos o ingenuos.
Si nuestros niños toman mucha lecha y no engordan es porque la leche es de pésima calidad o está adulterada. (Del jesuita Carlos E. Valdés, S.J. en su libro, Saber escoger: el arte del discernimiento). Con productos adulterados no podremos nunca construir una nueva sociedad.