Educación y sociedad
La sociedad civilizada de las nuevas doctrinas ya no es la sociedad estática que pensaron Platón y Aristóteles. Precisan hoy más que nunca, viendo los nuevos destinos políticos de la humanidad, de las actividades renovadoras que aconseja el tacto ilustrado. Se gana luchando. La sociedad se distingue por su cambio, no por su estabilidad, y la educación, necesariamente, tiene que adaptarse a las necesidades de una sociedad cambiante y en marcha constante hacia el progreso.
Por otra parte, es evidente que la educación es un agente de la moral pública. Así, la escuela debe enseñar a la mujer la responsabilidad de ser mujer. Y debe enseñar al hombre la profesión de ser hombre. Mucho preocupa, en estos tiempos de idealismo discreto, ver que la educación en Panamá no ha dado una labor fecunda en frutos sociales. Y es que la realidad social determina el tipo de desarrollo que conviene a cada sociedad. Y siendo eso así, cabe preguntar, ¿qué relación existe comparando necesidades y ambiente social, entre la ciudad y el campo?
No hay, en verdad, comparación. Sin embargo, un mismo patrón educativo se ha adoptado para todas las escuelas del país. Nada importa saber que los estudiantes de las escuelas urbanas, generalmente, cursan estudios secundarios y universitarios. Y que, en cambio, los estudiantes de las escuelas rurales sólo aspiran, como sus abuelos, a los oficios de su entorno. La educación rural, mediante consejos útiles, puede actualizar el progreso y la civilización de la región campesina. La mujer del campo necesita saber nociones de alimentación, higiene y de cosas domésticas. Y el hombre necesita saber que debe educar a sus hijos. Que debe combatir los vicios. Que debe cambiar el rancho de paja por un tipo de casa mejor. Que debe agrupar las casas en forma de población planeada. Que debe hacer vida digna, útil y responsable.
Y muy útil sería incluir en el currículo escolar una hora de clase de cultura general. Los alumnos, aprendiendo a saber lo que han dado los grandes hombres de la historia y los libros que han leído, pueden aprovechar algo de lo mismo. Los libros, aquí en América, dieron a Bolívar su grandeza como estadista; los libros dieron luz a un Edison; los libros dieron a Lincoln vida y obra de sabio; los libros dieron a Sarmiento jornadas geniales; los libros dieron a Palma verbo de elocuencia; los libros dieron a Rodó un evangelio de belleza; los libros dieron a Montalvo voz de hombre, de trueno y de artista; y los libros dieron a Rubén Darío el milagro de sus versos. Que nunca se olviden los gobiernos y políticos que la educación es la rama más importante del servicio público. Los pueblos producen, consumen y progresan en proporción al nivel de cultura que han adquirido. Una sociedad culta y dinámica pacta con el porvenir. Que no se olvide eso.
Por otra parte, es evidente que la educación es un agente de la moral pública. Así, la escuela debe enseñar a la mujer la responsabilidad de ser mujer. Y debe enseñar al hombre la profesión de ser hombre. Mucho preocupa, en estos tiempos de idealismo discreto, ver que la educación en Panamá no ha dado una labor fecunda en frutos sociales. Y es que la realidad social determina el tipo de desarrollo que conviene a cada sociedad. Y siendo eso así, cabe preguntar, ¿qué relación existe comparando necesidades y ambiente social, entre la ciudad y el campo?
No hay, en verdad, comparación. Sin embargo, un mismo patrón educativo se ha adoptado para todas las escuelas del país. Nada importa saber que los estudiantes de las escuelas urbanas, generalmente, cursan estudios secundarios y universitarios. Y que, en cambio, los estudiantes de las escuelas rurales sólo aspiran, como sus abuelos, a los oficios de su entorno. La educación rural, mediante consejos útiles, puede actualizar el progreso y la civilización de la región campesina. La mujer del campo necesita saber nociones de alimentación, higiene y de cosas domésticas. Y el hombre necesita saber que debe educar a sus hijos. Que debe combatir los vicios. Que debe cambiar el rancho de paja por un tipo de casa mejor. Que debe agrupar las casas en forma de población planeada. Que debe hacer vida digna, útil y responsable.
Y muy útil sería incluir en el currículo escolar una hora de clase de cultura general. Los alumnos, aprendiendo a saber lo que han dado los grandes hombres de la historia y los libros que han leído, pueden aprovechar algo de lo mismo. Los libros, aquí en América, dieron a Bolívar su grandeza como estadista; los libros dieron luz a un Edison; los libros dieron a Lincoln vida y obra de sabio; los libros dieron a Sarmiento jornadas geniales; los libros dieron a Palma verbo de elocuencia; los libros dieron a Rodó un evangelio de belleza; los libros dieron a Montalvo voz de hombre, de trueno y de artista; y los libros dieron a Rubén Darío el milagro de sus versos. Que nunca se olviden los gobiernos y políticos que la educación es la rama más importante del servicio público. Los pueblos producen, consumen y progresan en proporción al nivel de cultura que han adquirido. Una sociedad culta y dinámica pacta con el porvenir. Que no se olvide eso.