default

Educador legítimo


Conocí al educador que responde al nombre de Juan Bosco Bernal en la década del 80, cuando yo cerraba mi carrera de profesor universitario en la que estuve por algo más de treinta años. Como Decano tuve la oportunidad de percibir los desajustes que comenzaba a experimentar la Universidad de Panamá, relacionándome con el profesor Bernal, que trabajaba en un alto cargo. Posteriormente, siendo mí amigo el Lic. Manuel Solís Palma Ministro de Educación, me solicitó ayuda en el Departamento Legal del Ministerio, a lo que me dediqué por pocos años, y en los cuales repetí mis relaciones con el educador Bernal. Nos unió siempre una actitud de colaboración, cada cual en su cargo, y de conocimientos que intercambiábamos frecuentemente.
Además de sus estudios teóricos en materia educativa, el profesor Bernal tiene una vasta experiencia en torno a la educación nacional, que le ha permitido publicar varias obras valiosas que tratan sobre la educación panameña. En la actualidad, el número de estudiantes que tocan a las puertas de los colegios y Universidades, y la anarquía económica de nuestros Gobiernos, más otros factores, han llevado al sistema educativo nacional a la misma hondura de crisis que padece el país entero, con todas las complicaciones que se han agudizado en las últimas décadas de nuestro acontecer, como si estuviéramos cosechando hoy todo lo que hemos sembrado poco a poco desde hace muchos años a esta parte.
El paso de Bernal por el Ministerio de Educación, durante el último año, y sus interesantes declaraciones publicadas por la prensa últimamente, me predisponen a exponer algunas ideas sobre el gravísimo problema panameño de hoy, que creo consistente en una profundísima crisis general, en la que no observo perspectivas de superación, desde luego que a corto plazo, pero también temo que no las vislumbro para un futuro que debería estar más cercano. Los sucesivos gobiernos que se han encargado de la cosa pública en las últimas dos décadas no han podido llevar a cabo una labor de continuidad en varios aspectos que se necesita prosigan la labor anterior, porque los problemas del país no se resuelven en cinco años. Entre las causas más graves de la desintegración que en las épocas postreras han sumido a Panamá en hondos problemas que se presentan como insolubles, esa falta de coordinación de los sucesivos gobiernos que algunos creen democráticos es siempre una causa presente y sin posibilidades de curación.
Parece que así, vivimos un camino sin derroteros orgánicos, y que si los Gobiernos, ciertos grupos humanos y no pocas personalidades no hacen a un lado sus prácticas caóticas, continuaremos enlatados en la miseria que tanto planteamos todos los días. Carecemos de ideas claras, científicas, orientadas sobre aspectos que deberían llevar la prioridad o las prioridades en la reconstrucción de una vida colectiva que no puede regenerarse a un mismo tiempo. La tarea sería de cíclopes, y no de humanos. Tal vez podamos hacer algo de importancia en la educación y en materia económica. Es posible que una mejora efectiva en la educación pueda estar entre las medidas más urgentes, pero si no hay dinero, el resultado es más difícil. Ambos programas, el educativo y el económico podrían ir de la mano. Precisamente, las referencias que forman los primeros párrafos de este artículo, con respecto al Educador Bernal me han traído a los asuntos generales tal vez de mayor importancia.
Personalidades como el profesor Bernal bien podrían brindar su concurso en el campo educativo a que aludo. Mas por ahora, ni lo que vengo escribiendo con el espaldarazo del diario Panamá América, se trata de ideas no nuevas o desarrolladas. Pero sé que hay muchos profesionales como Bernal, que podrían brindar un aporte valioso en la perspectiva a que me refiero, por lo cual terminaría esta glosa con la indicación de que él bien puede continuar con sus contribuciones educativas y esperar que llegue el momento de una coordinación, para exponer ideas en torno a la problemática nacional, en lo que el profesor Bernal pueda darnos una obra orientadora.
Es más importante la autonomía del Seguro que la universitaria y nadie recuerda aquellos tiempos con grandes directores.
Los panameños permanecemos indiferentes ante esa situación y prefieren defender la de la universidad. ¿Qué hay de las arbitrariedades dentro del claustro? ¿Qué hay de la política partidista metida en el mismo? Se sabe públicamente que la manera de nombrar los profesores es ilegal porque, o se abusa del número de unidades o se los nombra de a dedo para que los apoyen en sus reelecciones.
Fui profesora asistente en la Facultad de Medicina por muchos años y otros muchos como catedrática ganado por concurso. Renuncié el día que por orden del Rector me dijeron que los estudiantes me calificarían. Pensé en el esfuerzo hecho a través de mi carrera de médico y para ganar la cátedra.
Ese esfuerzo aceptaba que las autoridades que estaban a mi nivel me calificaran, pero no los estudiantes. Y nadie protestó.
Ojalá que se interprete correctamente la autonomía universitaria y se luche por las otras.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América