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¿Educamos o robotizamos?


RECIENTEMENTE apareció en este diario una información que daba cuenta que muchos estudiantes no lograron aprobar exámenes de admisión en una universidad, pues tenían dificultades para razonar y analizar, dado que sólo se les enseñó a memorizar y repetir contenidos.
Uno de los grandes problemas de la educación en nuestro país es la vigencia de la metodología educativa bancaria, pues al decir de Pablo Freire, parte de la idea que el educador lo sabe todo y el educando no sabe nada y por lo tanto, hay que depositar conocimiento en la cabeza de los alumnos como si fueran depósitos bancarios, es decir unidireccionalmente.
Es importante cultivar otra perspectiva de la educación que tome en cuenta la producción y apropiación colectiva del conocimiento. Se trata de educar al educando para que pueda hacer una apropiación crítica del conocimiento universal acumulado, en lugar de sólo transmitirlo unidireccionalmente. Propiciar condiciones para la creación y producción de un nuevo conocimiento sin caer en el elitismo que niega que el pueblo es productor de conocimiento, o el basismo que niega el conocimiento universal acumulado. En este proceso, el punto de partida y de llegada es la práctica, constituyendo la teoría producida o acumulando el momento de profundización que permita a la práctica existente dar el salto de calidad hacia una práctica mejorada o una nueva práctica en un proceso siempre ascendente.
La cuestión de la integralidad. La educación no puede tomar en cuenta una parte de la vida de la gente, sino que aunque haga sus énfasis de acuerdo a la intencionalidad que se busque desarrollar, debe concebir la vida humana como una unidad articulada. Es necesario, por ello, incluir y tener presente lo subjetivo, el claroscuro de la cotidianidad de la vida social. Se trata de buscar la coherencia entre las diversas dimensiones, encontrando la conformación de un sujeto más integral y con capacidad de transformación en las diversas facetas de su vida.
La participación es una piedra de toque. La participación está íntimamente ligada al acceso a la toma de decisiones, considerando la voluntad de los sujetos. Es la voluntad de ser menos objeto y más sujeto. En ella se agitan cuatro motivaciones. Ganar control sobre la propia situación y el propio proyecto de vida mediante la intervención en decisiones que afecten el entorno vital en que dicha situación y proyecto se desenvuelven. Acceder a mejores y mayores bienes y/o servicios que la sociedad está en condiciones de suministrar, pero que algún mecanismo institucional o estructural no suministran... Aumentar el grado de autoestima, mediante más reconocimiento de derechos, necesidades y capacidades propias. Desarrollar la vocación de empoderamiento, a través del ejercicio participativo democrático. Incrementar la participación en todas las esferas de su vida, en la organización, el barrio, la familia, la política y la nación.
En la educación, la participación es la antítesis del autoritarismo que pregona una direccionalidad preestablecida, o del populismo que plantea el consentimiento de la gente en base al paternalismo; o el neoliberalismo, que pregona la participación individualista en un mercado concentrador de ingresos y excluyente de los grupos humanos subordinados.
La participación no es, pues, sólo en el acto educativo sino el pivote de la integralidad de la vida, y la educación integral debe ayudar a ese crecimiento. La participación es, además, crítica, acumulativa y germinal.
La educación integral se debe mover entre el polo de CONOCER y el polo de TRANSFORMAR. No existe la posibilidad de conocer si no se transforma y viceversa. Son una unidad dialéctica, que nos señala que no podemos realizar el hecho pedagógico de conocer para que después venga la transformación. Por el contrario, conocemos transformando y transformamos conociendo. Pero en la educación integral lo hacemos siempre desde el conocer, ahora bien, el transformar es el aspecto principal de la contradicción. Sino, el acto de conocer tendría su fin en sí mismo, en el conocimiento per se. Se conoce en FUNCION DE y es en la relación con el transformar lo que le da sentido al conocer. La evaluación real de la actividad educativa no se mide en base a la apropiación de conceptos, sino a la capacidad de provocar una práctica mejorada o con mayor capacidad de transformar en el sentido correcto.
La educación integral debe lograr relacionar los objetivos con una pedagogía participativa y crítica, y una didáctica adecuada, para ello necesita llaves, herramientas eficaces (técnicas) para implementar todo el proceso. Pero estas técnicas, los métodos, los objetivos, la concepción son coherentes en el marco de la metodología de la práctica transformadora.
Todo el proceso supone tomar notas de las tensiones entre lo micro y lo macro, entre el partir y el llegar, entre el viejo y el nuevo conocimiento, entre lo personal y lo colectivo, entre lo subjetivo y lo objetivo, entre proyecto y proceso, entre eficiencia y eficacia, entre ciencia y conciencia, entre saber y sabor, entre calidad y claridad.
(raulleis@hotmail.com)

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