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Educando futuras generaciones


Si hiciéramos una encuesta sobre la violencia en la calle descubriríamos que la misma es algo que preocupa a la mayoría de los panameños. A diario los periódicos nos enfrentan e impactan con fotografías espantosas de crímenes que se suceden día a día. Es como si algunos medios -probablemente inconscientes- festinaran estos hechos de sangre. Llega el momento en que nos acostumbramos a ver éstos como si fueran “normales”. Desafortunadamente esto, junto con las fotos de mujeres semidesnudas, pareciera ser lo que vende, como si hubiera una interacción entre el morbo del público y la venta del periódico. Por otra parte, la televisión está llena de películas que reflejan la violencia; y no se diga de los juegos de nintendo que parecieran celebrarla.
El niño nace sin conocimientos, sin pensamientos y sin valores (ideas de lo que es importante). Todo esto lo va aprendiendo y adquiriendo a medida que madura su sistema nervioso (y su cerebro), sencillamente, observando lo que lo rodea (en la familia, en la calle) y jugando con otros niños. No tiene idea ni de lo que significa violencia y ni mucho menos la muerte.
Tanto el afecto como el respeto por los demás lo aprendemos de los que nos rodean. Ningún niño nace criminal, sin embargo, antes de saber lo que significa la muerte está “disparando” con un revolver de juguete y “matando” a sus compañeros de juego. Es lo que ven en la televisión.
Muchas veces los padres (si es que existe uno en casa) y las madres no le dan importancia a esto. Cuando salen a la calle, los menores siguen con este juego, y a veces logran reemplazar el juguete por un arma de verdad. Y si hay poca comunicación con sus padre/madre y éstos no están conscientes del peligro, los niños caen fácilmente bajo la influencia de jóvenes que ya tienen inclinaciones y hasta experiencias criminales.
La mayoría de los jóvenes delincuentes comienzan con una baja autoestima, sintiéndose solos, no estimados, siendo fácilmente “reclutados” o seducidos por otros que ya tienen experiencia criminal y que les hacen sentir importantes.
A esto hay que añadir una cultura machista en la que estamos inmersos/as, que le enseña al varón desde chico que el hombre debe ser duro, no tener sensibilidad, no “dejarse” de los demás sino más bien imponerse a los demás. ¿Cómo prevenir esto? Es mucho lo que se puede hacer, pero toda la sociedad debe preocuparse en lograr cambios que son esenciales.
Es importante que los padres/madres le dediquen a sus hijos tiempo participando en actividades creativas o recreativas, solos con ellos o con sus amistades, incorporando a los niños en sus actividades de trabajo, en la casa o fuera de ella, haciéndolos sentir importantes mientras llevan a cabo estas tareas. Enseñándoles lo valioso que es servir a los demás: padres, hermanos, amistades. Los niños aprenden a gozar trabajando con sus padres/madres.
La escuela tiene otra gran responsabilidad: prestarle atención individualizada a cada niño/a, ayudándoles a formarse una autoimagen positiva, organizando juegos y tareas colectivas para ayudar a la misma escuela, haciéndoles sentir responsables del estado de sus salones y áreas en general. Esto es importante. Estaríamos formando panameños que gozarían el poder servir a su prójimo, sintiéndose responsables de su país y de trabajar por él.
Contribuyamos todos a formar ciudadanos que amen a su familia y a su comunidad. Nuestro futuro depende de ello.

101 años de Panamá América

 
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