Educar al educador
Nadie puede enseñar más de lo que sabe. Es una máxima elemental que no debieran pasar por alto quienes se esfuerzan en modernizar la educación nacional.
Ciertamente, las máquinas, los programas de estudio, los edificios, vías de acceso, programas de nutrición escolar, textos, salarios y otros son necesarios, pero serían totalmente inútiles si no se capacita también al educador.
Panamá destina el 6.3% de su producto nacional bruto a la Educación. Es una tasa alta pero en sí misma insuficiente, cuando el BID ha recomendado para la región un 9%, como mínimo para mejorar la situación del sector en el continente. La tasa promedio de América Latina en ese rubro es de 6.0%.
La educación ha adquirido recientemente una relevencia de primer orden entre los analistas y expertos internacionales deseosos de que se mejoren los indicadores sociales en las economías en desarrollo, en momentos en que arrecian los críticos contra la globalización y apertura económica en boga por sus nocivos efectos en la distribución de la riqueza.
Hoy existe consenso pleno de que sólo una mejor y mayor educación es capaz de proveer oportunidades de una vida de superior perspectiva a nivel de los más pobres. De allí el énfasis que las IFIs están dando a los programas que recomiendan a las naciones que requieren de su financiamiento. Hoy, junto con los planes de reestructuración económica y presupuestaria, vienen siempre incluidas en el mismo paquete, medidas concretas para modernizar la educación.
Modernizar en gran medida ha sido identificado con descentralizar, delegando los ministerios mayor responsabilidad y poder decisorio en las autoridades locales, desde arriba para abajo: provincias, municipios, corregimientos y escuelas. Pero ello no basta.
Es menester iniciar una vasto programa nacional para capacitar a los educadores, especialmente a nivel primario, donde se sabe que cada balboa invertido es mejor retribuido en términos de lograr un ciudadano mejor dotado para aprovechar las oportunidades de un mundo en constante evolución.
No bastan pues las redes de INTERNET, las computadoras y los nuevos cursos de inglés y matemáticas, si no hay quien imparta eficientemente las clases a los estudiantes.
Se impone, en consecuencia, adoptar programas masivos de capacitación, evaluación y estímulo a los educadores, para dotarlos de los conocimientos y técnicas que les permitan un mejor desempeño. Sin ello se estará dilapidando tiempo, esfuerzos y recursos para caer a la postre en el mismo pobre resultado.
Ciertamente, las máquinas, los programas de estudio, los edificios, vías de acceso, programas de nutrición escolar, textos, salarios y otros son necesarios, pero serían totalmente inútiles si no se capacita también al educador.
Panamá destina el 6.3% de su producto nacional bruto a la Educación. Es una tasa alta pero en sí misma insuficiente, cuando el BID ha recomendado para la región un 9%, como mínimo para mejorar la situación del sector en el continente. La tasa promedio de América Latina en ese rubro es de 6.0%.
La educación ha adquirido recientemente una relevencia de primer orden entre los analistas y expertos internacionales deseosos de que se mejoren los indicadores sociales en las economías en desarrollo, en momentos en que arrecian los críticos contra la globalización y apertura económica en boga por sus nocivos efectos en la distribución de la riqueza.
Hoy existe consenso pleno de que sólo una mejor y mayor educación es capaz de proveer oportunidades de una vida de superior perspectiva a nivel de los más pobres. De allí el énfasis que las IFIs están dando a los programas que recomiendan a las naciones que requieren de su financiamiento. Hoy, junto con los planes de reestructuración económica y presupuestaria, vienen siempre incluidas en el mismo paquete, medidas concretas para modernizar la educación.
Modernizar en gran medida ha sido identificado con descentralizar, delegando los ministerios mayor responsabilidad y poder decisorio en las autoridades locales, desde arriba para abajo: provincias, municipios, corregimientos y escuelas. Pero ello no basta.
Es menester iniciar una vasto programa nacional para capacitar a los educadores, especialmente a nivel primario, donde se sabe que cada balboa invertido es mejor retribuido en términos de lograr un ciudadano mejor dotado para aprovechar las oportunidades de un mundo en constante evolución.
No bastan pues las redes de INTERNET, las computadoras y los nuevos cursos de inglés y matemáticas, si no hay quien imparta eficientemente las clases a los estudiantes.
Se impone, en consecuencia, adoptar programas masivos de capacitación, evaluación y estímulo a los educadores, para dotarlos de los conocimientos y técnicas que les permitan un mejor desempeño. Sin ello se estará dilapidando tiempo, esfuerzos y recursos para caer a la postre en el mismo pobre resultado.