Educar para el trabajo, educar para la vida
Los estudios, debates y reflexiones sobre la educación panameña, nos remiten constantemente a retomar el valor formativo del trabajo y concebir éste como parte esencial de la formación ciudadana, pues la globalización y los cambios económicos y sociales, implican nuevos estilos de vida familiar, formas distintas de trabajar y una concepción renovada de la educación. Dentro del sistema educativo panameño, la formación para el trabajo no es una dimensión ausente. Ella está presente en los principios y fines de la Ley Orgánica, en la estructura académica y el quehacer cotidiano de algunas instituciones educativas del país.
El nivel medio o segundo nivel de enseñanza es el más directamente vinculado a la formación para el trabajo. Su orientación se expresa mediante la formación de peritos y bachilleres profesionales y técnicos, destinados al mundo laboral Sin embargo, este nivel presenta múltiples debilidades y retos hacia el futuro. Un diagnóstico realizado en 1997, reflejó algunas situaciones críticas en la educación media, tales como: escasa relación entre las carreras que se ofrecen y las oportunidades de empleo; falta de correspondencia entre la formación y las destrezas y habilidades que demandan el puesto de trabajo; poca relevancia de los programas de orientación profesional, para guiar a los estudiantes en las opciones formativas más compatibles con sus capacidades y expectativas; excesivo teoricismo y poca relación entre la formación y las competencias requeridas para el empleo; una oferta fragmentada y dispersa.
La Estrategia Decenal de Modernización de la Educación Panameña, que se sustenta en la Ley 34 de 1995, propone la transformación del nivel medio, orientado a desarrollar las competencias fundamentales para acrecentar las capacidades personales y la interacción social, así como las destrezas académicas y técnicas que aseguren condiciones básicas para trabajar y seguir estudiando. Busca romper el dualismo entre lo académico y lo técnico, entre la teoría y la práctica.
En el marco de esta estrategia, se aplicó experimentalmente, durante el año 1999, el currículo del 10" grado, en un número reducido de colegios, al mismo tiempo que se trabajaba en el análisis de la alternativas curriculares de formación para el 11 y 12 grados. En esos centros se ensayarían las nuevas ofertas curriculares y pedagógicas, organizadas así: un año de núcleo común y dos diversificados en cinco áreas fundamentales para el desarrollo: un bachillerato científico y humanístico y cuatro bachilleratos en el área profesional y técnica, como eran: gestión empresarial, finanzas y comunicación; tecnología industrial, agropecuaria, y familia y desarrollo comunitario.
Esta innovación tuvo algunas dificultades relacionadas con el cambio de política educativa, la actitud de algunos docentes y sus gremios, la inducción y capacitación del personal y el monitoreo de sus actividades. La educación para el trabajo es un tema que resurge con el interés renovado que logra la educación en los años.
La educación para el trabajo no pude atribuirse con exclusividad a un tramo o nivel educativo formal en particular, pues todo el sistema, desde el preescolar, las empresas y las redes de formación profesional, deberían asumir esta responsabilidad. En un mundo en el que el conocimiento cambia vertiginosamente, las personas se ven obligadas a aprender continuamente y actualizar sus destrezas y saberes en la medida en que cambia el conocimiento y la forma de hacer las cosas dentro de sus área de trabajo, especialidad o profesión. De allí que la educación para el trabajo sea sobretodo, una educación a lo largo de la vida de las personas.
En América Latina se han venido ensayando diversas alternativas para abordar la formación para el trabajo, desde la perspectiva formal. Por ejemplo: trasladar la educación técnica a nivel de la educación postmedia, que responde al incremento y cambio en el conocimiento. Implica reforzar los politécnicos, tecnológicos, colegios técnicos, entre otros. Chile, Argentina, México y Venezuela han logrado avances notables en este sentido. Estados Unidos con los Community College ofrece un ejemplo en esta dirección. Otra posibilidad es la de crear un solo plan de estudios con asignaturas optativas o diversas ramas de formación: humanidades, ciencias biológicas, comercio, artes aplicadas. Puede considerarse educación secundaria especializada, como los polimodales de Argentina y escuelas polivalentes de México. En Brasil existe un plan de estudio nacional obligatorio que cubre el 75% de las disciplinas; el resto corresponde a lo que le interesa enseñar a cada escuela en lo profesional, científico o técnico. También se puede pensar en mantener unas pocas escuelas técnicas, bien seleccionadas, vinculadas a la industria. Algunos países como Chile y El salvador han transferido algunas de sus escuelas técnicas a asociaciones empresariales e industriales.
Frente a estas nuevas corrientes, Panamá debe tomar una decisión como Estado y sociedad, creando las políticas e impulsando los proyectos que demandan los nuevos tiempos; poniendo a un lado los pequeños intereses personales, gremialistas y partidistas, y enalteciendo el inmenso valor de la educación como una responsabilidad de todas las personas, para construir una sociedad y un mundo mejor. Educar para el trabajo es educar para la vida, la paz y el desarrollo; supone avanzar hacia un nuevo modelo educativo en el que la escuela, la empresa y las comunidades sean elementos de un todo global, capaz de generar desarrollo y esperanzas para la población.
El nivel medio o segundo nivel de enseñanza es el más directamente vinculado a la formación para el trabajo. Su orientación se expresa mediante la formación de peritos y bachilleres profesionales y técnicos, destinados al mundo laboral Sin embargo, este nivel presenta múltiples debilidades y retos hacia el futuro. Un diagnóstico realizado en 1997, reflejó algunas situaciones críticas en la educación media, tales como: escasa relación entre las carreras que se ofrecen y las oportunidades de empleo; falta de correspondencia entre la formación y las destrezas y habilidades que demandan el puesto de trabajo; poca relevancia de los programas de orientación profesional, para guiar a los estudiantes en las opciones formativas más compatibles con sus capacidades y expectativas; excesivo teoricismo y poca relación entre la formación y las competencias requeridas para el empleo; una oferta fragmentada y dispersa.
La Estrategia Decenal de Modernización de la Educación Panameña, que se sustenta en la Ley 34 de 1995, propone la transformación del nivel medio, orientado a desarrollar las competencias fundamentales para acrecentar las capacidades personales y la interacción social, así como las destrezas académicas y técnicas que aseguren condiciones básicas para trabajar y seguir estudiando. Busca romper el dualismo entre lo académico y lo técnico, entre la teoría y la práctica.
En el marco de esta estrategia, se aplicó experimentalmente, durante el año 1999, el currículo del 10" grado, en un número reducido de colegios, al mismo tiempo que se trabajaba en el análisis de la alternativas curriculares de formación para el 11 y 12 grados. En esos centros se ensayarían las nuevas ofertas curriculares y pedagógicas, organizadas así: un año de núcleo común y dos diversificados en cinco áreas fundamentales para el desarrollo: un bachillerato científico y humanístico y cuatro bachilleratos en el área profesional y técnica, como eran: gestión empresarial, finanzas y comunicación; tecnología industrial, agropecuaria, y familia y desarrollo comunitario.
Esta innovación tuvo algunas dificultades relacionadas con el cambio de política educativa, la actitud de algunos docentes y sus gremios, la inducción y capacitación del personal y el monitoreo de sus actividades. La educación para el trabajo es un tema que resurge con el interés renovado que logra la educación en los años.
La educación para el trabajo no pude atribuirse con exclusividad a un tramo o nivel educativo formal en particular, pues todo el sistema, desde el preescolar, las empresas y las redes de formación profesional, deberían asumir esta responsabilidad. En un mundo en el que el conocimiento cambia vertiginosamente, las personas se ven obligadas a aprender continuamente y actualizar sus destrezas y saberes en la medida en que cambia el conocimiento y la forma de hacer las cosas dentro de sus área de trabajo, especialidad o profesión. De allí que la educación para el trabajo sea sobretodo, una educación a lo largo de la vida de las personas.
En América Latina se han venido ensayando diversas alternativas para abordar la formación para el trabajo, desde la perspectiva formal. Por ejemplo: trasladar la educación técnica a nivel de la educación postmedia, que responde al incremento y cambio en el conocimiento. Implica reforzar los politécnicos, tecnológicos, colegios técnicos, entre otros. Chile, Argentina, México y Venezuela han logrado avances notables en este sentido. Estados Unidos con los Community College ofrece un ejemplo en esta dirección. Otra posibilidad es la de crear un solo plan de estudios con asignaturas optativas o diversas ramas de formación: humanidades, ciencias biológicas, comercio, artes aplicadas. Puede considerarse educación secundaria especializada, como los polimodales de Argentina y escuelas polivalentes de México. En Brasil existe un plan de estudio nacional obligatorio que cubre el 75% de las disciplinas; el resto corresponde a lo que le interesa enseñar a cada escuela en lo profesional, científico o técnico. También se puede pensar en mantener unas pocas escuelas técnicas, bien seleccionadas, vinculadas a la industria. Algunos países como Chile y El salvador han transferido algunas de sus escuelas técnicas a asociaciones empresariales e industriales.
Frente a estas nuevas corrientes, Panamá debe tomar una decisión como Estado y sociedad, creando las políticas e impulsando los proyectos que demandan los nuevos tiempos; poniendo a un lado los pequeños intereses personales, gremialistas y partidistas, y enalteciendo el inmenso valor de la educación como una responsabilidad de todas las personas, para construir una sociedad y un mundo mejor. Educar para el trabajo es educar para la vida, la paz y el desarrollo; supone avanzar hacia un nuevo modelo educativo en el que la escuela, la empresa y las comunidades sean elementos de un todo global, capaz de generar desarrollo y esperanzas para la población.