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Educar para la vida


Es conveniente que los padres y los profesores reflexionen sobre qué es la educación y qué medios se han de utilizar para conseguirla. Un ámbito adecuado para hacerlo suelen ser las reuniones que tienen los padres con el docente o tutor de sus hijos, y las entrevistas individuales de tutoría. También deben preguntarse sobre el fin de la educación, para qué de sus trabajos y desvelos. Es decir, saber qué tipo de hombre o de mujer queremos formar. Hoy, tanto la escuela como la familia suelen disponer de medios técnicos al servicio de la educación (televisión, video, ordenadores, programas informáticos, Internet, etc.), pero con frecuencia "se olvidan" de la finalidad de la educación.
Según Decroly "el último fin de la educación es la preparación para la vida". Esta se considera tanto para la vida del niño de hoy (ser buen hijo, buen estudiante), como para la vida del hombre del futuro (buen padre, buen profesional). Ha de ser completa y no reducirla a una concepción utilitarista (prepararlos sólo para ganar dinero y tener cosas), ni a una visión hedonista de la existencia (buscar sólo el placer y la satisfacción). La preparación para la vida se podría concretar en tres aspectos: Formar a los jóvenes en la libertad y en la aceptación de la responsabilidad personal. Formarles en la solidaridad y el servicio a los demás. Aprender a llevar una vida honesta fundamentada en el ejercicio de las virtudes y valores.
Pero no basta con explicar esto a los chicos, hace falta el ejemplo de los educadores, los padres y los docentes. Víctor García Hoz afirma que "la influencia del ejemplo obliga al maestro a una estrecha conexión entre su vida personal y las razones de su vida espiritual y humana". "En todas las edades, el ejemplo tiene un poder extraordinario sobre nosotros; en la infancia es el todo" (Fenelón).
La educacar a la juventud no es tarea fácil, pero hay que reflexionar sobre ello y buscar objetivos comunes entre padres y profesores.

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