Educarnos por el cooperativismo
Escribe Eduardo Galeano que la palabra y el acto no se habían encontrado nunca. Cuando la palabra decía sí, el acto hacía no. Cuando la palabra decía no, el acto decía sí. Cuando la palabra decía más o menos, el acto hacía menos o más. Un día, la palabra y el acto se cruzaron en la calle. Como no se conocían, no se reconocieron. Como no se reconocieron, no se saludaron.
La cita resalta claramente la necesidad de la búsqueda de la coherencia entre lo que se dice y se hace, pero también quisiera aplicarla a la urgente necesidad que la educación, la juventud y el cooperativismo se saluden, se reconozcan y se articulen, con miras a acercar al país al gran objetivo del desarrollo incluyente y la democracia verdadera. Afortunadamente en el libro, El Cooperativismo Juvenil, la otra cara de la Juventud, de Ramón Rodríguez Cáceres, rema, camina y empuja en esa dirección.
Uno de los desafíos más difíciles y complejos es la reconstitución de la trama social y familiar. Al aumentar la presión económica y social se incrementa la capacidad asociativa; pero cuando la presión llega a ciertos límites, las redes se recargan y los sistemas sociales dejan de funcionar, con consecuencias desastrosas para familias y comunidades. La violencia gestada en la anomia social y en una escasa capacidad asociativa, debilita gradualmente las familias y organizaciones comunitarias.
En cambio cuando la trama es fuerte a través de una red densa de organizaciones y asociaciones (cívicas, reivindicativas, juveniles, cooperativas, iglesias, grupos de padres de familia y maestros, ligas deportivas y clubes sociales, entre otros), o cuando los valores familiares se mantienen y fortalecen, se abren más posibilidades de equidad y se producen condiciones para reducir la vulnerabilidad.
El cooperativismo debe desarrollar capacidad prepositiva, de presencia e incidencia en la sociedad, pues en la tradición de los fundadores del cooperativismo, los socios cooperativos deben hacer suyos valores éticos de honestidad, transparencia, responsabilidad y vocación social; auto ayuda, auto responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad para aportar al diseño de un desarrollo humano con economía social, solidaria, incluyente y equitativa.
En muchos centros educativos existe crisis de la comunidad educativa y el impacto de la descomposición social reinante que conduce a situaciones de violencia fuera y dentro de las aulas. Por eso hay que fomentar la ciudadanía estudiantil a través del incremento de la asociatividad juvenil en diversas formas siendo muy importante el cooperativismo juvenil. Esta experiencia sólo existe en una parte de los centros educativos, pese a que está vigente la fundamentación legal para impulsarla por parte del MEDUCA en conjunto con el movimiento cooperativo.
El cooperativismo juvenil potenciaría los valores de solidaridad, la participación activa y el ejercicio democrático en el trabajo colectivo; una estructura decisional con repartición de tareas y responsabilidades en la gestión de sus cooperativas y sus servicios, es decir, un aprendizaje básico importante para ellos.
A esta doble misión de un cooperativismo coherente con sus valores y principios, al mismo tiempo que fortalece la comunidad educativa nacional, contribuye el gran esfuerzo propositivo de este importante libro de Ramón Rodríguez que se presenta mañana en la Biblioteca Nacional, y que como buena semilla, germinará en tierras fecundas. (raulleisr@hotmail.com)