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EE.UU. y la política panameña


A pesar de haber trabajado 32 años y medio con el gobierno de EE.UU. en la antigua Zona del Canal, y haber vivido casi diez años en ese país, siempre respaldé las posiciones patrióticas panameñas. Hoy tengo muy presente que el coloso no ha cumplido su deber de sanear las muchas tierras nuestras que ocupó y contaminó.
Pero, siempre he sido admirador del pueblo norteamericano, a diferencia de sus dirigentes políticos. La gran mayoría de los norteamericanos tienen un alto sentido de justicia. Y creo que con frecuencia los panameños debemos mirar hacia el Norte para aprender las cosas buenas, por supuesto.
222La gran mayoría de los norteamericanos tienen un alto sentido de justicia. Y creo que con frecuencia los panameños debemos mirar hacia el Norte para aprender las cosas buenas, por supuesto.
El ex vicepresidente Al Gore acaba de anunciar que no será candidato en las venideras elecciones presidenciales. Sería bueno que desmenuzáramos las razones que Gore aduce para respaldar su posición. Sin embargo, me interesa mucho más ver que los políticos del patio aprendan a actuar de la misma manera, con verdadero altruismo y desprendimiento. Lamento decirlo, esto parece ser un sueño de opio.
Lo que veo, por ahora, es lo mismo de siempre: el interés personal, las prebendas, el sectarismo, el clientelismo, el nepotismo, todo dirigido por supuestos líderes que presiden grupos sin ideología, sin Dios ni Patria. No voy a repetir las críticas relativas a las reformas electorales y tributarias porque nuestros políticos nos presentan sólo saben presentarnos hechos consumados. La consulta es puro teatro. No obstante, la campaña política está en sus albores y ya habrá tiempo de hacer las puntualizaciones del caso.
Otro ejemplo que veo en EE.UU. es que se armó las de Caín porque el líder de la mayoría del Senado Norteamericano, Senador Trent Lott, hizo unas declaraciones en el la celebración de los 100 años del senador Strom Thurmond. Lott se lamentó que Thurmond hubiera perdido las elecciones presidenciales en 1948 contra Harry Truman. Sus palabras de reminiscencia de esa campaña, y las que expresó recientemente, han llevado a muchos columnistas estadounidenses a criticar el exagerado racismo, abierto o solapado, del Sen. Lott. Se debate vigorosamente si Lott debería renunciar o ser renunciado del puesto de líder de la mayoría del Senado.
De igual manera, creo que todos los panameños, y no me excluyo, debemos comenzar a combatir enérgicamente el racismo que practicamos. Lo malo es que no lo aceptamos. El primer paso para erradicar esta lacra nacional es reconocer que degradamos a muchos de nuestros ciudadanos. Creo que el ejemplo más evidente es la forma en que hablamos de nuestros hermanos afroantillanos y esto no es difícil de probar, basta con oir las sopotocientas veces que nos referimos a ellos como chombos, guacukos y watusis.
Sé que habrán muchos que utilizarán toda clase de argumentos, explicaciones y excusas. Lo que me recuerda el viejo dicho de que desde que se inventaron las excusas se acabaron los pendejos. De alguna forma me ha parecido apropiado y oportuno referirme a este problema nacional panameño, quizás porque se ha iniciado la campaña política con mucha anticipación y estaremos oyendo todas las promesas que hacen nuestros sempiternos políticos vernaculares. Y después de todo, están frescas las promesas incumplidas por ellos, por lo menos las de los últimos ochos años. ¿O no?
Cambo violentamente de tema. Leí un interesante artículo de Nicholas D. Kristof en el N.Y. Times, 17/12/02, titulado "If Saddam Were Only Brazilian" (Si Saddam fuera brasileño). Kristoff se refiere al descuido de la América Latina por parte de EE.UU. y exclama muy imaginativamente que si Saddam Hussein gobernara en Brasil y Hugo Chávez fuera a desarrollar armas nucleares, "Entonces Washington prestaría atención al incendio que hay en la puerta de al lado, lo cual nos afectará durante las siguientes dos décadas tanto como las maquinaciones de Irak." Ahí lo dejo.
Sin embargo, ninguna agencia ha solicitado su acreditación en Panamá, según informó Carmen Donna Aven. Además, aunque estén acreditadas y tramiten adopciones, hay dos requisitos fundamentales para adoptar que no pueden ser expedidos por ninguna agencia: El certificado de idoneidad para establecer que una pareja o persona es apta para adoptar y el certificado de conformidad, que emite el tribunal cuando se declara la adopción.
En este momento, nadie puede adoptar a través de una agencia, porque no hay ninguna reconocida y no pueden actuar solas. Las adopciones internacionales se dan cuando el que desee adoptar no vive en Panamá, aunque sea de nacionalidad panameña. Para investigar a los extranjeros que deseen adoptar, existe la figura de la autoridad central, que en el caso de Panamá es la Dirección de Adopciones.
Esa figura existe en otros países signatarios del convenio. Esas autoridades centrales piden apoyo entre países para que investiguen a las personas que quieren adoptar y luego de culminado el proceso, se les da un seguimiento de tres años para verificar que el menor está en buenas manos.
Casi todos los meses se solicita y se realiza el seguimiento, que incluye evaluación social, en el hogar y en la escuela; fotos, informes médicos, entre otros requisitos. Lo mismo solicita el ministerio como autoridad central de Panamá a otros países.
Esto es así porque el artículo 315 de la Ley 18 especifica que todos los niños, o adolescentes panameños, adoptados por ciudadanos de otros países, siguen bajo la dirección y asistencia del Estado panameño hasta haber alcanzado la mayoría de edad".
Desde su creación, hace un año, la Dirección de Adopciones ha recibido 77 solicitudes de adopción, incluidas las de niños regalados o las de cónyuges que quieren adoptar los hijos de su pareja.
Además, se han recibido 48 solicitudes de adopciones internacionales. La dirección ha tramitado unas 20 solicitudes de inhabilitación de los padres biológicos y se han dado en adopción unos 7 niños, mientras que hay 30 en vías de ser adoptados.
Han sido devueltos a sus familias de origen más de 40 niños. Cada trámite de adopción dura entre nueve meses y un año. "No somos un país donde hay gran cantidad de niños para dar en adopción", como en Colombia , informó la fuente.
Angel Javier estaba anotado como "niño desconocido" en la maternidad María Cantera de Remón del Hospital Santo Tomás. Fue encontrado en una cajeta, frente a un local de Calle J, en la capital, un 14 de noviembre. Fue dado de alta el 21. Estaba recién nacido, aún con el cordón umbilical colgando en su pequeño cuerpecito moreno. De la maternidad llamaron a Carmen Donna Aven, quien le hizo una camisita. "Yo me imaginé al niño morenito y dije: Este niño se va a llamar Angel y desde ese momento me dediqué a buscarle una familia", sostiene emocionada.
Un día se encontró con una enfermera en San Miguelito que le dijo que la conocía porque la vio en televisión. La funcionaria le habló de Angel. Allí terminó la conversación, al menos por el momento.
Un día recibió la llamada de una profesora que conocía a aquella enfermera y dijo estar interesada en Angel. El pequeño pasó las fiestas navideñas en el hogar de la profesora. Ella se encariñó tanto con él, que lo solicitó en adopción.
"Si hay un niño que yo no me arrepentiré nunca de haberlo colocado en esa familia es Angel", señaló la funcionaria. "Angelito no tiene siquiera una sola señal de que se haya arañado. Está gordo y hermoso y grande para la edad que tiene. Eso demuestra cuanto lo cuidan y lo quieren".
Ella le "bautizó" con el nombre de Angel Gabriel y habla de él como una madre orgullosa lo hace de su hijo. Si se le pregunta quién es su mamá, inmediatamente mira a la profesora que le ha dado amor maternal, a quien la entrevistada le pidió que no le cambiara el nombre. Angelito ya tiene un año y se apresta a pasar otra Navidad con su nueva familia.
Silvino no ha tenido la misma suerte. Sus cicatrices de las fracturas de cráneo y brazos sólo le hablan de desamor. Ojalá en esta Navidad pueda encontrar una madre y un padre que le enseñen que también hay latidos en el corazón que hablan de amor, de comprensión, de hermandad, de ternura y de solidaridad humana.

101 años de Panamá América

 
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