"Efecto dominó" de las elecciones mexicanas
México está ya en campaña electoral. Y cuando faltan escasos meses para que el país más poblado de América Latina vuelva a las urnas para elegir a su presidente, todo indica que esta vez lo hará desencantado con la democracia. De verificarse esta tendencia, la situación podría derivar en un "efecto dominó" para otros países que, en la región, están igualmente en campaña para elegir a sus gobernantes, y que no saben cómo generar grandes consensos para gobernar con seguridad.
La victoria del presidente mexicano debe ser, pues, contundente y clara. Pero será una tarea difícil, ya que algunos pronostican una participación menor del electorado en esta contienda. Algo similar ya está ocurriendo en Costa Rica, donde se están contando los votos manualmente para saber quién gobernará en nuestro país vecino.
No obstante, México tendría una mayor significación geopolítica. Ya que cualquier sombra de duda sobre la legitimidad de próximo mandatario, debilitaría el liderazgo que México ha venido jugando para los países latinoamericanos, especialmente entre los Centroamericanos.
México, ya sea por su extensa frontera común con Estados Unidos, por el NAFTA o por el tamaño de su pujante economía, se trata de un valioso representante del hemisferio en Washington. La geoestrategia que muchos países latinoamericanos han depositado en esta diplomacia, y que ejerce desde hace décadas México, se hará sentir también en Panamá, donde tenemos pendientes importantes temas como la concreción del Plan Puebla Panamá para consolidar los planes comerciales de caminos e interconexión eléctrica. Asuntos importantes para nuestra pequeña y poco autónoma economía nacional.
América Latina requiere, en un momento crucial de su historia, de un México que nos saque de la disyuntiva cruda y dura que imponen liderazgos menos populares para actuar entre los moderados, y que nos obliga a tambalearnos entre el "supuesto" liderazgo del populismo venezolano, y las siempre lejanas economías emergentes del Cono Sur, ya sea tan exitosas como las de Chile, Brasil o Argentina. No nos vendría nada mal un interlocutor diplomático mucho más cercano.
La victoria del presidente mexicano debe ser, pues, contundente y clara. Pero será una tarea difícil, ya que algunos pronostican una participación menor del electorado en esta contienda. Algo similar ya está ocurriendo en Costa Rica, donde se están contando los votos manualmente para saber quién gobernará en nuestro país vecino.
No obstante, México tendría una mayor significación geopolítica. Ya que cualquier sombra de duda sobre la legitimidad de próximo mandatario, debilitaría el liderazgo que México ha venido jugando para los países latinoamericanos, especialmente entre los Centroamericanos.
México, ya sea por su extensa frontera común con Estados Unidos, por el NAFTA o por el tamaño de su pujante economía, se trata de un valioso representante del hemisferio en Washington. La geoestrategia que muchos países latinoamericanos han depositado en esta diplomacia, y que ejerce desde hace décadas México, se hará sentir también en Panamá, donde tenemos pendientes importantes temas como la concreción del Plan Puebla Panamá para consolidar los planes comerciales de caminos e interconexión eléctrica. Asuntos importantes para nuestra pequeña y poco autónoma economía nacional.
América Latina requiere, en un momento crucial de su historia, de un México que nos saque de la disyuntiva cruda y dura que imponen liderazgos menos populares para actuar entre los moderados, y que nos obliga a tambalearnos entre el "supuesto" liderazgo del populismo venezolano, y las siempre lejanas economías emergentes del Cono Sur, ya sea tan exitosas como las de Chile, Brasil o Argentina. No nos vendría nada mal un interlocutor diplomático mucho más cercano.