Efectos de las reformas tributarias
A poco más de un mes de la entrada en vigencia de las impopulares reformas tributarias, no se han hecho esperar los efectos desastrosos que las mismas están provocando en la sociedad panameña. Muchos de los establecimientos comerciales están amparándose en estas reformas para abusar de las personas más débiles, cobrando impuestos sobre toda clase de mercancías y servicios, unos a sabiendas de que no deben cobrar el impuesto y lo cobran; otros, tal vez los menos, que no tienen claridad sobre lo que debe ser objeto del impuesto.
Los restaurantes ya están sintiendo la disminución de su clientela; las personas que ganan hasta 800 balboas y que, supuestamente, se beneficiarían con el no pago de impuesto sobre la renta, ya están protestando porque lo que no pagan en dicho impuesto deben pagarlo con creces en otros servicios en el supermercado, en los restaurantes, en la peluquería, servicios legales, técnicos, etc.; así que han podido constatar que los beneficios que se les prometió no son más que una falacia.
Por ello, esta ley de reformas tributarias constituye una legislación que en vez de reactivar la maltrecha economía panameña, ahuyentará la inversión extranjera y tendrá efectos inflacionarios al provocar el aumento de precios en la canasta básica familiar, así como en diferentes bienes de consumo. Impactará en los niveles de inflación, provocando más desempleo y desequilibrio social, dando por resultado, como dice el refrán, que la medicina resulte más dañina que la enfermedad.
La ley sobre reformas tributarias, mal llamada ley "que dicta medidas de reordenamiento y simplificación del sistema tributario", no es más que un ajuste para poder salir del déficit fiscal de un gobierno que gasta más de lo que recauda y que pretende recuperarse del mismo, recaudando más. Pero de cualquier forma, y ante la incapacidad para generar ideas y soluciones, recurre a los bolsillos de los/as contribuyentes para ajustarnos y extraernos hasta el último centavo, a quienes siempre hacemos los sacrificios y resultamos perjudicados al tener que pagar los impuestos.
La imposición de estas reformas tributarias es producto de un gobierno que, supuestamente, prometió favorecer al pueblo; sin embargo no ha hecho otra cosa que elevar los niveles de pobreza, de hambre y desnutrición, de desempleo, de inseguridad jurídica, de violencia, de corrupción y de inequidad social. Ojalá todo esto nos sirva de experiencia para madurar políticamente y a la hora de escoger a nuestros gobernantes en la próxima contienda electoral, escojamos a las personas más capacitadas paga gobernar para el pueblo y no contra el pueblo.
Los restaurantes ya están sintiendo la disminución de su clientela; las personas que ganan hasta 800 balboas y que, supuestamente, se beneficiarían con el no pago de impuesto sobre la renta, ya están protestando porque lo que no pagan en dicho impuesto deben pagarlo con creces en otros servicios en el supermercado, en los restaurantes, en la peluquería, servicios legales, técnicos, etc.; así que han podido constatar que los beneficios que se les prometió no son más que una falacia.
Por ello, esta ley de reformas tributarias constituye una legislación que en vez de reactivar la maltrecha economía panameña, ahuyentará la inversión extranjera y tendrá efectos inflacionarios al provocar el aumento de precios en la canasta básica familiar, así como en diferentes bienes de consumo. Impactará en los niveles de inflación, provocando más desempleo y desequilibrio social, dando por resultado, como dice el refrán, que la medicina resulte más dañina que la enfermedad.
La ley sobre reformas tributarias, mal llamada ley "que dicta medidas de reordenamiento y simplificación del sistema tributario", no es más que un ajuste para poder salir del déficit fiscal de un gobierno que gasta más de lo que recauda y que pretende recuperarse del mismo, recaudando más. Pero de cualquier forma, y ante la incapacidad para generar ideas y soluciones, recurre a los bolsillos de los/as contribuyentes para ajustarnos y extraernos hasta el último centavo, a quienes siempre hacemos los sacrificios y resultamos perjudicados al tener que pagar los impuestos.
La imposición de estas reformas tributarias es producto de un gobierno que, supuestamente, prometió favorecer al pueblo; sin embargo no ha hecho otra cosa que elevar los niveles de pobreza, de hambre y desnutrición, de desempleo, de inseguridad jurídica, de violencia, de corrupción y de inequidad social. Ojalá todo esto nos sirva de experiencia para madurar políticamente y a la hora de escoger a nuestros gobernantes en la próxima contienda electoral, escojamos a las personas más capacitadas paga gobernar para el pueblo y no contra el pueblo.