EI idioma inglés
Está en discusión pública el uso del inglés como segundo idioma de Panamá. Se han expuesto toda clase de argumentos. Unos, con criterio legalista, hablan de la inconstitucionalidad de la medida. Otros lo atacan por el lado del nacionalismo, y los hay también que aluden, para oponerse, a razones prácticas.
Es bueno recordar que en el siglo XIX y hasta mediados del XX, el francés era el idioma que la diplomacia mundial utilizaba como el oficial. Sin embargo, en las postrimerías del siglo pasado, el inglés desplazó al francés como el idioma de preferencia universal. Razones básicamente comerciales dieron origen al cambio. Hoy día en casi todas las partes del mundo el inglés es el idioma que facilita la comunicación entre las naciones y también entre las personas. En los hoteles, aviones, museos, etc., el inglés constituye el segundo idioma y los países más diversos y aún antagónicos con Estados Unidos lo utilizan cada vez más. En Cuba, por ejemplo, es obligatorio su aprendizaje en las escuelas.
El proyecto de oficialización del inglés presentado por el legislador Arturo Araúz, que tanta polémica ha causado, en mi concepto, es bueno. Todo lo que contribuya a mejorar el nivel cultural debe ser estimulado. Sin embargo, el proyecto aludido es prematuro por no contar el país en la actualidad con el personal adecuado en número y tampoco con la preparación necesaria para hacer efectivo un propósito como el que se persigue. Sería muy conveniente por lo anterior que se diera un término tal vez de 3 a 5 años para que el proyecto se ponga en vigencia. Se daría así un tiempo apropiado para que los panameños en buen número se perfeccionaran en el inglés y puedan estar en condiciones de reemplazar a los traductores oficiales que venían haciendo esta labor y a quienes se perjudicaría si de la noche a la mañana se produce ese cambio sin haberles dado el tiempo adecuado para que puedan ajustar sus ingresos en otras actividades. Estos cambios en las costumbres no son casos aislados al idioma. El dinero también lo ha sido. En antaño el franco francés, después fue la libra esterlina inglesa y ahora es el dólar norteamericano el que prevalece en la mayoría de las transacciones. Es muy posible que mañana lo sea el "euro" de la comunidad europea que cada día se fortalece más. No obstante, hoy todo gira y se relaciona al valor del dólar. Su alza o baja repercuten en las economías de casi todas las naciones.
Panamá tiene que ajustarse a las corrientes que prevalecen en el mundo y no pretender que por una xenofobia permanezcamos inmutables. Afortunadamente para nosotros ha sido el dólar desde la fundación de la República nuestra moneda de curso legal, equiparada al balboa. Hoy otras economías, sobre todo en América Latina, tratan de "dolarizarse".
Es bueno recordar que en el siglo XIX y hasta mediados del XX, el francés era el idioma que la diplomacia mundial utilizaba como el oficial. Sin embargo, en las postrimerías del siglo pasado, el inglés desplazó al francés como el idioma de preferencia universal. Razones básicamente comerciales dieron origen al cambio. Hoy día en casi todas las partes del mundo el inglés es el idioma que facilita la comunicación entre las naciones y también entre las personas. En los hoteles, aviones, museos, etc., el inglés constituye el segundo idioma y los países más diversos y aún antagónicos con Estados Unidos lo utilizan cada vez más. En Cuba, por ejemplo, es obligatorio su aprendizaje en las escuelas.
El proyecto de oficialización del inglés presentado por el legislador Arturo Araúz, que tanta polémica ha causado, en mi concepto, es bueno. Todo lo que contribuya a mejorar el nivel cultural debe ser estimulado. Sin embargo, el proyecto aludido es prematuro por no contar el país en la actualidad con el personal adecuado en número y tampoco con la preparación necesaria para hacer efectivo un propósito como el que se persigue. Sería muy conveniente por lo anterior que se diera un término tal vez de 3 a 5 años para que el proyecto se ponga en vigencia. Se daría así un tiempo apropiado para que los panameños en buen número se perfeccionaran en el inglés y puedan estar en condiciones de reemplazar a los traductores oficiales que venían haciendo esta labor y a quienes se perjudicaría si de la noche a la mañana se produce ese cambio sin haberles dado el tiempo adecuado para que puedan ajustar sus ingresos en otras actividades. Estos cambios en las costumbres no son casos aislados al idioma. El dinero también lo ha sido. En antaño el franco francés, después fue la libra esterlina inglesa y ahora es el dólar norteamericano el que prevalece en la mayoría de las transacciones. Es muy posible que mañana lo sea el "euro" de la comunidad europea que cada día se fortalece más. No obstante, hoy todo gira y se relaciona al valor del dólar. Su alza o baja repercuten en las economías de casi todas las naciones.
Panamá tiene que ajustarse a las corrientes que prevalecen en el mundo y no pretender que por una xenofobia permanezcamos inmutables. Afortunadamente para nosotros ha sido el dólar desde la fundación de la República nuestra moneda de curso legal, equiparada al balboa. Hoy otras economías, sobre todo en América Latina, tratan de "dolarizarse".