EIA y el bienestar del país
El 3 de agosto, viendo uno de los noticieros de la mañana, en el cual se presenta un segmento de reclamos de la comunidad, la ViceMinistra de Obras Publicas explicaba a los representantes de una comunidad de Juan Díaz, los motivos por los cuales no era posible la construcción de un paso elevado peatonal, exigidos por ellos. Entre otras cosas señalaba la exigencia de un Estudio de Impacto Ambiental (EIA), cuyos costos y tramites de aprobación imposibilitaban la realización de la obra requerida en los próximos meses; por lo que ella lamentaba la situación e informaba que para el próximo año la misma sería una realidad. Los representantes de la comunidad, con un acertado comentario, le indicaron que los vehículos que transitaban el área no se detendrían hasta el próximo año. Dicha noticia me llevó a reflexionar sobre lo señalado en la Asamblea Legislativa por Don Gerardo González, Honorable Legislador; al momento que se reformaba el artículo 7 de la Ley 1 de 1994 (Ley Forestal) y se convertía en la Ley 30 de 1994 sobre Estudios de Impacto Ambiental. Don Gerardo, con esa personalidad muy propia, manifestó sus aprensiones sobre la nueva Ley a los funcionarios del INRENARE que estábamos presente en el recinto parlamentario y terminó sus comentarios con una frase que quedó grabada en mí memoria: "Ahora, hasta para hacerme un ranchito en la montaña tendré que hacer un estudio, ¡qué vaina la de ustedes.!"; y es que en ese momento la ley promovía el concepto de que toda actividad humana sería sujeta a la presentación y posterior aprobación de un EIA, para poder ser desarrollada.
Los EIA son el producto de los términos de referencias ambientales que los agencias financieras internacionales impusieron a los países en vía de desarrollo a principio de la década de los ´80 para respaldar los préstamos o donaciones que se otorgaban para determinado proyecto y surgen a raíz de los frecuentes cuestionamientos que los grupos ambientales en el mundo hacían sobre las grandes obras de desarrollo a costa del medio natural. Como toda moda, fue en algunos casos copiados íntegramente y en otros adaptados a las necesidades o peculiaridades nacionales. Hoy observamos que en Panamá toda la gestión ambiental gira en torno a los EIA, con o sin razón y en muchas ocasiones son la excusa perfecta para no hacer o no dejar hacer.
En el caso de la noticia que motiva mi reflexión, las cámaras de televisión mostraban un área comercial con una vía de transito rápido, sin ninguna vegetación, fuente de agua, vida silvestre u otra especie que preservar, salvo la humana; la cual podría verse afectada por las emanaciones tóxicas de los vehículos al momento de usar el paso elevado peatonal, ¿será esa la razón para exigir un EIA?.
Los EIA son el producto de los términos de referencias ambientales que los agencias financieras internacionales impusieron a los países en vía de desarrollo a principio de la década de los ´80 para respaldar los préstamos o donaciones que se otorgaban para determinado proyecto y surgen a raíz de los frecuentes cuestionamientos que los grupos ambientales en el mundo hacían sobre las grandes obras de desarrollo a costa del medio natural. Como toda moda, fue en algunos casos copiados íntegramente y en otros adaptados a las necesidades o peculiaridades nacionales. Hoy observamos que en Panamá toda la gestión ambiental gira en torno a los EIA, con o sin razón y en muchas ocasiones son la excusa perfecta para no hacer o no dejar hacer.
En el caso de la noticia que motiva mi reflexión, las cámaras de televisión mostraban un área comercial con una vía de transito rápido, sin ninguna vegetación, fuente de agua, vida silvestre u otra especie que preservar, salvo la humana; la cual podría verse afectada por las emanaciones tóxicas de los vehículos al momento de usar el paso elevado peatonal, ¿será esa la razón para exigir un EIA?.