El 1 de julio del 2009
Nos referimos al evento del “cambio de guardia” en la administración del futuro de la nación.
Tras una aguerrida campaña política electoral en que se mostró el cobre de lo que somos y no todo se hizo con el cuidado que convenía, ya que surgió el problema de panameños candidatos a puestos de elección con doble nacionalidad cuyos pasaportes “no se encuentran” y los siguen buscando, por fin se llegó al momento solemne de la inauguración de la nueva administración en un acto bien preparado pero con la mácula de que como siempre, el horario prefijado no se pudo cumplir por el mecanismo dilatorio de la augusta Asamblea de diputados con la elección de los nuevos directivos.
En una visión de conjunto, todo se cumplió como se había preparado. Pero como ocurre siempre, hubo imprevistos. La inesperada visita del mandatario hondureño depuesto y deportado que en un acto de afirmación de su cargo para el cual fue electo, quien vino a buscar el respaldo para su difícil retorno, ya que está por encima de todo la norma del no intervencionismo de cualquier clase, pero que a todas luces los países democráticos se aglutinan para convencer al pueblo hondureño que alegan, al menos en una parte de la población, que el susodicho mandatario se hizo meritorio a lo que le sucedió.
El otro suceso también misterioso que le sirvió de excusa para su inasistencia al jefe de gobierno de Nicaragua, es la muerte súbita del alcalde de Managua, antiguo campeón pugilista conocido en nuestro medio. Y para terminar de adornar todo el espectáculo del 1 de julio, la gentileza del actual presidente de visitar al ex presidente enfermo y sometido a diálisis.
A esto se le suma la oportuna invocación al Señor hecha por el señor Arzobispo donde invitó a todos los asistentes a encontrar a Dios en los corazones de todos los asistentes para darse cuenta de que “Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles” del Salmo. Luego, los magníficos discursos tanto del presidente de la Asamblea Nacional, quien se atrevió a hablar de los privilegios de los diputados y de las reformas que son algo que necesita este poder para devolverle la credibilidad.
Finalmente, el sencillo discurso del nuevo Presidente del país que no se dedicó a criticar la administración pasada como es y aun lugar común, y habló de sus convicciones y de la prioridad de los intereses del pueblo que son los de la patria y no los de los miembros del partido que suelen siempre estar de por medio para la toma de decisiones sin miedo al costo político que mira a la perpetuación en el poder, vicio que atormenta a todas administraciones del continente.