El 15 de diciembre
Es la fecha en que vence el acuerdo entre la Sra. Presidenta y los transportistas para aumentar o no la tarifa del transporte colectivo. Existen opiniones encontradas sobre si deben o no aumentar a 25 centavos la carrera; sin embargo, otros dicen que no y esos otros son los usuarios, los más llamados a opinar sobre el particular. Si les preguntan a los transportistas, dirán que todo está en orden y que están listos, o para el aumento o para ir a una huelga. ¡Qué descaro!
En vista de esta dualidad de criterio, decidí conversar con una persona que viaja diariamente en buses y que considero el más apropiado para que me dé su opinión. Me comentaba que el transporte colectivo es tan desastroso, que no puede nunca aumentarse el precio del pasaje.
Me cuenta que los conductores no tienen la ropa adecuada ni uniformes para llamarse tales. Cuando los pasajeros suben a los buses lo hacen bajo su propia responsabilidad y a expensas del vocabulario de cloaca de los conductores. Insultan a hombres y a damas con palabras soeces, no dignas de ser escuchadas por los niños que viajan también en los buses. No se les ocurra pedirles que bajen el volumen de los radios porque entonces sí escuchan lo bonito y les ordenan abandonar el vehículo, so pena de tomar represalias.
Permiten que suban maleantes, roben y falten el respeto a hombres y damas. El aspecto de los buses es de pánico y espanto, pues los asientos están destartalados, con los alambres salidos que rompen la ropa, el aspecto es de destartalamiento; llenan los buses de pasajeros hasta más no poder, frenan cuando mejor se les ocurre y la gente pierde el equilibrio yendo a parar al parabrisa del bus. Ay del pobre pasajero si lo rompe, pues tiene que pagarlo.
Pienso qué pensarán los conductores, si los pasajeros que viajan en ese momento son borregos o ganado. Pero, lo que me llama la atención es que tratan mal a la gente de su mismo nivel social. Si le tuvieran rabia a ricos que viajan allí, lo comprendo porque les saldría el complejo de inferioridad. Pero, psicológicamente hablando, cuando están frente a un gran camión, creen que tienen al Diablo cogido por el rabo y embaten contra la pobre gente que tiene que viajar con ellos.
Me contaban que la grosería reina en estos conductores y la mala educación es insuperable. Me pregunto, ¿están estos señores en condiciones de exigir aumento de la tarifa del pasaje o deben sentir vergüenza de solicitarlo. Ahora, no sólo es mejorar el aspecto de los buses; es mejorar al conductor; no sé si con capacitación, con educación.
En cuanto a las autoridades, ¿cómo permiten que niños menores de 25 años manejen buses? Eso es responsabilidad de las autoridades. En fin, Sra. Presidenta, no les conceda el permiso para aumentar la tarifa. Manténgase firme, que tiene el apoyo de todo un pueblo, utilice o no los buses. ¿Quieren hacer huelga? Que la hagan; todos la apoyaremos y bájeles, de una vez por todas, los humos a los transportistas, sean dueños o conductores.
En vista de esta dualidad de criterio, decidí conversar con una persona que viaja diariamente en buses y que considero el más apropiado para que me dé su opinión. Me comentaba que el transporte colectivo es tan desastroso, que no puede nunca aumentarse el precio del pasaje.
Me cuenta que los conductores no tienen la ropa adecuada ni uniformes para llamarse tales. Cuando los pasajeros suben a los buses lo hacen bajo su propia responsabilidad y a expensas del vocabulario de cloaca de los conductores. Insultan a hombres y a damas con palabras soeces, no dignas de ser escuchadas por los niños que viajan también en los buses. No se les ocurra pedirles que bajen el volumen de los radios porque entonces sí escuchan lo bonito y les ordenan abandonar el vehículo, so pena de tomar represalias.
Permiten que suban maleantes, roben y falten el respeto a hombres y damas. El aspecto de los buses es de pánico y espanto, pues los asientos están destartalados, con los alambres salidos que rompen la ropa, el aspecto es de destartalamiento; llenan los buses de pasajeros hasta más no poder, frenan cuando mejor se les ocurre y la gente pierde el equilibrio yendo a parar al parabrisa del bus. Ay del pobre pasajero si lo rompe, pues tiene que pagarlo.
Pienso qué pensarán los conductores, si los pasajeros que viajan en ese momento son borregos o ganado. Pero, lo que me llama la atención es que tratan mal a la gente de su mismo nivel social. Si le tuvieran rabia a ricos que viajan allí, lo comprendo porque les saldría el complejo de inferioridad. Pero, psicológicamente hablando, cuando están frente a un gran camión, creen que tienen al Diablo cogido por el rabo y embaten contra la pobre gente que tiene que viajar con ellos.
Me contaban que la grosería reina en estos conductores y la mala educación es insuperable. Me pregunto, ¿están estos señores en condiciones de exigir aumento de la tarifa del pasaje o deben sentir vergüenza de solicitarlo. Ahora, no sólo es mejorar el aspecto de los buses; es mejorar al conductor; no sé si con capacitación, con educación.
En cuanto a las autoridades, ¿cómo permiten que niños menores de 25 años manejen buses? Eso es responsabilidad de las autoridades. En fin, Sra. Presidenta, no les conceda el permiso para aumentar la tarifa. Manténgase firme, que tiene el apoyo de todo un pueblo, utilice o no los buses. ¿Quieren hacer huelga? Que la hagan; todos la apoyaremos y bájeles, de una vez por todas, los humos a los transportistas, sean dueños o conductores.