El 2006, año de la justicia en Panamá
EL hombre y la mujer panameños del campo y de la ciudad han adquirido una idea justa de su situación y quieren salir de ella modificando las condiciones que la determinan. Analizan en sus grandes líneas el panorama de la economía nacional, conscientes de que la debilidad de ésta engendra su propia inseguridad; saben ver dónde reside esa debilidad y no se les escapan los factores tanto internos como externos que conspiran para acentuarla.
Por otra parte, no podría negarse que las ideologías enemigas de la libertad explotan en su provecho tal sentimiento y hacen todo lo que está en sus manos para intensificarlo y extenderlo, como asimismo que trabajan sistemáticamente para agravar las dificultades existentes y obstruir su solución. Sus procedimientos de infiltración, su prédica confusionista y sus tácticas agitadoras prosperan como sobre terreno abonado allí donde hay miseria y descontento. Pero los pueblos, como el nuestro, no resultan culpables si su justo anhelo de mejores condiciones de vida y sus desoídas demandas son aprovechadas por los empresarios del caos y los aspirantes a dictadores. La culpa está en quienes, conforme reza la vieja sentencia, tienen ojos y no ven, tienen oídos y no escuchan.
Para que la justicia en Panamá no pierda su majestad y su omnipotencia, y deje de ser una simple enunciación principista, quienes están encargados de administrarla, concederla y aplicarla, han de obrar con probidad, con honradez, con ecuanimidad y con entereza, permaneciendo inmunes a la venalidad, impermiables a la prebenda, incontaminados de mezquinos prejuicios e imbuidos de una probada rectitud moral que garantice la equidad del juicio, el confinamiento de las pasiones y la repulsa del soborno y el prevaricato.
La justicia en términos de códigos aparece mucho más compleja, su estudio es objeto de la ciencia especial del derecho y su aplicación corresponde a autoridades encargadas. En los códigos y leyes establecidos en Panamá, como en otros países, se hallan no sólo los principios fundamentales de la justicia sino toda una serie de normas que provienen de ellos para las diversas circunstancias de la vida. Por eso todas las leyes vigentes merecen el respeto de todos los amantes de la justicia. Para la aplicación de la justicia se han creado diversos órganos a través de la historia. Ejemplos: la Corte Suprema de Justicia, el Ministerio Público, los Tribunales donde actúan los jueces y abogados para defender o condenar al que ha sido acusado de infringirla, etc.
Es urgente y necesario que solidifiquemos el imperio de la justicia en Panamá, para que los hombres y mujeres --nacionales y extranjeros que habitan nuestro suelo-- se sientan más seguros de sus vidas y más enamorados de la existencia. Porque la justicia es una seguridad de paz y de orden y una garantía para la estabilidad personal y general. Empero, aunque el concepto de justicia sea claro, en la práctica no siempre aparece con la misma claridad cuando se comete una injusticia; pero el conocimiento de los derechos humanos ayuda a dar luz en estos casos. Tenemos que erradicar de raíz todo vestigio de corrupción en el país (en la administración pública, en la empresa privada y, especialmente, en nuestros tribunales de justicia, toda vez que un tribunal sin solvencia moral, sin rigidez y sin conciencia funcional --como ha ocurrido y ocurre con frecuencia en algunos tribunales de justicia en Panamá-- es un estigma para un pueblo como el nuestro y un signo de decadencia en el proceso de la civilización.
Y contra la prédica negativa de los escépticos y los materialistas, hay que exaltar la fe en los valores éticos de una conducta idealista y honrada. Porque el éxito de los inmorales, arribistas y corruptos, de los que sólo van tras el logro de ventajas personales y para obtenerlas en el más breve plazo no vacilan en echar por la borda todo escrúpulo, es siempre efímera. La historia panameña está llena de ejemplos: lo que se levanta sobre el dolo y la corrupción, tarde o temprano se derrumba como un castillo de naipes; y aunque ese derrumbe material no se produzca, a los que disfrutan una riqueza mal habida o alcanzan posiciones con engaño les está reservado un castigo que, como se ha dicho con fuerza de verdad, la vergüenza está en el delito y no en el cadalso.
Panameños y panameñas esperamos confiados en que los esfuerzos que se hacen para adecentar la administración de justicia, que incluye las campañas sistemáticas de denuncias en contra de la corrupción y la violencia generalizada llevadas a cabo por los medios de comunicación, sumadas a las investigaciones y acciones que adelantan el Minisiterio Público, la Policía Nacional, lo comunicadores sociales, los clubes cívicos, la empresa privada y la sociedad panameña en su conjunto, se vean coronados por el éxito en este nuevo año 2006. ¡Todo por el bien común, por la paz y la felicidad de los asociados -nacionales y extranjeros- que convivimos en esta hermosa tierra bendecida por Dios, llamada con orgullo Panamá!
(* Profesor de Chapman University y académico asociado de Cato Institute. © www.aipenet.com)
Por otra parte, no podría negarse que las ideologías enemigas de la libertad explotan en su provecho tal sentimiento y hacen todo lo que está en sus manos para intensificarlo y extenderlo, como asimismo que trabajan sistemáticamente para agravar las dificultades existentes y obstruir su solución. Sus procedimientos de infiltración, su prédica confusionista y sus tácticas agitadoras prosperan como sobre terreno abonado allí donde hay miseria y descontento. Pero los pueblos, como el nuestro, no resultan culpables si su justo anhelo de mejores condiciones de vida y sus desoídas demandas son aprovechadas por los empresarios del caos y los aspirantes a dictadores. La culpa está en quienes, conforme reza la vieja sentencia, tienen ojos y no ven, tienen oídos y no escuchan.
Para que la justicia en Panamá no pierda su majestad y su omnipotencia, y deje de ser una simple enunciación principista, quienes están encargados de administrarla, concederla y aplicarla, han de obrar con probidad, con honradez, con ecuanimidad y con entereza, permaneciendo inmunes a la venalidad, impermiables a la prebenda, incontaminados de mezquinos prejuicios e imbuidos de una probada rectitud moral que garantice la equidad del juicio, el confinamiento de las pasiones y la repulsa del soborno y el prevaricato.
La justicia en términos de códigos aparece mucho más compleja, su estudio es objeto de la ciencia especial del derecho y su aplicación corresponde a autoridades encargadas. En los códigos y leyes establecidos en Panamá, como en otros países, se hallan no sólo los principios fundamentales de la justicia sino toda una serie de normas que provienen de ellos para las diversas circunstancias de la vida. Por eso todas las leyes vigentes merecen el respeto de todos los amantes de la justicia. Para la aplicación de la justicia se han creado diversos órganos a través de la historia. Ejemplos: la Corte Suprema de Justicia, el Ministerio Público, los Tribunales donde actúan los jueces y abogados para defender o condenar al que ha sido acusado de infringirla, etc.
Es urgente y necesario que solidifiquemos el imperio de la justicia en Panamá, para que los hombres y mujeres --nacionales y extranjeros que habitan nuestro suelo-- se sientan más seguros de sus vidas y más enamorados de la existencia. Porque la justicia es una seguridad de paz y de orden y una garantía para la estabilidad personal y general. Empero, aunque el concepto de justicia sea claro, en la práctica no siempre aparece con la misma claridad cuando se comete una injusticia; pero el conocimiento de los derechos humanos ayuda a dar luz en estos casos. Tenemos que erradicar de raíz todo vestigio de corrupción en el país (en la administración pública, en la empresa privada y, especialmente, en nuestros tribunales de justicia, toda vez que un tribunal sin solvencia moral, sin rigidez y sin conciencia funcional --como ha ocurrido y ocurre con frecuencia en algunos tribunales de justicia en Panamá-- es un estigma para un pueblo como el nuestro y un signo de decadencia en el proceso de la civilización.
Y contra la prédica negativa de los escépticos y los materialistas, hay que exaltar la fe en los valores éticos de una conducta idealista y honrada. Porque el éxito de los inmorales, arribistas y corruptos, de los que sólo van tras el logro de ventajas personales y para obtenerlas en el más breve plazo no vacilan en echar por la borda todo escrúpulo, es siempre efímera. La historia panameña está llena de ejemplos: lo que se levanta sobre el dolo y la corrupción, tarde o temprano se derrumba como un castillo de naipes; y aunque ese derrumbe material no se produzca, a los que disfrutan una riqueza mal habida o alcanzan posiciones con engaño les está reservado un castigo que, como se ha dicho con fuerza de verdad, la vergüenza está en el delito y no en el cadalso.
Panameños y panameñas esperamos confiados en que los esfuerzos que se hacen para adecentar la administración de justicia, que incluye las campañas sistemáticas de denuncias en contra de la corrupción y la violencia generalizada llevadas a cabo por los medios de comunicación, sumadas a las investigaciones y acciones que adelantan el Minisiterio Público, la Policía Nacional, lo comunicadores sociales, los clubes cívicos, la empresa privada y la sociedad panameña en su conjunto, se vean coronados por el éxito en este nuevo año 2006. ¡Todo por el bien común, por la paz y la felicidad de los asociados -nacionales y extranjeros- que convivimos en esta hermosa tierra bendecida por Dios, llamada con orgullo Panamá!
(* Profesor de Chapman University y académico asociado de Cato Institute. © www.aipenet.com)