El 4 de Julio
Es la fecha símbolo de la Independencia de Estados Unidos (EU), y que recoge el fervor de las distintas colonias que se fundaron en Norteamérica por alcanzar una unión de Estados para asegurar un régimen de derecho con una normativa básica en una ley común y que tuviese como fundamento el respeto a la libertad y a los derechos humanos. Esto pasó por el filtro de guerras internas, de liberación de esclavos, de respeto a los derechos humanos de asegurarse de que nadie, absolutamente nadie, esté por encima de las normas vigentes del derecho. Paralelo a estos fundamentos, los Estados convinieron en darse gobiernos democráticos, entendiéndose por tales, un gobierno de las mayorías, pero con respeto a los derechos de las minorías. Esta democracia fue pilar fundamental de la vida política, socioeconómica y cultural de EU. Esta participación ciudadana ha dado grandeza a esta nación que con el devenir de los años, se ha constituido en la única superpotencia del mundo y prácticamente la de mayor influencia en todas las naciones ejerciendo en la práctica una promoción constante de las ideas y programas civilistas y democráticos, aunque para ello mantenga numerosos ejércitos en casi todos los confines del mundo.
Es indudable que ni la Alemania de Hitler o la Italia de Mussolini o el Japón militarista hubiesen podido desarrollar, a parte de una dictadura feroz e inhumana, un plan Marshall de recuperación socioeconómica y cultural apenas pasada la última conflagración que encendiera a Europa y el Asia. Otras hubiesen sido las cosas si la historia se hubiera escrito al revés
La fuerza del sistema capitalista y democrático norteamericano empujó un carro de progreso inaudito dentro y fuera de sus fronteras. El capitalismo con justicia social opuesto al totalitarismo de la unión de la República Socialista Soviética triunfó sobre esta dictadura que resquebrajó en numerosos Estados a la única potencia que militarmente intentaba equipararse a Estados Unidos. Este desmembramiento que tenía como base no una unión consensuada de naciones sino la imposición dictatorial sobre países que buscaban su propia libertad y autonomía, dejó el patio llano para que Norteamérica poco a poco iniciara un control, hasta el momento imparable, del globo terráqueo.
Panamá, un país de apenas tres millones de habitantes, no puede ni podrá evadirse de esta influencia superior. Es un hecho que sólo los ciegos o voluntariosamente tercos quieren desconocer. Gracias a Dios constituyen en nuestro país una minoría ínfima.
Nos hemos cansado de pedir a través de los años un referéndum que nos indique si el pueblo panameño está de acuerdo o no con una relación de cooperación, al más alto margen, con EU. Toda la fuerzas, incluyendo las que dominaron al país durante la dictadura militar, las que se atrevieron a retar locamente al coloso del norte y que fueran expulsadas del poder por una invasión que ellos mismos provocaron, disimulan hasta el máximo sus enconos y rencores. No obstante, saben que están en desventaja pese a la propaganda vocinglera y a la alharaca que constantemente docenas de aberrantes practican de vez en cuando en algunas de nuestras calles. Aquí hay un pueblo que quiere un entendimiento de cooperación con los gringos y eso ellos lo saben, y que para protegerse de mentes comunistoides nos metieron un tratado de neutralidad, a perpetuidad, que les da un derecho jurídico de intervención que reconoció el mismo autor de los tratados canaleros de 1977. Esta soberanía y jurisdicción potencialmente mediatizada podemos conservarla si, como lo dijo el mismo autor de estos tratados, sabemos administrar con responsabilidad esos instrumentos.
Este 4 de julio nos encuentra bajo ese mismo paraguas del Pentágono, pero con un gobierno panameño que comienza a entender la necesidad que tenemos de cooperación con Estados Unidos de América. Aunque nos esté enviando a una nueva embajadora con experiencia en el Comando Sur, cuyas instalaciones estuvieron en Panamá casi toda nuestra era Republicana, en nuestra opinión vamos en la dirección correcta y es posible que en el momento oportuno, por nuestra madurez y responsabilidad, podamos zafarnos de estos tratados. Damos la bienvenida a la nueva Embajadora Linda Waltt y dejamos constancia del buen trabajo que el último año han desarrollado los más altos ejecutivos de la Embajada de Estados Unidos en Panamá.
(francontab@sinfo.net)
En cuanto a Alberto, he averiguado que se encuentra en el exterior, pero puede usted tener la seguridad que la trayectoria de toda una vida no va ser empañada por Alberto tolerando una corrupción que usted dice temer.
Es indudable que ni la Alemania de Hitler o la Italia de Mussolini o el Japón militarista hubiesen podido desarrollar, a parte de una dictadura feroz e inhumana, un plan Marshall de recuperación socioeconómica y cultural apenas pasada la última conflagración que encendiera a Europa y el Asia. Otras hubiesen sido las cosas si la historia se hubiera escrito al revés
La fuerza del sistema capitalista y democrático norteamericano empujó un carro de progreso inaudito dentro y fuera de sus fronteras. El capitalismo con justicia social opuesto al totalitarismo de la unión de la República Socialista Soviética triunfó sobre esta dictadura que resquebrajó en numerosos Estados a la única potencia que militarmente intentaba equipararse a Estados Unidos. Este desmembramiento que tenía como base no una unión consensuada de naciones sino la imposición dictatorial sobre países que buscaban su propia libertad y autonomía, dejó el patio llano para que Norteamérica poco a poco iniciara un control, hasta el momento imparable, del globo terráqueo.
Panamá, un país de apenas tres millones de habitantes, no puede ni podrá evadirse de esta influencia superior. Es un hecho que sólo los ciegos o voluntariosamente tercos quieren desconocer. Gracias a Dios constituyen en nuestro país una minoría ínfima.
Nos hemos cansado de pedir a través de los años un referéndum que nos indique si el pueblo panameño está de acuerdo o no con una relación de cooperación, al más alto margen, con EU. Toda la fuerzas, incluyendo las que dominaron al país durante la dictadura militar, las que se atrevieron a retar locamente al coloso del norte y que fueran expulsadas del poder por una invasión que ellos mismos provocaron, disimulan hasta el máximo sus enconos y rencores. No obstante, saben que están en desventaja pese a la propaganda vocinglera y a la alharaca que constantemente docenas de aberrantes practican de vez en cuando en algunas de nuestras calles. Aquí hay un pueblo que quiere un entendimiento de cooperación con los gringos y eso ellos lo saben, y que para protegerse de mentes comunistoides nos metieron un tratado de neutralidad, a perpetuidad, que les da un derecho jurídico de intervención que reconoció el mismo autor de los tratados canaleros de 1977. Esta soberanía y jurisdicción potencialmente mediatizada podemos conservarla si, como lo dijo el mismo autor de estos tratados, sabemos administrar con responsabilidad esos instrumentos.
Este 4 de julio nos encuentra bajo ese mismo paraguas del Pentágono, pero con un gobierno panameño que comienza a entender la necesidad que tenemos de cooperación con Estados Unidos de América. Aunque nos esté enviando a una nueva embajadora con experiencia en el Comando Sur, cuyas instalaciones estuvieron en Panamá casi toda nuestra era Republicana, en nuestra opinión vamos en la dirección correcta y es posible que en el momento oportuno, por nuestra madurez y responsabilidad, podamos zafarnos de estos tratados. Damos la bienvenida a la nueva Embajadora Linda Waltt y dejamos constancia del buen trabajo que el último año han desarrollado los más altos ejecutivos de la Embajada de Estados Unidos en Panamá.
(francontab@sinfo.net)
En cuanto a Alberto, he averiguado que se encuentra en el exterior, pero puede usted tener la seguridad que la trayectoria de toda una vida no va ser empañada por Alberto tolerando una corrupción que usted dice temer.