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El 4 de mayo


Dentro de dos días, gracias a Dios, se termina todo. Me refiero al torneo electoral. Se espera que pasadas las elecciones de mañana domingo, al día siguiente, cuando las pasiones han bajado, cuando la lucha por el solio presidencial ha quedado atrás en esta larguísima, extenuante, costosa y muy cansona campaña electoral, se unan los panameños para sacar adelante al país.

Se hicieron un sinfín de promesas y los graves problemas que tiene el país, subsisten en espera de una pronta solución, sin la demagogia política. Es necesario que los panameños vayamos despertando del sueño para que podamos ver la realidad que tenemos. Todos juntos debemos atacar los muchos problemas que tiene el país si es que queremos ir resolviéndolos. No es la tarea de un hombre o de un partido. Se requiere la contribución de todos.

El lunes veremos, lamentablemente, como es muy común, a los sinvergüenzas de siempre cambiando rápidamente de toldas; habrá, por supuesto, otros más mesurados que lo harán poco a poco. Primero renegarán de quien perdió las elecciones y luego a través de terceros; y, por último, personalmente le harán a quien ocupe la presidencia su simpatía y adhesión total.

Habrá en todos los sectores partidistas un análisis de los resultados electorales. Los ganadores revisarán las estrategias que les dio el triunfo y los perdedores harán otro tanto buscando las razones que tuvo el electorado para rechazarlos.

Hay muchas cosas que el panameño espera que cambien radicalmente en nuestra política criolla. Es imperativo que el Tribunal Electoral, lo antes posible, comience a presentar proyectos de reformas legales y aún constitucionales que corrijan defectos que aún tiene nuestra incipiente democracia. Me refiero concretamente a la duración de las primarias; a los topes de las campañas; a los cuantiosos gastos que ésta implica; a las contribuciones partidistas que deben hacerse públicas; resolver el injusto sistema de los residuos; el establecimiento más realista del escogimiento de los diputados, dándoles a éstos un carácter, sino nacional, por lo menos provincial; y el establecimiento de la segunda vuelta electoral.

Panamá es de los pocos países que aún tiene un sistema que permite que un presidente con una minoría gobierne el país. Además, se debe desarrollar el artículo constitucional (que tantas veces es violado) que limita y castiga la ingerencia de un presidente y sus ministros en la política partidista. Hay tantas otras cosas que el elector quisiera cambiar de nuestro sistema electoral, haciendo necesario que el Tribunal aproveche el “oasis político” que se produce tras una elección.

101 años de Panamá América

 
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