El abuso del derecho
Hay dos formas de incurrir en el abuso del derecho: cuando haciendo uso de un derecho, entendido que reconocido por la ley, se rebasa el radio de acción o se cruza la línea que delimita tal derecho y por ello se incurre en un agravio o daño al derecho de otro, de un tercero (Benito Juárez: ?El respeto al derecho ajeno es la paz?). La otra forma de incurrir en abuso del derecho se produce cuando las normas jurídicas se utilizan como herramientas o instrumentos a fin de entorpecer u obstaculizar que otro (s) pueda, efectivamente, hacer uso de uno o más derechos. En este último caso se produce una nefasta y caprichosa, necia y torpe aplicación de las normas jurídicas en aras de producir tardanzas, juicios alargados y abultados, fallos que nunca se ejecutan por ser objetos de impugnaciones improcedentes, mecanismos legales fraudulentos, tácticas dilatorias, falsas acusaciones o denuncias, procesos sin causa justiciable, acciones injustas, etc.
El Derecho, como ordenamiento y sistema coherente, unitario, no puede funcionar en donde los particulares lo ven como un instrumento antojadizo de crear o de generar pleitos a todas luces nacidos en cuna de amedrentamiento, intimidación o para impresionar, indisponer, acosar, o tal vez para sembrar el terror judicial, etc. Cuando el Derecho pierde su nota más característica, esta es la objetividad, y su connotación como método hererocompositivo para la solución de los conflictos convertidos en litigios judiciales es torcida, lógico es que decaiga el Estado de Derecho y el sistema republicano devenga en una panacea o tal vez en un canto de sirena.
Los jueces y los fiscales, aún la Administración Pública, deben estar vigilantes de esta penosa situación que se viene dando en nuestro medio: abundan pleitos, acciones judiciales, querellas y denuncias, que entrañan un claro y manifiesto ejemplo de un claro abuso del Derecho que ha sido instrumentado como herramienta para intimidar y presionar, acosar judicialmente a nacionales y a extranjeros, sin distingo alguno. Por otro lado, la jurisprudencia debería reorientar sus análisis dando cabida a las demandas que con caudal probatorio exigen la indemnización de daños y perjuicios causados por el claro abuso del derecho.