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El advenimiento del libre comercio


La era del libre comercio internacional, aunque alentada en forma intermitente por Gran Bretaña en el siglo XIX, nació al final de la segunda Guerra Mundial. En su famosa historia de la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill reflexionó sobre los errores cometidos por los poderes victoriosos de la primera Guerra Mundial y aconsejó a los victoriosos de la Segunda que fueran magnánimos con los vencidos. Este sabio consejo fue seguido por la administración Truman, la cual implementó el Plan Marshall que hizo posible la reconstrucción de la Europa Occidental devastada, incluidas las naciones que causaron la devastación.
Los aliados de la Segunda Guerra Mundial también crearon tres instituciones que favorecieron el libre comercio y el desarrollo internacional: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que quedaron a cargo de preservar la estabilidad de las monedas y sistemas financieros del mundo, y de ayudar a la reconstrucción de Europa y a la expansión económica de las naciones en desarrollo. A la Organización Internacional de Comercio (OIC) se le encomendó eliminar las barreras al libre comercio internacional.
La OIC murió al nacer, víctima de un aislacionismo creciente en el Senado de Estados Unidos. En su lugar fue creado en 1947 el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio) como un conjunto de reglas para regular el comercio internacional, el cual sirvió durante 48 años como fuente de las normas más influyentes en el comercio internacional y como la organización que hizo cumplir estas reglas, además de las de resolución de disputas comerciales entre los miembros.
La misión del GATT fue reducir aranceles y eliminar las barreras no arancelarias, las cuotas de importación y otras restricciones administrativas impuestas al libre flujo de mercancías. El GATT prohibió estas barreras excepto bajo ciertas condiciones limitadas y cuando las importaciones ocasionaban serios daños a los productores domésticos; o las toleró temporalmente cuando creaban o agravaban problemas en la balanza de pagos. Desde un punto de vista cuantitativo, el GATT logró mucho: redujo significativamente los aranceles y las barreras no arancelarias, e incrementó drásticamente el número y volumen de las mercancías libremente comerciadas. Además, desde el punto de vista cualitativo, el GATT trajo cambios significativos en los estándares de equidad y justicia que gobiernan el comercio internacional.
La aplicación incondicional del "trato de la nación más favorecida" y del "trato nacional" del GATT a sus participantes, dio mucho impulsó al comercio internacional. La igualdad en el trato comercial fue articulada, primeramente, en ciudades, plazas o ferias de la Europa medieval que otorgaban la "paz del mercado" a comerciantes extranjeros. Donde dicha paz no se otorgaba, los comerciantes podían ser encarcelados si los oriundos del pueblo o plaza simplemente alegaban que los extranjeros ambulantes o sus compatriotas eran deudores morosos de sus acusadores locales. Al otorgar el "beneficio" de un enjuiciamiento local similar o equivalente al correspondiente a los vecinos de la localidad, la paz del mercado aseguró a los comerciantes extranjeros un trato igual al de los locales e hizo posible el comercio interferial.
Antes del GATT algunos tratados de tipo "amistad, comercio y navegación" y otros bilaterales acordaban un trato similar a las mercancías extranjeras. El trato de nación más favorecida aseguró a las naciones C y D que si la nación A - un participante del GATT - otorgaba una cierta reducción de aranceles a la nación B - también participante del GATT - C y D, tendrían derecho al mismo trato que B, sin la obligación de proveer cualesquiera beneficios en reciprocidad. Además, una vez que las mercancías de B, C o D habían sido importadas a A, debían ser tratadas de la misma manera que las mercancías producidas domésticamente.
El principio del "trato nacional" introdujo una medida adicional de equidad y justicia, ya que no sólo trataba a las mercancías de otras naciones como aquéllas de la nación favorecida, sino que una vez que dichas mercancías entraban al territorio de un miembro, tenían que ser tratadas como si fueran procedentes del propio país importador. El GATT fue el primer acuerdo multinacional que transformó en derecho viviente las antiguas aspiraciones del comerciante a una equidad universal y a un trato justo.
A partir de la conclusión de la Ronda de Uruguay en 1995, brilló en el firmamento la luz y se crea la Organización Mundial de Comercio (OMC), instancia que hereda del GATT la meta de reducir los aranceles y las barreras no arancelarias. No obstante, la OMC va más allá del GATT en algunos aspectos significativos. La OMC otorga trato nacional, no sólo a las mercancías importadas sino también para inversiones y servicios financieros. La base normativa de la OMC descansa sobre un principio de equidad comercial que refleja los intereses comerciales de cada país y la voluntad de compartir un destino económico común. La inversión y el comercio dan a los inversionistas y comerciantes una participación automática en el bienestar de sus colegas y consumidores en los países miembros. Después de todo, si el poder de compra de uno de los miembros declina, sus productos o servicios no podrán continuar siendo vendidos o arrendados. El principio de equidad de la OMC es, entonces, aquél en el cual las naciones miembros adquieren un interés en el auge en las economías del mundo a la par que en su progreso y desarrollo.
En su "Riqueza de las Naciones", Adam Smith señala que los esfuerzos individuales brindan el más grande beneficio no sólo a él mismo, sino también a la sociedad. Para Adam Smith el individuo "ni intenta promover el interés público ni sabe qué tanto es el promotor de esto. l es guiado por una mano invisible para promover y terminar lo que no fue parte de su intención. Persiguiendo su propio interés, frecuentemente promueve el de la sociedad". En la OMC, cada participante retiene su soberanía y su libertad de perseguir sus propios intereses nacionales.
En el nuevo mundo de un mercado global altamente competitivo, las naciones individuales, viejas y nuevas, tienen su mejor oportunidad de competir efectivamente mediante su participación en el comercio. El comercio siempre ha sido mejor alternativa para la supervivencia del hombre que la guerra. Es bastante posible que la fórmula del libre comercio comprometida, primero en el GATT y ahora, en la OMC pueda ser la llave hacia un futuro más pacífico y próspero para toda la humanidad.
A diferencia de la era de la libertad económica ilustrada por la Revolución Industrial, la era del libre comercio no es tan excitante y apasionante. El libre comercio, admitámoslo, es un logro menos dramático y heroico que el "modicum" de la libertad política y religiosa proclamada por la Revolución francesa. No obstante, quizá estemos atestiguando una callada revolución, de igual impacto en la historia de la humanidad. Lo cierto es que si esta revolución tiene éxito, podrá proveer a la humanidad de la primera y más realista oportunidad de un desarrollo económico sostenido sin necesidad de guerras ni de violencia social.

101 años de Panamá América

 
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