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El agua es del pueblo


Para los que no creen en la "Filosofía anti-privatizadora" de los servicios públicos básicos como son el agua, la energía eléctrica y las comunicaciones, y que ocupan posiciones directrices en un gobierno, deben mirarse en el espejo de la mayoría de los panameños que están en condiciones de pobreza y extrema pobreza y que protestan cada día, así como protestaron el 1 de mayo en contra de todas las privatizaciones de estos servicios vitales y advierten que no se metan con el agua.
La presidenta Mireya Moscoso prometió no hacerlo en su campaña y como mandataria, pero todo indica que lo van a hacer indirectamente y comenzando de manera atrevida y peligrosa con la facturación de este líquido esencial para la vida y salud del pueblo.
Nosotros, que hemos venido combatiendo, desde la administración del PRD, la privatización de estos servicios públicos básicos, continuaremos haciéndolo, porque esto nos huele mal y no es posible que un pequeño grupo anteponga los intereses nacionales a los propios.
Estamos llegando al desbordamiento del vaso de la paciencia del pueblo panameño. No busquen la ira desatada de los pobres, ni empujen a la organización de gremios malsanos que quieren pescar en río revuelto. Con sus actos sociales delictivos y sus petulancias para imponer hechos que van contra la vida misma de Panamá lo que están buscando es una revolución que se incubaría en la anarquía, cuyos resultados nadie puede prever y que no sería conveniente para los panameños.
Nadie conoce el proyecto mismo de esta aventura, lo que se sabe es por lo que se ha dicho en los medios de comunicación, pero nos espanta pensar que la facturación del agua se va a privatizar mediante concesión a algunos grupos de personas "léase empresa" lo que en términos comerciales significa que ésta tendría ánimo de lucro, es decir, que al que no tiene con qué pagar le cierran el grifo y tendría que ir al río o a la quebrada contaminada a beberla. Cuando el panameño en extrema pobreza no tiene cómo pagar, el Estado debe subsidiarlo.
En las principales ciudades del mundo en donde se están reuniendo las instituciones que regulan estas actividades a través de los préstamos, se están produciendo levantamientos y protestas violentas que le están advirtiendo al neocapitalismo salvaje que se detenga, que dejen de exigirle a los pobres medidas que los exprimen más para beneficiar a ricos que ya no saben qué hacer con sus ganancias si no es mostrarle al mundo sus lujos desmedidos.
Aquí en Panamá se está cocinando algo feo. Todo el mundo lo está proclamando en todas partes. Hemos llegado al extremo peligroso de que se ha optado por mantener a los rufianes en sus cargos pase lo que pase y cueste lo que cueste. Recordemos la famosa frase: "La voz del Pueblo es la voz de Dios".

101 años de Panamá América

 
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