El agua que bebemos
Panamá es un país con abundancia de recursos hídricos y, junto con Belice, tiene la mayor disponibilidad de agua per cápita en el área centroamericana. Sin embargo, el Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el mundo indica que para mediados de este siglo alrededor de siete mil millones de personas en 60 países sufrirán de escasez de agua dulce. Para ese tiempo se estima que el 50% de la población panameña estará expuesta a fuentes de agua contaminada.
En Panamá existen 52 cuencas hidrográficas claramente definidas que suministran el agua que bebemos, agua para irrigación, agua para generar electricidad y agua industrial; y que a lo largo de décadas han definido el patrón de los asentamientos poblacionales y la creación de riqueza a través de las actividades de producción. Actualmente, los cursos de agua, ríos y quebradas, son los vertederos de desechos de las actividades humanas. Es así como las cuencas que abarcan áreas citadinas ven convertidos a sus ríos en portadores de excretas, coliformes fecales; residuos industriales tóxicos como el arsénico, el cadmio, el cianuro, el plomo; materiales no degradables; desechos animales y humanos a través de las aguas residuales que son vertidas crudas en los mismos.
La salud del hombre, según los parámetros de la medicina occidental, se determina a través de la medición de los signos vitales. La salud de un río se determina a través de la demanda bioquímica de oxígeno (DBO), que es la cantidad medida de oxígeno que requieren los microorganismos para degradar la materia biológica presente en las aguas residuales. Este dato se usa como una medida de la contaminación orgánica, como una acción de salud de los ríos y quebradas, como una base para estimar el oxígeno necesario para los procesos biológicos. Es simple, donde hay oxígeno hay vida; donde no, el río está muerto.
La presión humana sobre las cuencas de los ríos en Panamá es extraordinaria. La migración rural a las ciudades, la construcción de barriadas periféricas y el crecimiento urbano no planificado generan una demanda de tipo exponencial sobre el agua que bebemos. Además, la mitad de la energía eléctrica que utilizamos es basada en combustibles fósiles (petróleo y sus derivados), lo que hace que a muy corto plazo la demanda eléctrica haga que las miradas se dirijan ansiosas a los grandes ríos de la vertiente atlántica panameña.
El agua de riego es otro factor de presión sobre el recurso hídrico. En el arco seco panameño (Azuero y el sur de Veraguas), debido a la desaparición de ríos y quebradas, el MIDA ha perforado 554 pozos profundos, la mayoría de manera infructuosa. El IDAAN, a su vez, ha perforado 248 pozos para alimentar acueductos rurales y dar de beber a comunidades aisladas y sedientas.
Los hidrogeólogos han señalado que las mejores fuentes de aguas subterráneas están en Antón, Penonomé y Alanje, mientras que en Azuero el acuífero de Vallerriquito es de baja producción. En regiones cercanas a la costa existe el peligro que un sobrebombeo permita un ritmo de extracción de agua superior al de la recarga y de que el agua de mar se introduzca en el manto freático, generando el fin de la producción económica y acelerando el abandono y desertificación de las tierras.
Un ejemplo de la presión del desarrollo humano sobre la cuenca de un río es el caso específico de Chiriquí Viejo, en la provincia de Chiriquí. Con un área de drenaje de 1376 kilómetros (kms.) cuadrados y una longitud aproximada de 90 kms., este río proporciona el vital líquido para irrigación a las comunidades de Cerro Punta y Sereno. Sirve de cloaca a todas las poblaciones ribereñas hasta llegar a las comunidades de Paso Canoas y Cuervito. Es la base del sistema de acueductos del distrito de Barú y fuente de irrigación para las plantaciones bananeras en Armuelles y Divalá; tiene solicitudes de concesión de aguas ante el Ente Regulador para los proyectos hidroeléctricos de Montelirio-Pando, Hidroeléctrica de Bajo de Mina, Hidroeléctrica El Alto en Caizán, el proyecto hidroeléctrico de Hidroburica y el macroproyecto llamado Riego del Barú que pretende incorporar 11 mil hectáreas a la agricultura de riego.
Recordemos, además, que las cabeceras del río sufren la deforestación crónica en áreas del Parque Internacional La Amistad (PILA). El recurso hídrico que tenemos no es ilimitado. Requiere un manejo ordenado, planificado y sostenible con el medio ambiente. El agua fósil o agua de acuíferos almacenada por cientos de años requiere una extracción racional y la ausencia de pozos productores en Azuero indica que el agua sencillamente se acabó, la acabamos.
Nuestro país empieza a experimentar la privatización disimulada del agua que bebemos, con el repunte de las ventas de agua embotellada. La Banca Internacional impulsa el acceso del capital privado al agua que bebemos a cambio de reducciones en la deuda externa o de créditos frescos en lo que se perfila como un negocio redondo. Para ellos. En este sentido, para el año 2008, todas las industrias y negocios, sean personas naturales o jurídicas, que contaminen los afluentes en Panamá, deberán incorporar los programas de mitigación requeridos por la ley ambiental vigente a través de la Norma COPANIT de forzoso cumplimiento. Este es un paso en la dirección correcta, al igual que los estudios para optimizar las redes de acueductos en Panamá, Colón y La Chorrera, y el saneamiento de la Bahía de Panamá.
El agua que bebemos es un problema de Estado que requerirá de una visión de Estado, un empuje de largo aliento que debemos encarar a través de venideros y sucesivos gobiernos. Urge la educación ambiental a todos los niveles. Es determinante que el tema ambiental sea un factor decisivo en las futuras elecciones de nuestros gobernantes. Por el agua que bebemos, ¡salud!
Su causa es hereditaria u ocasionada por una infección o inflamación en la mujer embarazada que afecta al bebé. Está presente desde el nacimiento y puede aparecer desde la niñez.
Son cataratas cuya causa se deriva de otro tipo de dolencias, tales como la diabetes y ciertas enfermedades de los ojos: iritis, glaucoma, desprendimiento de retina, y otras.
Son las cataratas ocasionadas por lesiones oculares, como un golpe, corte, punción, calor, radiación o quemadura por agentes químicos.
Se trata de operaciones similares a las que se practican a los pacientes privados, con anestesia tópica (local), sin puntos y ultrasonidos. Los pacientes son intervenidos gracias a donaciones internacionales y de los médicos panameños, quienes en su totalidad suman 21 especialistas del Centro de Cirugía Ocular y doctores estadounidenses.
De acuerdo con el Dr. Ernesto Calvo, el costo de las operaciones por ojo es de alrededor de B/.2,500 y advirtió que en Panamá por ser un país tropical, los índices de radiación ultravioleta son más altos, lo que se refleja en una catarata fuerte y a edad más temprana (50 ó 55 años). La operación depende de las necesidades visuales del paciente, y es necesario efectuarla cuando el oftalmólogo lo recomiende.
El proceso se inicia con la limpieza total del rostro, específicamente la vista que será intervenida; luego se coloca la anestesia y comienza la extracción de la lente opacificada del ojo. Posteriormente, se coloca otra lente para que puedan enfocarse correctamente los objetos, la cual se denomina "lente intraocular".
La lente intraocular es plástica para uso permanente y se implanta dentro del ojo en lugar de la natural, que quedó opacificada. El período de convalecencia después de la operación es corto y casi nunca se presentan complicaciones, siempre y cuando se sigan las instrucciones del médico.
Según el tamaño y la localización de las áreas de opacidad del cristalino, una persona puede darse cuenta o no de que se está formando una catarata. Si está en el borde externo de la lente, la vista no sufre cambios; pero si la opacidad está situada cerca del centro de la lente, generalmente interfiere con la visión.
A medida que las cataratas se forman, la visión puede hacerse nebulosa o borrosa; también puede haber doble visión, los ojos pueden tener mayor sensibilidad a la luz y al resplandor. Las cataratas persistirán hasta que se extirpen quirúrgicamente, porque no se curan con gotas, pastillas ni lentes, y mucho menos desaparecen espontáneamente.
La "catarata senil" a diferencia de la secundaria, no se extirpa ni se cura con rayos láser, siempre es preciso extraerla. La mayoría de cirugías de cataratas tienen gran éxito, y prueba de ello, es que más del 98% de los pacientes operados recobra una buena visión.
Ayer en el Centro de Cirugía Ocular, la mayoría de los pacientes salían con una cara de felicidad al poder recobrar uno de los órganos más preciados que Dios nos otorgó.
En Panamá existen 52 cuencas hidrográficas claramente definidas que suministran el agua que bebemos, agua para irrigación, agua para generar electricidad y agua industrial; y que a lo largo de décadas han definido el patrón de los asentamientos poblacionales y la creación de riqueza a través de las actividades de producción. Actualmente, los cursos de agua, ríos y quebradas, son los vertederos de desechos de las actividades humanas. Es así como las cuencas que abarcan áreas citadinas ven convertidos a sus ríos en portadores de excretas, coliformes fecales; residuos industriales tóxicos como el arsénico, el cadmio, el cianuro, el plomo; materiales no degradables; desechos animales y humanos a través de las aguas residuales que son vertidas crudas en los mismos.
La salud del hombre, según los parámetros de la medicina occidental, se determina a través de la medición de los signos vitales. La salud de un río se determina a través de la demanda bioquímica de oxígeno (DBO), que es la cantidad medida de oxígeno que requieren los microorganismos para degradar la materia biológica presente en las aguas residuales. Este dato se usa como una medida de la contaminación orgánica, como una acción de salud de los ríos y quebradas, como una base para estimar el oxígeno necesario para los procesos biológicos. Es simple, donde hay oxígeno hay vida; donde no, el río está muerto.
La presión humana sobre las cuencas de los ríos en Panamá es extraordinaria. La migración rural a las ciudades, la construcción de barriadas periféricas y el crecimiento urbano no planificado generan una demanda de tipo exponencial sobre el agua que bebemos. Además, la mitad de la energía eléctrica que utilizamos es basada en combustibles fósiles (petróleo y sus derivados), lo que hace que a muy corto plazo la demanda eléctrica haga que las miradas se dirijan ansiosas a los grandes ríos de la vertiente atlántica panameña.
El agua de riego es otro factor de presión sobre el recurso hídrico. En el arco seco panameño (Azuero y el sur de Veraguas), debido a la desaparición de ríos y quebradas, el MIDA ha perforado 554 pozos profundos, la mayoría de manera infructuosa. El IDAAN, a su vez, ha perforado 248 pozos para alimentar acueductos rurales y dar de beber a comunidades aisladas y sedientas.
Los hidrogeólogos han señalado que las mejores fuentes de aguas subterráneas están en Antón, Penonomé y Alanje, mientras que en Azuero el acuífero de Vallerriquito es de baja producción. En regiones cercanas a la costa existe el peligro que un sobrebombeo permita un ritmo de extracción de agua superior al de la recarga y de que el agua de mar se introduzca en el manto freático, generando el fin de la producción económica y acelerando el abandono y desertificación de las tierras.
Un ejemplo de la presión del desarrollo humano sobre la cuenca de un río es el caso específico de Chiriquí Viejo, en la provincia de Chiriquí. Con un área de drenaje de 1376 kilómetros (kms.) cuadrados y una longitud aproximada de 90 kms., este río proporciona el vital líquido para irrigación a las comunidades de Cerro Punta y Sereno. Sirve de cloaca a todas las poblaciones ribereñas hasta llegar a las comunidades de Paso Canoas y Cuervito. Es la base del sistema de acueductos del distrito de Barú y fuente de irrigación para las plantaciones bananeras en Armuelles y Divalá; tiene solicitudes de concesión de aguas ante el Ente Regulador para los proyectos hidroeléctricos de Montelirio-Pando, Hidroeléctrica de Bajo de Mina, Hidroeléctrica El Alto en Caizán, el proyecto hidroeléctrico de Hidroburica y el macroproyecto llamado Riego del Barú que pretende incorporar 11 mil hectáreas a la agricultura de riego.
Recordemos, además, que las cabeceras del río sufren la deforestación crónica en áreas del Parque Internacional La Amistad (PILA). El recurso hídrico que tenemos no es ilimitado. Requiere un manejo ordenado, planificado y sostenible con el medio ambiente. El agua fósil o agua de acuíferos almacenada por cientos de años requiere una extracción racional y la ausencia de pozos productores en Azuero indica que el agua sencillamente se acabó, la acabamos.
Nuestro país empieza a experimentar la privatización disimulada del agua que bebemos, con el repunte de las ventas de agua embotellada. La Banca Internacional impulsa el acceso del capital privado al agua que bebemos a cambio de reducciones en la deuda externa o de créditos frescos en lo que se perfila como un negocio redondo. Para ellos. En este sentido, para el año 2008, todas las industrias y negocios, sean personas naturales o jurídicas, que contaminen los afluentes en Panamá, deberán incorporar los programas de mitigación requeridos por la ley ambiental vigente a través de la Norma COPANIT de forzoso cumplimiento. Este es un paso en la dirección correcta, al igual que los estudios para optimizar las redes de acueductos en Panamá, Colón y La Chorrera, y el saneamiento de la Bahía de Panamá.
El agua que bebemos es un problema de Estado que requerirá de una visión de Estado, un empuje de largo aliento que debemos encarar a través de venideros y sucesivos gobiernos. Urge la educación ambiental a todos los niveles. Es determinante que el tema ambiental sea un factor decisivo en las futuras elecciones de nuestros gobernantes. Por el agua que bebemos, ¡salud!
Su causa es hereditaria u ocasionada por una infección o inflamación en la mujer embarazada que afecta al bebé. Está presente desde el nacimiento y puede aparecer desde la niñez.
Son cataratas cuya causa se deriva de otro tipo de dolencias, tales como la diabetes y ciertas enfermedades de los ojos: iritis, glaucoma, desprendimiento de retina, y otras.
Son las cataratas ocasionadas por lesiones oculares, como un golpe, corte, punción, calor, radiación o quemadura por agentes químicos.
Se trata de operaciones similares a las que se practican a los pacientes privados, con anestesia tópica (local), sin puntos y ultrasonidos. Los pacientes son intervenidos gracias a donaciones internacionales y de los médicos panameños, quienes en su totalidad suman 21 especialistas del Centro de Cirugía Ocular y doctores estadounidenses.
De acuerdo con el Dr. Ernesto Calvo, el costo de las operaciones por ojo es de alrededor de B/.2,500 y advirtió que en Panamá por ser un país tropical, los índices de radiación ultravioleta son más altos, lo que se refleja en una catarata fuerte y a edad más temprana (50 ó 55 años). La operación depende de las necesidades visuales del paciente, y es necesario efectuarla cuando el oftalmólogo lo recomiende.
El proceso se inicia con la limpieza total del rostro, específicamente la vista que será intervenida; luego se coloca la anestesia y comienza la extracción de la lente opacificada del ojo. Posteriormente, se coloca otra lente para que puedan enfocarse correctamente los objetos, la cual se denomina "lente intraocular".
La lente intraocular es plástica para uso permanente y se implanta dentro del ojo en lugar de la natural, que quedó opacificada. El período de convalecencia después de la operación es corto y casi nunca se presentan complicaciones, siempre y cuando se sigan las instrucciones del médico.
Según el tamaño y la localización de las áreas de opacidad del cristalino, una persona puede darse cuenta o no de que se está formando una catarata. Si está en el borde externo de la lente, la vista no sufre cambios; pero si la opacidad está situada cerca del centro de la lente, generalmente interfiere con la visión.
A medida que las cataratas se forman, la visión puede hacerse nebulosa o borrosa; también puede haber doble visión, los ojos pueden tener mayor sensibilidad a la luz y al resplandor. Las cataratas persistirán hasta que se extirpen quirúrgicamente, porque no se curan con gotas, pastillas ni lentes, y mucho menos desaparecen espontáneamente.
La "catarata senil" a diferencia de la secundaria, no se extirpa ni se cura con rayos láser, siempre es preciso extraerla. La mayoría de cirugías de cataratas tienen gran éxito, y prueba de ello, es que más del 98% de los pacientes operados recobra una buena visión.
Ayer en el Centro de Cirugía Ocular, la mayoría de los pacientes salían con una cara de felicidad al poder recobrar uno de los órganos más preciados que Dios nos otorgó.