El aguijón de la miseria
Los males de Colón no acaban de terminarse. La manera persistente como esta ciudad ha sido engañada por la gestión de muchos gobiernos sume en la angustia y desesperación a un pueblo merecedora de mejor suerte, porque cuenta con todos los factores materiales, históricos y culturales para constituirse en un emporio de verdadera riqueza.
La visión, iniciativa y trabajo del ex presidente liberal Enrique A. Jiménez con colonenses consagrados como Agustín Cedeño, Manolo Castillo, Alberto Rivera tiraron las bases para que otros dirigentes como Manuel Everardo Duque, Eduardo Lanuza, J. D. Bazán, Pedro Altamiranda, Max Bilgray, Comandante Ducreaux, sentaran los pilares de los que después otros gobiernos con sus alzas y sus bajas de aciertos y corruptelas, lograran la expansión de la primera Zona Libre de nuestro hemisferio.
El movimiento de carga en enormes volúmenes trajo consigo el desarrollo de los puertos, y la Zona Libre se fue hacia France Field y Cocosolo creando un movimiento serio de voluminosas cargas para ser distribuidas a todos los continentes.
El empuje de este dinamismo progresista ha impuesto nuevamente la reactivación del ferrocarril transístmico, que estará prestando operaciones dentro de breve plazo, contribuyendo así en todo sentido, al desenvolvimiento de los fines que le son propios a la Zona Libre y a la ciudad de Colón.
La etapa complementaria más importante, como sería el Puerto Libre, tiende a desnaturalizarse, sintetizando en una pequeñísima franja de la Isla de Manzanillo lo que debió haber sido la ocupación de toda esta isla, tal como lo dice la ley que fuese atacada por todos los que pensaron en sus intereses personales primero y después en los de una provincia que tiene derecho a que se le deje asumir su propio bienestar.
Pero como todo lo que se hace mal, mal termina, estamos asistiendo a un teatro de rigurosa tragicomedia convertido en recipiente de obras de la más baja nobleza. Azotada por la confusión, la incertidumbre y el deterioro de sus mejores valores.
Esperando que si la justicia humana no la alcanza, la justicia divina baje en tareas de redención y esperanza.
La visión, iniciativa y trabajo del ex presidente liberal Enrique A. Jiménez con colonenses consagrados como Agustín Cedeño, Manolo Castillo, Alberto Rivera tiraron las bases para que otros dirigentes como Manuel Everardo Duque, Eduardo Lanuza, J. D. Bazán, Pedro Altamiranda, Max Bilgray, Comandante Ducreaux, sentaran los pilares de los que después otros gobiernos con sus alzas y sus bajas de aciertos y corruptelas, lograran la expansión de la primera Zona Libre de nuestro hemisferio.
El movimiento de carga en enormes volúmenes trajo consigo el desarrollo de los puertos, y la Zona Libre se fue hacia France Field y Cocosolo creando un movimiento serio de voluminosas cargas para ser distribuidas a todos los continentes.
El empuje de este dinamismo progresista ha impuesto nuevamente la reactivación del ferrocarril transístmico, que estará prestando operaciones dentro de breve plazo, contribuyendo así en todo sentido, al desenvolvimiento de los fines que le son propios a la Zona Libre y a la ciudad de Colón.
La etapa complementaria más importante, como sería el Puerto Libre, tiende a desnaturalizarse, sintetizando en una pequeñísima franja de la Isla de Manzanillo lo que debió haber sido la ocupación de toda esta isla, tal como lo dice la ley que fuese atacada por todos los que pensaron en sus intereses personales primero y después en los de una provincia que tiene derecho a que se le deje asumir su propio bienestar.
Pero como todo lo que se hace mal, mal termina, estamos asistiendo a un teatro de rigurosa tragicomedia convertido en recipiente de obras de la más baja nobleza. Azotada por la confusión, la incertidumbre y el deterioro de sus mejores valores.
Esperando que si la justicia humana no la alcanza, la justicia divina baje en tareas de redención y esperanza.