El aire al puño
Nos parece encomiable que un empresario se interese por los pobres e incursione en sociología política. Si otros mostraran igual empeño que I. Roberto Eisenmann Jr., en su artículo “El puño al aire” (La Prensa, 19 de septiembre de 2003), se elevaría la calidad del debate nacional. Y a propósito, aportamos algunas reflexiones. Se afirma allí que “el gobierno (no sin razón) destituyó al profesor Jované”. Aún en el caso de que el gobierno tuviera alguna razón, ello no significaría que lo actuado se haya ajustado a la ley. El gobierno logró, a través de sus representantes en la Junta Directiva del Seguro Social, remover a Jované sólo después de violar su Ley Orgánica: lo aleja de la dirección y le da 30 días para que haga sus descargos, pese a que la normativa obliga a mantenerlo en su posición y, desde ella, hacer los que sean pertinentes. En el proceso, el gobierno incurrió en otros actos ilegales (nuevo presupuesto, falta de plan de inversiones, etc.).
Las razones que pudiera aducir el gobierno para remover a Jované no pueden estar en conflicto con su obligación de decidir con fundamento jurídico, porque los gobiernos no pueden actuar arbitrariamente. Por ende, cuando Eisenmann dice que el gobierno “no sin razón” destituyó a Jované, debemos preguntar: ¿A cuál razón se refiere? ¿A la razón de haber actuado de pleno derecho? No, porque la destitución fue ilegal. ¿A alguna otra razón? No, porque, cualquiera que ésta sea (incapacidad manifiesta, por ejemplo) carece de validez dentro de un proceso que transgrede la ley: un detalle fundamental que el articulista pasa inadvertido. Por tal motivo, las razones del gobierno se convierten en pretextos y son inadmisibles por carecer de la legitimidad que da el derecho. Así las cosas, Jované tiene el derecho de abstenerse de hacer los descargos, y el gobierno tiene el deber de restituirlo.
El artículo afirma: “En realidad, la ideología y sentimiento dominante en los dos partidos mayoritarios (y en todos los partidos minoritarios) es la liberal”. Ninguno de los dos partidos principales (que no “mayoritarios”, porque mayoritario sólo hay uno) ondea banderas ideológicas claras y más bien navegan con espíritu de supervivencia a toda costa. Si el concepto de “liberal” no tuviera distintas connotaciones, no sería necesario preguntar, por ejemplo, de cuál ideología “dominante” surgió la decisión de privatizar empresas estatales bajo un gobierno PRD, o bajo cuál ideología se cobijó la decisión del actual de reconocerle inmunidad e impunidad a militares de EE.UU., así como de permitir que naves, aeronaves y fuerzas armadas de esa superpotencia y de otros países surquen libremente nuestros mares territoriales y espacio aéreo. Observamos que los términos “neoliberal” y “globalización” están ausentes en el artículo de Eisenmann. Añade el articulista: “Hoy por hoy el movimiento de izquierda...está claramente dominado por los ultra violentos...”
En primer lugar, aclaremos que la protesta por lo ocurrido en el Seguro Social no es un movimiento de izquierda, sino una protesta nacional, en la que participa el pueblo directamente sin distinción política o ideológica. Esas banderas no tienen, ni deben tener, dueños.
Previene el artículo sobre una presunta polarización ideológica y se refiere a, “los que dicen estar a favor de los pobres sin tener la menor idea de cómo sacarlos de la pobreza...” ¿De dónde saca el ex director del diario La Prensa semejante convicción? No aceptamos esta generalización porque hay personas y organizaciones que estamos a favor de los pobres y podríamos contribuir no sólo a sacarlos de la pobreza sino, lo inmediato: a impedir que ésta se profundice. Pero el sistema no admite alternativa. Contrario sensu, quizás Eisenmann estime que solamente los ricos pueden sacar a los pobres de su pobreza (sin comentarios).
Sobre el sistema, veamos las siguientes afirmaciones: “Si Juan Jované escoge ir fuera del sistema, podría convertirse en un Chávez”. Pero, ¿qué se entiende por “sistema”? Además, ¿fuera de cuál sistema llegó Chávez al poder? El mandatario llegó por el voto popular en distintas consultas y ha sido el presidente con mayor éxito en las urnas en la historia de Venezuela.
Finalmente, el periodista aconseja que el gobierno recupere credibilidad mediante acciones como cumplir las recomendaciones de la Comisión Anticorrupción, derogar el reglamento de la Ley de Transparencia, paralizar el camino Boquete-Cerro Punta y el puente de la Avenida Balboa, destituir a los Moscoso, Escalonas y Garcías del gobierno.
Pero casi todas estas reclamaciones se originan en la corrupción, corrupción que es fruto del sistema que Eisenmann parece defender sin ofrecer mayor explicaciones y sin preguntarse por qué el actual gobierno no va a acoger ninguna de sus reclamaciones.
No podemos ilusionarnos con sistemas imaginarios cuando los de “carne y hueso” nos obligan a veces a cerrar el puño de pura rabia e impotencia. Pero un puño cerrado no puede atrapar nada, menos el aire, aire que contiene energía (chi, prana), fuerza; es decir, poder. Por eso, en vez del puño cerrado, debemos alzar, pero eso sí, abiertas, nuestras manos, para atrapar el aire que se nos niega o se nos escapa minuto tras minuto, segundo tras segundo, como ineluctable.
Las razones que pudiera aducir el gobierno para remover a Jované no pueden estar en conflicto con su obligación de decidir con fundamento jurídico, porque los gobiernos no pueden actuar arbitrariamente. Por ende, cuando Eisenmann dice que el gobierno “no sin razón” destituyó a Jované, debemos preguntar: ¿A cuál razón se refiere? ¿A la razón de haber actuado de pleno derecho? No, porque la destitución fue ilegal. ¿A alguna otra razón? No, porque, cualquiera que ésta sea (incapacidad manifiesta, por ejemplo) carece de validez dentro de un proceso que transgrede la ley: un detalle fundamental que el articulista pasa inadvertido. Por tal motivo, las razones del gobierno se convierten en pretextos y son inadmisibles por carecer de la legitimidad que da el derecho. Así las cosas, Jované tiene el derecho de abstenerse de hacer los descargos, y el gobierno tiene el deber de restituirlo.
El artículo afirma: “En realidad, la ideología y sentimiento dominante en los dos partidos mayoritarios (y en todos los partidos minoritarios) es la liberal”. Ninguno de los dos partidos principales (que no “mayoritarios”, porque mayoritario sólo hay uno) ondea banderas ideológicas claras y más bien navegan con espíritu de supervivencia a toda costa. Si el concepto de “liberal” no tuviera distintas connotaciones, no sería necesario preguntar, por ejemplo, de cuál ideología “dominante” surgió la decisión de privatizar empresas estatales bajo un gobierno PRD, o bajo cuál ideología se cobijó la decisión del actual de reconocerle inmunidad e impunidad a militares de EE.UU., así como de permitir que naves, aeronaves y fuerzas armadas de esa superpotencia y de otros países surquen libremente nuestros mares territoriales y espacio aéreo. Observamos que los términos “neoliberal” y “globalización” están ausentes en el artículo de Eisenmann. Añade el articulista: “Hoy por hoy el movimiento de izquierda...está claramente dominado por los ultra violentos...”
En primer lugar, aclaremos que la protesta por lo ocurrido en el Seguro Social no es un movimiento de izquierda, sino una protesta nacional, en la que participa el pueblo directamente sin distinción política o ideológica. Esas banderas no tienen, ni deben tener, dueños.
Previene el artículo sobre una presunta polarización ideológica y se refiere a, “los que dicen estar a favor de los pobres sin tener la menor idea de cómo sacarlos de la pobreza...” ¿De dónde saca el ex director del diario La Prensa semejante convicción? No aceptamos esta generalización porque hay personas y organizaciones que estamos a favor de los pobres y podríamos contribuir no sólo a sacarlos de la pobreza sino, lo inmediato: a impedir que ésta se profundice. Pero el sistema no admite alternativa. Contrario sensu, quizás Eisenmann estime que solamente los ricos pueden sacar a los pobres de su pobreza (sin comentarios).
Sobre el sistema, veamos las siguientes afirmaciones: “Si Juan Jované escoge ir fuera del sistema, podría convertirse en un Chávez”. Pero, ¿qué se entiende por “sistema”? Además, ¿fuera de cuál sistema llegó Chávez al poder? El mandatario llegó por el voto popular en distintas consultas y ha sido el presidente con mayor éxito en las urnas en la historia de Venezuela.
Finalmente, el periodista aconseja que el gobierno recupere credibilidad mediante acciones como cumplir las recomendaciones de la Comisión Anticorrupción, derogar el reglamento de la Ley de Transparencia, paralizar el camino Boquete-Cerro Punta y el puente de la Avenida Balboa, destituir a los Moscoso, Escalonas y Garcías del gobierno.
Pero casi todas estas reclamaciones se originan en la corrupción, corrupción que es fruto del sistema que Eisenmann parece defender sin ofrecer mayor explicaciones y sin preguntarse por qué el actual gobierno no va a acoger ninguna de sus reclamaciones.
No podemos ilusionarnos con sistemas imaginarios cuando los de “carne y hueso” nos obligan a veces a cerrar el puño de pura rabia e impotencia. Pero un puño cerrado no puede atrapar nada, menos el aire, aire que contiene energía (chi, prana), fuerza; es decir, poder. Por eso, en vez del puño cerrado, debemos alzar, pero eso sí, abiertas, nuestras manos, para atrapar el aire que se nos niega o se nos escapa minuto tras minuto, segundo tras segundo, como ineluctable.