El alcoholismo en la mujer
SABÍA USTED QUE el alcoholismo es la tercera causa más importante de muerte en los Estados Unidos? El alcohol contribuye a la mitad de los accidentes fatales y es la causa principal de muerte entre los jóvenes en Estados Unidos.
El alcoholismo cuesta al comercio y a la industria norteamericana 65 millones de dólares al año en pérdida de producción, ausentismo laboral, daños a la propiedad, coste sanitario, gastos médicos, etc., de acuerdo con el Consejo Nacional sobre Alcoholismo Norteamericano.
Espantosamente aumenta la cifra de mujeres alcohólicas en todo el mundo y, por su influencia tan grande en el hogar, esto tiene consecuencias nefastas. Tomemos conciencia del enorme daño que se realiza en las familias. Es terrible el padre alcohólico; pero, quizás, lo es más una madre alcohólica.
Veamos con atención el siguiente testimonio:
Jean K. Patrick, fue una alcohólica, fundadora y directora ejecutiva de una asociación contra el licor llamada Asociación de Mujeres por la Templanza. Esta organización para la recuperación, ayuda a mujeres alcohólicas y está situada en Waherthon, Pennsylvania. Dice Jean: "Yo soy una mujer alcohólica, no tengo dominio sobre el alcohol; por eso dejé totalmente de beber. Creo que las causas del alcoholismo son exactamente las mismas en los hombres y en las mujeres. Bebemos, porque estamos preocupados, frustrados, coléricos, cansados, aburridos o, simplemente, porque queremos emborracharnos. Cada vez que recurrimos al licor fuera de una reunión social, es evidente que lo estamos usando como apoyo y ya es señal de dependencia".
Una alcohólica es una mujer que bebe en ocasiones inadecuadas para sentirse popular, superar las preocupaciones, la tristeza, el dolor o quizás las facturas pendientes. La mujer que depende del alcohol para pasar las épocas difíciles, es alcohólica. La mujer alcohólica tiene una imagen muy pobre de sí misma y rara vez tiene ocasión de examinarse con claridad. Se considera una víctima y, generalmente, lo es de sí misma. "En los talleres de recuperación, suelo pedir a las mujeres que escriban 10 palabras positivas de sí mismas en 30 segundos y no pueden hacerlo", nos cuenta Jean. "Empecé a beber en la escuela secundaria cuando me sentía rechazada y al margen de todo; aunque, retrospectivamente, ahora comprendo que no me rechazaban, sólo era lo que yo sentía. Necesitaba un par de copas para sentirme una chica popular, con carisma y con una fuerza interior muy grande. En mi último grado de secundaria tuve un terrible accidente y esto impidió mi ingreso a la universidad. Empecé a beber en serio por mi frustración y a los 17 años ya era una alcohólica. Finalmente ingresé a la universidad, pero me expulsaron de varias de ellas por causa de la bebida. Se me hace increíble pensar que seguí así hasta bien entrados los 40 años. El sufrimiento que ocasioné a tanta gente y a mí misma fue enorme. Sólo había trabajado nueve años en total hasta que dejé de beber".
"Pasé un año entero en un hospital para enfermos mentales por la bebida; en total estuve tres veces hospitalizada. Todo el mundo al final me abandonó; dependía siempre de la botella y estaba sola hasta que un día caí tan bajo que dije no más y, gracias a Dios, empezó mi recuperación. Fue una gran liberación y pude apreciar lo que era la vida. Ingresé a Alcohólicos Anónimos, un programa maravilloso. ¡Con ellos hemos logrado tanto con todas las mujeres que tienen problemas serios de alcoholismo! Comenzamos a darnos cuenta que nuestro pensamiento llega a ser la realidad. No podemos conseguir algo real a menos que primero se conciba la idea; la idea y la imagen preceden a la acción".
"Mujeres por la Templanza promueve el desarrollo de una persona positiva. Empezamos por reconocer que tenemos un problema con la bebida. Aceptamos nuestra enfermedad y nuestra responsabilidad de hacernos cargo de ella. Elegimos entre beber o no beber. Demostramos que somos capaces de controlar nuestra vida. Aprendemos que los problemas nos limitan sólo en la medida que lo permitamos. El pasado ya no existe. Este es un concepto de particular importancia para las mujeres que hemos estado sometidas a muchísimas humillaciones".
Tome conciencia que el alcoholismo no respeta a nadie. Se sabe de casos horribles de mujeres que a causa de la bebida han abandonado a sus hijos y han llegado a maltratarlos, teniendo, a veces, que internarlos en un hospital.
Hay muchísimos casos ya de jovencitas en nuestros colegios que están padeciendo este problema. Empezaron a jugar con la bebida en las fiestas, pensando que esto no les produciría inconvenientes. Entre diez jóvenes, por lo menos dos a nivel genético hereditario traen la enfermedad. Con esa predisposición, fácilmente caen en alcoholismo.
El alcoholismo es, en parte, culpa de nuestros ambientes. En cualquier reunión familiar o social y en los ambientes estudiantiles, se brinda licor. Es este uno de los más graves problemas que tenemos en nuestra sociedad. El Señor nos quiere libre de toda atadura. No se olvide que con Dios podemos vencer todo y también el alcoholismo, porque ¡con ÉL somos INVENCIBLES!
El alcoholismo cuesta al comercio y a la industria norteamericana 65 millones de dólares al año en pérdida de producción, ausentismo laboral, daños a la propiedad, coste sanitario, gastos médicos, etc., de acuerdo con el Consejo Nacional sobre Alcoholismo Norteamericano.
Espantosamente aumenta la cifra de mujeres alcohólicas en todo el mundo y, por su influencia tan grande en el hogar, esto tiene consecuencias nefastas. Tomemos conciencia del enorme daño que se realiza en las familias. Es terrible el padre alcohólico; pero, quizás, lo es más una madre alcohólica.
Veamos con atención el siguiente testimonio:
Jean K. Patrick, fue una alcohólica, fundadora y directora ejecutiva de una asociación contra el licor llamada Asociación de Mujeres por la Templanza. Esta organización para la recuperación, ayuda a mujeres alcohólicas y está situada en Waherthon, Pennsylvania. Dice Jean: "Yo soy una mujer alcohólica, no tengo dominio sobre el alcohol; por eso dejé totalmente de beber. Creo que las causas del alcoholismo son exactamente las mismas en los hombres y en las mujeres. Bebemos, porque estamos preocupados, frustrados, coléricos, cansados, aburridos o, simplemente, porque queremos emborracharnos. Cada vez que recurrimos al licor fuera de una reunión social, es evidente que lo estamos usando como apoyo y ya es señal de dependencia".
Una alcohólica es una mujer que bebe en ocasiones inadecuadas para sentirse popular, superar las preocupaciones, la tristeza, el dolor o quizás las facturas pendientes. La mujer que depende del alcohol para pasar las épocas difíciles, es alcohólica. La mujer alcohólica tiene una imagen muy pobre de sí misma y rara vez tiene ocasión de examinarse con claridad. Se considera una víctima y, generalmente, lo es de sí misma. "En los talleres de recuperación, suelo pedir a las mujeres que escriban 10 palabras positivas de sí mismas en 30 segundos y no pueden hacerlo", nos cuenta Jean. "Empecé a beber en la escuela secundaria cuando me sentía rechazada y al margen de todo; aunque, retrospectivamente, ahora comprendo que no me rechazaban, sólo era lo que yo sentía. Necesitaba un par de copas para sentirme una chica popular, con carisma y con una fuerza interior muy grande. En mi último grado de secundaria tuve un terrible accidente y esto impidió mi ingreso a la universidad. Empecé a beber en serio por mi frustración y a los 17 años ya era una alcohólica. Finalmente ingresé a la universidad, pero me expulsaron de varias de ellas por causa de la bebida. Se me hace increíble pensar que seguí así hasta bien entrados los 40 años. El sufrimiento que ocasioné a tanta gente y a mí misma fue enorme. Sólo había trabajado nueve años en total hasta que dejé de beber".
"Pasé un año entero en un hospital para enfermos mentales por la bebida; en total estuve tres veces hospitalizada. Todo el mundo al final me abandonó; dependía siempre de la botella y estaba sola hasta que un día caí tan bajo que dije no más y, gracias a Dios, empezó mi recuperación. Fue una gran liberación y pude apreciar lo que era la vida. Ingresé a Alcohólicos Anónimos, un programa maravilloso. ¡Con ellos hemos logrado tanto con todas las mujeres que tienen problemas serios de alcoholismo! Comenzamos a darnos cuenta que nuestro pensamiento llega a ser la realidad. No podemos conseguir algo real a menos que primero se conciba la idea; la idea y la imagen preceden a la acción".
"Mujeres por la Templanza promueve el desarrollo de una persona positiva. Empezamos por reconocer que tenemos un problema con la bebida. Aceptamos nuestra enfermedad y nuestra responsabilidad de hacernos cargo de ella. Elegimos entre beber o no beber. Demostramos que somos capaces de controlar nuestra vida. Aprendemos que los problemas nos limitan sólo en la medida que lo permitamos. El pasado ya no existe. Este es un concepto de particular importancia para las mujeres que hemos estado sometidas a muchísimas humillaciones".
Tome conciencia que el alcoholismo no respeta a nadie. Se sabe de casos horribles de mujeres que a causa de la bebida han abandonado a sus hijos y han llegado a maltratarlos, teniendo, a veces, que internarlos en un hospital.
Hay muchísimos casos ya de jovencitas en nuestros colegios que están padeciendo este problema. Empezaron a jugar con la bebida en las fiestas, pensando que esto no les produciría inconvenientes. Entre diez jóvenes, por lo menos dos a nivel genético hereditario traen la enfermedad. Con esa predisposición, fácilmente caen en alcoholismo.
El alcoholismo es, en parte, culpa de nuestros ambientes. En cualquier reunión familiar o social y en los ambientes estudiantiles, se brinda licor. Es este uno de los más graves problemas que tenemos en nuestra sociedad. El Señor nos quiere libre de toda atadura. No se olvide que con Dios podemos vencer todo y también el alcoholismo, porque ¡con ÉL somos INVENCIBLES!