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El alevoso ataque a Nazaret


El domingo 15 de este mes, ocurrió en el territorio panameño de Darién una incursión, tan alevosa como inhumana, de fuerzas irregulares que intentaron convertir la localidad de Nazaret en un teatro ampliado del drama colombiano. El objetivo de los desalmados agresores no está claro, pero es evidente que en vez de preservar la vida y los bienes de la población civil, en su mayoría indígena, los atacantes hicieron de hombres, mujeres, niños y ancianos, y de sus moradas, blancos indiscriminados de su infame acción.
La reacción de repudio del pueblo y del gobierno panameños ha sido unánime. El gobierno panameño ha recibido expresiones laudatorias por su acción rápida, vigorosa y compasiva. Los miembros de la Fuerza Pública, que sin titubeos actuaron sobre el terreno y repelieron con éxito el ataque asesino, están hoy y para siempre en el registro histórico que la nación tiene reservado para los panameños y panameñas que han dado prueba de valentía y de honor patriótico. Su arrojo, su espíritu de sacrificio, su gallardía y su cuota de sangre han tenido el mérito de convocar un espíritu de unidad nacional, en torno a los valores permanentes de la nacionalidad, que deben seguir siendo guía de las acciones del gobierno de la presidenta Mireya Moscoso.
La identificación de los autores de la agresión es un paso previo para decidir cursos de acción adecuados, sobre todo, cuando se trata de situaciones cuya repetición se quiere evitar. Las investigaciones desplegadas para conocer la identidad, los móviles y las finalidades de los criminales intrusos, no dieron resultados inmediatos.
La incógnita ha sido descifrada por el general Fernando Tapias quien, según informes de la prensa internacional, aseguró en Manaos, durante la IV Conferencia de Defensa de las Américas, que el ataque a la población panameña de Nazaret fue una represalia de los paramilitares colombianos, que según es sabido, se conocen como "Autodefensas Unidas de Colombia". El general Tapias declaró en la capital del estado de Amazonas que "habíamos advertido hace varios años a Panamá sobre la presencia de las FARC en su territorio e incluso, les indicamos la localización de algunos campamentos guerrilleros". Curiosamente el general Tapias alude a una situación de hace varios años y no se ubica en el presente. Su sincronía, a todas luces, no es certera. Su declaración carece de una visión sincrónica de los acontecimientos.
Razón tiene el director de la Policía Panameña, Carlos Barés, al lamentar las declaraciones del jefe de las Fuerzas Militares Colombianas. Barés ha dejado en claro desconocer la advertencia hecha por los militares colombianos sobre la presencia de grupos de las FARC en territorio panameño. Sostuvo, además, que en algunas ocasiones el ejercito colombiano no hace efectiva sus labores de vigilancia en los pueblos fronterizos con Panamá. En la misma línea del jefe de la Fuerza Pública panameña se ha pronunciado el ministro de Defensa de Ecuador, Almirante Hugo Unda Aguirre, al expresar su preocupación por el hecho de que las guerrillas y los narcotraficantes puedan cruzar la frontera colombo-ecuatoriana en la región fronteriza de Sucumbíos. "No hay presencia del gobierno del lado colombiano, sólo guerrillas," -dijo en Manaos el Almirante Aguirre, confirmando así que lo que a dicho Barés, que ocurre en Panamá, también está ocurriendo en el Ecuador.
Hace algunas semanas me referí a la aseveración hecha por Thomas E. McNamara, ex Embajador de los Estados Unidos en Bogotá y actualmente presidente de la Sociedad de las Américas en Nueva York, en el sentido de que las Fuerzas Paramilitares Colombianas son fuerzas que se tornaron poderosas por la debilidad del gobierno, a la vez que sostiene que sin una estrategia respecto a los paramilitares, las FARC y el ELN, nunca transigirán por la paz ni el gobierno recuperará el control de las áreas rurales. Esta situación se agrava por la tesis que aducen algunas fuentes dentro y fuera de Colombia, en cuanto a que los paramilitares gozan de la simpatía y de la tolerancia del ejército colombiano y de que muchos colombianos de bien están financiando a los paramilitares, comprometiendo la legitimidad de la fuerza y la legitimidad del Estado.
El ataque de Nazaret ha puesto de relieve la movilización y el reforzamiento de las capacidades nacionales. Es un factor esencial en el tratamiento de los problemas de Darién. Lo es también para exigir al gobierno colombiano una acción más eficaz del ejército de ese país para prevenir actos lesivos cometidos por elementos provenientes de su territorio contra la población panameña. Lo es así mismo para estimular y lograr la cooperación internacional.
Es sabido que los países donantes en materia de cooperación para la preservación y la conservación de la biodiversidad, son particularmente sensibles a las dificultades que la presencia de guerrillas en la proximidad de Darién oponen a la ejecución de proyectos ya aprobados y para los cuales ya se han concretado desembolsos. Las preocupaciones que ha expresado y las precauciones que ha tomado el gobierno brasileño para evitar que el problema colombiano se acerque y afecte al Brasil, tiene entre sus fundamentos principales todo lo relativo a la preservación de la biodiversidad amazónica y a la cooperación internacional que el Brasil moviliza en este tema, con muy conocidos requisitos, controles y supervisiones nacionales. La realidad del problema colombiano, que sin duda es complejo y de peligros para Panamá, no debe avasallarnos, debe incentivarnos a mirar hacia adentro sin que nadie nos pueda calificar de egoístas, pero sin duda, que nadie pueda, tampoco, tratarnos como tontos, como cándidos o como ignorantes.
Pienso que cuando se pone énfasis en la incapacidad panameña de defender a Darién de las repercusiones del Plan Colombia sin la ayuda exterior, más que inspirarse en una visión realista de la complejidad de los problemas, se tiene una visión fatalista de nuestras propias capacidades. La voluntad de defendernos es una fuerza anímica. No queremos perder nuestro espíritu ni hipotecar nuestro futuro involucrándonos en el Plan Colombia, frente al cual todos los países latinoamericanos en la IV Conferencia Ministerial de las Defensas de las Américas mantuvieron su prudente distancia.

101 años de Panamá América

 
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