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El alma popular está de duelo


La panameñidad está de duelo. Queda, sin embargo, la raíz de su huella, el camino trazado con afán en el tiempo, que se lleva casi todo lo humano, pero que también sabe preservar las obras que nos enseñan días mejores y a ser nosotros mismos. Nada, nada más profundo que la nacionalidad, la esencia de ser, única e irrepetible, y por ello, respetada.
Recoger esa esencia en los rincones de la campiña y ponerlas al servicio de todos, fue el trabajo de Dora Pérez de Zárate, educadora por excelencia, escritora por convicción, folclorista por pasión y panameña raizal.
Dice el obituario que nos ha dejado en esta ciudad, que ha partido; yo no lo creo en verdad, porque una vida de servicios, profunda, serena, transparente, no es gota derramada, y la profesora de Zárate, con su esposo, Manuel, le pusieron alas al folclor panameño, lo rescataron y promovieron, como lo que es: el alma de un pueblo.
Dora Pérez de Zárate realizó una labor, como lo hizo la chilena Violeta Parra, de recobro de la cultura popular esparcida, disgregada, olvidada y con tesonera voluntad y un amor a toda prueba por su Panamá. Recorrió la campiña con alegría y espíritu investigativo, cuyos frutos se recogen hoy en las escuelas, universidades y centros culturales de todo el Istmo.
Producto de ese trabajo con su esposo Manuel, primero, y después, a nivel personal para otorgarle continuidad la labor que había emprendido con él, la profesora Dora Pérez de Zárate, publicó "La décima y la copla en Panamá"; "Nanas, rimas y juegos infantiles que se practican en Panamá (540 juegos para niños)" y "la Monografía de la Pollera Panameña, símbolo y orgullo nacional".
Se adentró también en el tema de los vestidos masculinos en el folclore panameño, en el cuento folclórico, el tamborito panameño y además escribió poesía, teatro, cuento y novela; junto a su esposo, obtuvo el Premio Ricardo Miró en 1952.
Vecina de todos en esta ciudad cosmopolita y sobre todo de la sencillez, la profesora Dora Pérez de Zárate, seguramente consideró que había cumplido con su deber. Le tocó vivir los días más agitados y luminosos del siglo XX republicano, desde casi su alborada en 1912, nacimiento y muerte del viejo orden. Fue una mujer de su tiempo, comprometida, y mantuvo una actividad envidiable, siempre al servicio de sus semejantes, de su patria, con ahínco, perseverancia, buscando nuevos caminos, abriendo incansables trochas, como si los días sólo tuvieran amaneceres.

101 años de Panamá América

 
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